2026: un entorno más exigente

Las perspectivas económicas para el 2026 apuntan a un escenario de crecimiento contenido y mayor exigencia de los desafíos. A escala global, la economía continuará expandiéndose, pero a ritmos moderados, en torno al 3%, aún lejos del dinamismo previo a la pandemia. La inflación se ha moderado, pero los riesgos geopolíticos, las tensiones comerciales persistentes y el elevado endeudamiento público limitan el margen de maniobra de muchas economías. La inversión en tecnología y, especialmente, en inteligencia artificial (IA), emerge como un motor potencial de crecimiento futuro. La aceleración de la adopción de IA podría traducirse en un incremento notable de la productividad y en una transformación de sectores enteros.

El panorama europeo es el que continúa despertando más dudas a pesar del cierto repunte de sus economías y del buen comportamiento de sus mercados de capitales en el año que acaba de terminar. La eurozona podría crecer en el 2026 alrededor del 1,2%–1,4%, lastrada por una inversión débil, problemas de competitividad industrial y tecnológica, una productividad con falta de suficiente impulso y una transición energética aún incompleta. Aunque los tipos de interés se encuentran en un cómodo 2%, el entorno financiero seguirá siendo más restrictivo que en la década anterior, lo que podría condicionar consumo e inversión. La recuperación europea será, previsiblemente, lenta y desigual entre países.

Europa

El panorama europeo es el que continúa despertando más dudas a pesar del cierto repunte de sus economías

En este contexto, España mantendría un crecimiento superior a la media europea en el 2026, con tasas algo superiores al 2% apoyadas en la demanda interna, el empleo (e inmigración) y los coletazos de la ejecución de los fondos europeos. Sin embargo, este diferencial favorable no debe ocultar debilidades estructurales persistentes. El crecimiento español sigue apoyándose más que otros países del entorno en sectores intensivos en mano de obra con un avance limitado de la productividad. En todo caso, los datos más recientes apuntan a que algo parece moverse en sentido positivo en nuestra productividad. En este contexto, sin mejoras sostenidas en capital humano, tamaño empresarial e innovación que favorezcan el aumento de la productividad, el crecimiento potencial tenderá a moderarse. La inteligencia artificial ofrece oportunidades relevantes para mejorar la eficiencia y transformar procesos productivos, pero su impacto dependerá de la velocidad de adopción por parte de las empresas, especialmente las pymes, y de políticas que faciliten formación y adaptación laboral.

Por último, el horizonte financiero es más estable que en años anteriores, pero no está exento de riesgos. La reducción de los tipos de interés en el 2024 y el 2025 alivia la carga financiera, aunque el elevado nivel de deuda pública limita la capacidad de respuesta ante futuros shocks. La disciplina fiscal y la calidad del gasto serán claves para sostener la confianza de los mercados.

También te puede interesar