Insultos, amenazas y humillaciones machistas: así trata Trump a los periodistas de la Casa Blanca

Si el respeto por el periodismo libre es un rasgo esencial en una democracia, los insultos, amenazas, descalificaciones y humillaciones públicas de Donald Trump hacia los periodistas de la Casa Blanca son un síntoma más de su deriva autoritaria. El presidente ha tratado durante toda su vida política a los medios de comunicación como el “enemigo del pueblo”, y ha capitalizado este discurso inflamatorio hacia una institución en la que, según la última encuesta del centro Gallup, tan solo confía el 28% de los estadounidenses. Pero, en este segundo mandato, está llevando su desprecio hacia los profesionales a un nuevo nivel.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, responde a la prensa durante su reunión con el príncipe de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman, este martes en la Casa Blanca.

BRENDAN SMIALOWSKI / AFP

En la última semana, se han producido dos episodios que han llamado especialmente la atención por su machismo. “Silencio, cerdita”, le dijo el viernes pasado a Catherine Lucey, corresponsal de la Casa Blanca para Bloomberg, cuando insistió en su pregunta sobre la publicación de los documentos del caso de su antiguo amigo, el pederasta Jeffrey Epstein. Un hecho que la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, minimizó este jueves al asegurar que demuestra que el mandatario es “honesto” y “transparente” con los medios de comunicación.

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“No tienes que avergonzar a nuestro invitado haciendo una pregunta así”, riñó este martes, con tono paternalista, a la periodista Mary Bruce, de ABC News, que había preguntado por el papel del príncipe saudí, Mohammed bin Salman, en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi el 2018 en Estambul, algo probado por los propios servicios de inteligencia de Trump durante su primer mandato.

“Eres una terrible periodista”, añadió, “por eso ya no tenéis audiencia”. Y amenazó: “Creo que se debería retirar la licencia a ABC porque sus noticias son falsas y equivocadas. Tenemos un gran comisionado, que debería echar un vistazo a eso”, dijo, en referencia a Brendan Carr, el presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), también conocido como el censor de Trump, cuya acción ya propició en septiembre la cancelación temporal del late night de Jimmy Kimmel.

“Baja la voz”, “sé amable”, “no me gusta tu actitud” o “deberías volver a estudiar periodismo”, son algunas de las expresiones condescendientes que el presidente repite en cada encuentro con la prensa, particularmente cuando su interlocutora es una mujer. En ocasiones, simplemente lanza un piropo a la periodista y se olvida de responder. Cuando no le gusta la pregunta, suele contestar: “¿De qué medio eres?”, y, tras escuchar el nombre, sentencia que es una “fake news (noticia falsa)”, con lo que se evita responder, a la vez que exalta a sus seguidores.

Las faltas de respeto se multiplican cuando la periodista es, además, extranjera. “No he entendido ni una palabra de lo que has dicho”, le dijo hace un mes a la periodista francesa Sonia Dridi, que había formulado su pregunta en un perfecto inglés. “Tienes un acento muy bonito, pero no entiendo nada”. En los mismos términos ha respondido en repetidas ocasiones ante las preguntas de corresponsales árabes e indios.

Trump ha demandado este año a Associated Press, la BBC, The New York Times, The Wall Street Journal, ABC News y la CBS

Durante un mitin en Pensilvania, en la pasada campaña electoral, el republicano dijo que no le “importaría” que alguien “disparara a los falsos medios de comunicación”. Ya en el poder, ha demostrado su desprecio hacia la libertad de prensa. Una de sus primeras acciones fue tomar el control del pool de la Casa Blanca, el reducido grupo de periodistas que pueden acceder al presidente en espacios como el despacho oval o el avión Air Force One.

La decisión sobre qué medios pueden formar parte del mismo la había tomado hasta la fecha la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca; ahora depende de la secretaria de prensa, Karoline Leavitt. Aunque sus miembros son rotativos, las principales agencias de noticias, como Reuters, Bloomberg o Associated Press tenían un puesto fijo. Este último no solo ha dejado de tenerlo, sino que fue expulsado por negarse a llamar al golfo de México como “golfo de América”, el nombre que ha dado Trump, mediante orden ejecutiva, al volumen de agua que se encuentra entre México y EE.UU.

Otro de los recursos que utiliza el presidente para censurar a los medios, o buscar su autocensura, es el uso de demandas legales. La BBC se ha convertido en la última organización en recibir una amenaza legal por un documental que emitió el año pasado. Trump pide 1.000 millones de dólares por la edición que hizo del discurso que pronunció el 6 de enero del 2021, cuando alentó a sus seguidores a marchar hacia el Capitolio. La denuncia provocó las disculpas de la BBC y la renuncia del director general, Tim Davie, y la directora de informativos, Deborah Turness.

No es la única demanda pendiente: el presidente también pide 475 millones a la CNN por haberse referido a sus teorías no probadas sobre el fraude electoral en el 2020 como su “gran mentira”; otros 10.000 millones a The Wall Street Journal por un artículo en el que desvelaba que el presidente escribió en el 2003 una carta de cumpleaños a Epstein con contenido sexual sugerente, algo que ha quedado demostrado en los documentos publicados por el Congreso; y 15.000 millones a The New York Times por, según su denuncia, haber intentado dañar su reputación como empresario de éxito y estrella televisiva.

Los tres medios están decididos a pelear en los tribunales, a diferencia de otros medios, como ABC News o la CBS, que alcanzaron este año acuerdos extrajudiciales en casos que, aunque podrían haber ganado, decidieron ahorrarse los costes de una batalla legal, así como el enfrentamiento con Trump. ABC News pagó 15 millones para resolver la demanda porque su presentador había dicho en una entrevista que Trump fue declarado como “responsable de violación”, cuando en realidad está condenado por abuso sexual y difamación; y el presidente llegó a otro acuerdo de 16 millones con la CBS porque editó una respuesta de Kamala Harris en su entrevista con el programa 60 minutes, acortando una declaración más larga sobre el primer ministro israelí Beniamin Netanyahu.

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