Este jueves en el Congreso la legislatura, hasta ese día reptando de forma agónica, vivió una jornada de resurrección. En parte por lo que ocurrió en el hemiciclo, dos votaciones importantes a favor del gobierno de Pedro Sánchez y de la mayoría parlamentaria que hasta ahora le ha apoyado; en parte por una nueva llegada desde Luxemburgo, el pequeño estado de la UE en el que tienen su sede el Tribunal de Justicia de la UE y su abogado general. En conjunto, un respiro para el gobierno y un doble contratiempo político para el PP de Alberto Núñez Feijóo.
La coincidencia de ambos hechos no estuvo planificada. Junts era el factor clave en las votaciones en el Congreso sobre la prórroga de la vida de las centrales nucleares – a favor PP y Vox, en contra el resto- y la congelación de las tarifas de Aena, que habría generado problemas para la inversión en la ampliación de varios aeropuertos españoles, especialmente el de Barcelona. El partido presidido por Carles Puigdemont ya había aprobado en su comisión permanente de la mañana del lunes previo el sentido de su voto, aunque lo había mantenido secreto para alargar las expectativas en torno a su decisión final.
Agarrándose a eso desde la formación independentista subrayan estos días que se trató de una “coincidencia, no de una correlación”. Pero en la política, las coincidencias suelen cambiar percepciones, primero, para acabar creando, poco después, nuevas realidades y dinámicas imprevistas.
El voto sobre las tasas aplicadas a las aerolíneas que operan en los aeropuertos españoles ha aflorado alguna contradicción en la posición de los independentistas, pues no habían respaldado la enmienda del PP en el Congreso para congelarlas, se abstuvieron en el Senado y volvieron a votar en contra a su vuelta a la cámara baja. Justificada por la intención de subrayar la realidad de su confusa ruptura con el gobierno, anunciada con bombo y platillos en dos solemnes ocasiones. En el caso de las nucleares, siempre han mantenido la misma postura, la abstención, apoyada sobre las especificidades de las nucleares que operan en Catalunya.
La legislatura ha cobrado nueva vida a causa de los últimos acontecimientos
Tal vez para aminorar el impacto de lo sucedido el jueves, sobre las siempre frustradas expectativas de la derecha de acercar un adelanto electoral, la abstención de Junts en la prórroga de las nucleares se ha querido leer en los pasillos del poder madrileño como un giro en su política de aproximación y entente con el mundo económico.
La legislatura se adentra en una ventana con un cuatrimestre especialmente interesante
Especialmente hacia las empresas energéticas, a las que ya en enero pasado dio un apoyo decisivo para evitar el impuesto especial que plantearon el gobierno y la mayoría de sus aliados. Reacción de crítica exacerbada desde la derecha española que posiblemente pretenda ocultar la profundidad de la herida causada por la no consumada ruptura, sea cual sea el motivo, con Sánchez.
Los independentistas replican que el debate sobre la prórroga de las nucleares aún no ha terminado y que las empresas afectadas conocen su posición y no hay ningún alejamiento. Se mantiene la interlocución y la sintonía, subrayan ambas partes.
Especial trascendencia para el futuro tiene el anuncio del abogado general del Tribunal de la UE dando un espaldarazo a la amnistía aprobada por el Congreso y negada por el Tribunal Supremo. La imposibilidad de aplicar esa norma era una de las quejas más relevantes de Junts hacia Sánchez. Entre los dirigentes independentistas se había extendido la idea de que el retorno de Puigdemont era prácticamente imposible y que los tribunales españoles siempre buscarían subterfugios para no aplicar la ley. Y que los socialistas no han hecho todo lo posible para superar ese obstáculo, hechizados tal vez por la idea de que el poder del gobierno puede más de lo que en verdad puede.
No es que hayan pasado a descartar este escenario de obstrucción de la magistratura- “hemos de ser aún muy prudentes”, afirma uno de sus dirigentes– pero reconocen que hay un “punto de inflexión”. Se trata de una ventana de aproximadamente un cuatrimestre, hasta finales de marzo, cuando ya se habrán pronunciado el Tribunal de la UE y el Tribunal Constitucional español, en la que pueden producirse movimientos inesperados, pero nunca en el sentido de desestabilizar al gobierno antes de que la amnistía esté plenamente vigente y los dirigentes independentistas hayan podido retornar libremente.
En los próximos días y por encima de la retórica hiperbólica habrá que auscultar las palpitaciones políticas de fondo para ver el margen y el recorrido que le resta a la legislatura.
La coincidencia no se planificó, Junts ya había aprobado el lunes el sentido de su voto
Especialmente en el ámbito económico. Territorio en el que durante los dos últimos años se han plasmado alianzas diferentes y alternativas a las que configuran la mayoría parlamentaria sobre la que se asienta el gobierno de coalición PSOE-Sumar. Las grandes fuerzas económicas y empresariales ven esta coyuntura como una oportunidad para profundizar en su agenda y aprovechar las ventajas circunstanciales que les ofrece la diabólica matemática parlamentaria vigente. En suma, una dinámica legislativa probablemente mucho más intensa que la que ha quedado atrás, tras ese ecuador que ha supuesto este último jueves de resurrección.
Luego, una vez retornado Puigdemont, todo volverá a ser impredecible. Junts se habrá cobrado su pieza principal y el camino hacia su normalización política quedará bastante expedito. Atenderá mucho más que hasta ahora las prospectivas demoscópicas. Su convergencia de intereses con los socialistas tendrá un carácter aún más táctico que hasta ahora.
