En Italia todo es volátil, salvo él. En los últimos 11 años ha cambiado absolutamente todo: primeros ministros, seleccionadores nacionales, secretarios de partido, incluso el Papa ya no es el mismo. Nadie ha resistido al flujo arrollador. Solo uno ha permanecido en su sitio: el consejero delegado de Eni. Hoy, como entonces, al frente de la empresa energética del Estado está Claudio Descalzi, un austero ingeniero milanés, con un largo y decisivo pasado en África, perfil público bajo y un control absoluto sobre su compañía. Su vida no ha sido banal: en los años noventa, mientras ardía la guerra civil en la República del Congo, el entonces directivo de 41 años dormía debajo de la cama junto a sus hijas para evitar ser alcanzado por disparos durante la noche. “Mi mujer estaba embarazada —contó en una rara entrevista al Financial Times- por suerte consiguió salir del país. Yo me quedé atrapado con mis dos niñas”, recuerda. Pasaron dos años hasta que volvió a ver Italia.
Claudio Descalzi
Descalzi, 70 años, nombrado consejero delegado en mayo del 2014, elegido por Matteo Renzi, se ha mantenido en el cargo con gobiernos de todos los colores, incluidos aquellos de corte más populista encabezados por el Movimiento 5 Estrellas, y hoy mantiene una excelente sintonía con Giorgia Meloni. Ha sobrevivido además a investigaciones judiciales probablemente poco sólidas. No cae simpático a todos, pero es ya poderosísimo. “Es bueno”, confirman prácticamente todos, con la conciencia de que en Italia no es el único criterio de selección. “Es afortunado”, añaden otros. “No es que no hayamos pensado en poner a otra persona —relata un político de centroderecha implicado en las negociaciones—, pero al final nadie se atreve a quitar a Descalzi de ahí, con todo lo que mueve. Incluso los Cinco Estrellas se han rendido”. También porque el propio ingeniero ha procurado no rodearse de figuras que puedan hacerle sombra.
Ingeniero de perfil bajo, ha convertido a Eni en un actor clave de la política exterior italiana
El consejero delegado, por lo demás, logra resultados indiscutibles y sabe por dónde sopla el viento. Cuando la política le pedía apostar por la transición ecológica, creó Plenitude, la filial de Eni dedicada a las energías renovables, la venta de luz y gas y la movilidad eléctrica, y reforzó mucho la imagen “green” de la compañía. Ahora el viento ha cambiado, el verde ya no está de moda y Descalzi se ha adaptado encantado, siendo en el fondo un conservador (“odio lo políticamente correcto”, ha confesado recientemente), sin renegar del camino emprendido en renovables y descarbonización. Al fin y al cabo, los beneficios procedentes del negocio petrolero y gasista de Eni siguen siendo más de diez veces superiores a los de las energías renovables. Y sin embargo, admite que la transición ha sido utilísima, también para empezar a desligar el futuro de Eni de la volatilidad del precio del petróleo.
El principal factor de su fuerza actual, según quienes estudian sus movimientos, es el cambio repentino en materia energética que Italia tuvo que acometer tras la invasión rusa de Ucrania. Al no poder seguir comprando gas y petróleo a Moscú, Eni se convirtió en el motor estratégico para buscar nuevas fuentes de abastecimiento. Así, más que nunca, la primera ministra Giorgia Meloni, en sus viajes —sobre todo en África—, iba acompañada por Descalzi. La escena se ha repetido en muchos lugares, Libia, Argelia, Emiratos Árabes. Meloni cumple la parte política y mediática de la cumbre, mientras entre bastidores el consejero delegado de Eni firma contratos. Otro elemento decisivo: con la gestión de Descalzi, Eni ha entrado con fuerza en el Golfo Pérsico. No es exagerado decir que la verdadera política exterior, al menos en algunos países, la hace Eni. “Claudio nos ha resuelto muchos problemas, con su red de relaciones”, admiten fuentes diplomáticas.
La relación con la derecha es buena. Una fuente del Gobierno lo resume así: “Él sabe lo que queremos: apoyo en la acción diplomática, garantía de suministro energético, tranquilidad y buenas relaciones sindicales en las plantas italianas. Todo eso nos lo está asegurando ampliamente”. A la espera de otra temporada a la que también consiga sobrevivir.
