Marjorie Taylor Greene, fiel y leal MAGA, deja el Congreso en desacuerdo con Trump

El mundo MAGA vive en el desconcierto absoluto. Donald Trump se abraza al enemigo, Zohran Mamdani, en tanto que una de sus más fieles y leales seguidoras, Marjorie Taylor Greene, se marcha por el desprecio del presidente, que no soporta que tenga ideas propias en el caso del pervertido sexual Jeffrey Epstein, examigo de Trump.

Si se hace un montaje en paralelo, la imagen resultante es del todo inexplicable en condiciones normales. Pero en la época de Trump, la normalidad es un fenómeno paranormal.

Los republicanos se quedaron atónitos por la cordialidad con la que Trump recibió en la Casa Blanca a Mamdani, el alcalde electo de Nueva York, el “comunista” y “lunático” que iba a destruir la mayor ciudad del país si ganaba la vara de mando. Sin ­embargo, surgió la chispa de la mutua admiración –los fans de Mamdani no salían de su asombro– hasta el punto que The Washington Post publicó ayer un editorial en la que dice que “dos socialistas” se encontraron en la Casa Blanca.

Solo un par de horas después, Greene, o MTG en este país de iniciales, anunció que a primeros de enero dejará su escaño en el Congreso. Tira la toalla decepcionada por el líder en el que creía como si fuera un mesías. Le llamó “traidora” por exigir los papeles en el asunto Epstein, una reclamación que ha sido
un caballo de batalla del MAGA.

Precisamente el caso Epstein había creado fisuras entre los republicanos y parecía que Trump perdía poder entre ellos. La rendición de Greene transmite la impresión de que Trump mantiene el puño de acero y lo aplica a gente que había sido de su grupo íntimo ante el mínimo atisbo de llevarle la contraria. La amistad se acaba cuando el presidente piensa que alguien no se arrodilla lo suficiente ante su poder.

Greene dice que deja el Congreso porque Trump la ha abandonado, como a los ciudadanos comunes

Sin embargo, la marcha de Tay­lor Greene es más que una muesca política. El desafiante mensaje difundido la noche del viernes por la republicana en un vídeo de 11 minutos, que pronto se hizo viral, contrasta con los parabienes de Trump a Mamdani y puso al descubierto las fisuras en el movimiento del pre­sidente. No solo es Epstein. Es también la cuestión de dar visados a trabajadores extranjeros, el encarecimiento de la factura del supermercado por los aranceles, la implicación en la guerra de Ucrania, el apoyo desmedido a Israel en el conflicto de Gaza o los ataques a narcolanchas.

“Muchos estadounidenses ­comunes han sido dejados de ­lado y reemplazados”, dijo en ese vídeo en el que se describió como una auténtica MAGA también “dejada de lado”.

Entre los republicanos, y más después de ver el show del pre­sidente y el alcalde electo, cunde el temor por la campaña de las elecciones de medio mandato del 2026, en las que deben de­fender sus escaños. ¿Cómo atacar las ideas del comunista si en el despacho oval se le ensalza ­como un gran alcalde? Greene, con su movimiento, se ofrece ­como ariete para capitalizar ese malestar.

Trump volvió ayer a llamarla “traidora”. A preguntas de los periodistas sobre si la perdona, explicó: “¿Por qué? Solo estoy en desacuerdo con su filosofía, pero es buena persona”.

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