La política de Sánchez y el escudo de la economía

P edro Sánchez, pese a la ruptura de Junts, continua con la llave en sus manos, especialmente la que da acceso al cofre del tesoro que es una economía en alto crecimiento. Los más críticos con el Gobierno han destacado que el anuncio del partido de Carles Puigdemont acentúa sus problemas de estabilidad política y hace aún más difícil la supervivencia de la legislatura. Los socialistas, por su parte, replican que las cosas están más o menos igual que antes, tal vez un poco más complicadas, pero que conducirán la legislatura hasta el final, en el verano del 2027, aplicando dosis más altas de paciencia y negociación.

La posición de los independentistas sucesores de los convergentes tiene la virtud de que permite a todos los implicados sostener su discurso con más o menos razones. Los que quieren derribar a Sánchez, el PP de Alberto Núñez Feijóo o el Vox de Santiago Abascal, pueden aducir que cuenta con menos apoyos parlamentarios y que, por tanto, es aún más “ilegítimo” y debe convocar nuevas elecciones.

Sánchez ha venido a decir que nada cambia, pues desde el primer día ha tenido que sudar la camiseta para conseguir el apoyo parlamentario de Junts. Con suerte variada. En algunas ocasiones a favor; en otras, como los presupuestos del Estado, en contra. Con un desgaste visible ante la opinión pública y un enorme cansancio en los equipos gubernamentales encargados de asumir esas negociaciones, siempre duras, desagradables y en muchas ocasiones fallidas.

A los de Junts, el doble anuncio, pues por si había dudas tras decirlo Puigdemont en Perpinyà sus diputados en el Congreso repitieron la obra, en este caso con el listado de leyes que estaban pendientes y a las que no pensaban dar su apoyo, les ha permitido hacer mucho ruido y dejar claro que no quieren saber nada de Sánchez.

Varios paneles y monitores muestran en el parqué madrileño la evolución este lunes de la Bolsa española que borra las pérdidas iniciales y una hora después de la apertura sube un leve 0,15 %, después de que el mercado haya reaccionado de forma contenida al ataque de Estados Unidos contra Irán de este fin de semana. el IBEX 35, el principal selectivo español, suma ese 0,15 %, hasta los 13.870,3 puntos. Las ganancias anuales alcanzan el 19,63 %. EFE/ Vega Alonso

Los récords de la bolsa no se traducen siempre en mejoras para los ciudadanos

Vega Alonso / EFE

Y de eso se trataba, en esencia, para ellos. Su proclama ya no tiene marcha atrás, ya que tal cosa les pasaría una factura descomunal y transmite que consideran las relaciones con Sánchez radiactivas en términos de las consecuencias sobre sus relaciones con los electores.

Pero han escenificado esa nueva vuelta de tuerca de la presión política de tal modo que el futuro de la legislatura sigue en manos de Sánchez, pues no pueden romper con el Gobierno para pasarse al otro lado, es decir, sumarse a una moción de censura de PP y Vox. Si el primero incumple, a su juicio, compromisos, los segundos van en dirección contraria. Votar con ellos la censura sería más suicida que seguir de la mano con Sánchez.

También pone de manifiesto de alguna manera que Puigdemont ha llegado al convencimiento de que son casi inexistentes las posibilidades de que se le apliquen los beneficios de la amnistía: siempre habrá alguna argucia judicial que lo mantenga en el limbo de Waterloo.

La llave del tesoro sigue en manos de Sánchez tras el movimiento de ruptura de Junts

Claro que este movimiento de ruptura priva a Junts del que ha sido los dos últimos años su principal activo y lo ha situado en el centro de la actividad política: el papel clave de sus siete diputados en el Congreso. Especialmente en el ámbito económico, única fuente de potencia de fuego de su actividad institucional. Le puede pasar ahora algo similar a cuando la formación independentista decidió abandonar el Govern de Pere Aragonès en octubre del 2022.

La pregunta ahora es si Sánchez puede efectivamente resistir en la Moncloa los casi dos años que quedan hasta los próximos comicios si no hay adelanto. El pasado viernes, él mismo desde Brasil reiteró que no se planteaba convocarlos y que estos tendrían lugar en el 2027. También explicó cuál era su principal argumento para seguir: la fortaleza de la economía, un crecimiento muy por encima del resto de socios de la UE y que cuenta con el reconocimiento de todos los organismos internacionales rele­vantes.

Tras ese escudo, vino a decir el presidente, la imposibilidad de aprobar los presupuestos no es suficiente argumento para generar turbulencias políticas, como unas elecciones, en un momento económico como no ha vivido España en los últimos 45 años, según su entusiasta análisis.

En verdad, los datos son buenos, pero la coyuntura política no facilita que sean interpretados con prudencia, cautela, y el enfoque crítico que siempre requiere la responsabilidad de gobierno.

Siempre sin olvidar que los datos agregados, macroeconómicos, poco tienen que ver con la prosaica realidad material de los ciudadanos, especialmente de los más humildes. Las grandes empresas, el Ibex y la gran banca efectivamente están viviendo un momento espléndido, con beneficios crecientes y proyectos de ampliación de actividad que solo esperan una actitud más complaciente del Gobierno para avanzar.

Pero dejarse llevar por la euforia puede enfurecer a quien lo sigue pasando mal y no llega a final de mes; una situación bastante común y con tendencia al crecimiento. Si el Gobierno se empecina en que todo es de color de rosa, acabará alimentando la fábrica de populismo que acecha a toda Europa.

No por repetir esos datos con un tono de voz más alto o enfático desaparecen los problemas que afectan a los ciudadanos. Desde la vivienda a la degradación de servicios básicos como la sanidad, por ejemplo. Y si la obstrucción parlamentaria persiste, los efectos serán especialmente notables en esas áreas.

La economía va bien, pero hay que atender los problemas básicos para no alimentar el populismo

En el caso de Catalunya, sin ir más lejos, hay buenos ejemplos. Si las mejoras en la financiación de la Generalitat, tan necesarias para atender las demandas sociales y tan largo tiempo demoradas, no se materializan, –algo que desde el primer momento no era una mera especulación a la vista de los obstáculos que acumulaba en el resto de España, más aún ahora que se le suma el giro de Junts– se cebará el sentimiento de frustración y la reacción populista extrema.

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