
El cierre de gobierno más largo en la historia de Estados Unidos terminará, según lo previsto, este miércoles, cuando la Cámara de Representantes apruebe el acuerdo alcanzado en el Senado y envíe el proyecto de ley a la mesa de Donald Trump, que ya ha dicho que no pondrá ningún impedimento y lo firmará de inmediato. Supondrá un alivio para los más de 650.000 funcionarios que han dejado de recibir su sueldo en las últimas seis semanas, incluidos los controladores aéreos, así como para los 42 millones de personas dependientes de los cupones públicos de alimentos. Pero dejará una víctima por el camino: la unidad del bloque demócrata en el legislativo.
Tras la aprobación definitiva, este lunes, del proyecto de ley en el Senado, miembros del Partido Demócrata en las dos cámaras legislativas, de las distintas facciones del partido, han expresado duros reproches contra los ocho senadores que se alinearon con los republicanos para reabrir el grifo de la Administración. Su principal queja es que capitularon en la que había sido desde el comienzo la principal línea roja del partido: la extensión de los subsidios de la ley de Atención Médica Asequible (Obamacare), que expirarán cuando termine el año, provocando un fuerte aumento en las primas de los seguros médicos de millones de estadounidenses.
En su lugar, los republicanos han prometido una votación por separado al respecto, lo que no da ninguna garantía a los demócratas ni a los millones de ciudadanos dependientes de los subsidios. Ni está claro que se va a celebrar esa votación próximamente, ni mucho menos que vaya a ser aprobada en un legislativo controlado, en ambas cámaras, por mayorías republicanas opuestas al Obamacare.
“Un acuerdo que no reduzca los costos de la atención médica es una traición a los millones de estadounidenses que confían en los demócratas para que luchen por ellos. Aceptar nada más que una promesa mínima por parte de los republicanos no es un compromiso: es una rendición”, dijo el representante Greg Casar, de Texas, presidente del Caucus Progresista del Congreso.
La batalla política interna trasciende el propio debate sobre el cierre de gobierno. Es un indicador más de las profundas divisiones demócratas sobre cuál debe ser su estrategia para contrarrestar la agenda del presidente Trump. Aceptando el plan de los republicanos, que no han hecho ninguna concesión significativa en los 42 días que lleva el Gobierno sin financiación, han entregado una de las pocas herramientas de oposición que tenían en sus manos.
Ro Khana, congresista demócrata por California
“El senador Chuck Schumer ya no es eficaz y debería ser reemplazado”
Por este motivo, muchos culpan directamente al líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer. Aunque votó en contra del proyecto de ley, no fue capaz de mantener unido a su partido en una cuestión tan importante. “El senador Schumer ya no es eficaz y debería ser reemplazado. Si no puedes liderar la lucha para evitar que las primas de salud se disparen para los estadounidenses, ¿por qué lucharás entonces?”, dijo el representante Ro Khanna, argumentando que Schumer no ha estado a la altura del momento.
Los ocho senadores de sus filas que votaron a favor de reabrir el gobierno (siete demócratas y un independiente alineado con la izquierda) defendieron su decisión como una medida pragmática, que servirá para aliviar la incertidumbre de los funcionarios y los estadounidenses dependientes de ayudas y servicios públicos.
El senador Richard Durbin, segundo demócrata del Senado, fue el único cargo de liderazgo del partido que se alineó con los republicanos. Reconoció que “muchos de mis amigos están descontentos”, pues “piensan que deberíamos haber mantenido el gobierno cerrado indefinidamente para protestar contra las políticas de la administración Trump”. Sin embargo, añadió que afirmó que no podía “aceptar una estrategia que libre una batalla política a costa del sueldo de mi vecino o de la comida de sus hijos”.
