La debilidad de Xiomara Castro, la presidenta de la restauración democrática de Honduras

De mujer a mujer, de presidenta a candidata favorita. Honduras decide este domingo en las urnas si el proyecto de transición democrática que impulsó la socialista Xiomara Castro en el 2021 merece continuidad a través de su exministra Rixi Moncada o, por el contrario, si vuelve al bipartidismo tradicional del país centroamericano.

Xiomara Castro, líder del partido Libre, ganó las elecciones de 2021 con mayoría absoluta pese a que le bastaba con la simple gracias a un sistema electoral a una sola vuelta. Castro, que tenía entonces 62 años, representaba la esperanza de reinstauración de la democracia plena y de un proyecto social de izquierdas que prometía políticas de desarrollo humano, transformación productiva con equidad y freno a la lacra de la violencia de las bandas criminales.

Las urnas decidirán si el proyecto izquierdista de Castro continúa a través de la exministra Rixi Moncada

Castro, veterana política y esposa de Manuel Zelaya, presidente entre 2006 y 2009 derrocado por un golpe de Estado, fue la primera mujer en acceder a la jefatura del Estado porque logró construir una amplia plataforma electoral. Además, logró romper  el bipartidismo del derechista PNH (Partido Nacional de Honduras) y el PLH (Partido Liberal de Honduras) de centroderecha, que se habían alternado en el poder durante más de un siglo. Su marido y ella representaban el ala más izquierdista del partido Liberal.

Honduras salía de una dictadura de 12 años dirigida por Juan Orlando Hernández, con una corrupción galopante, fuertes vínculos del Estado con el narco­tráfico, una situación económica rayana en la bancarrota y una ta­sa de pobreza del 74% de la po­blación.

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Xiomara Castro, a la izquierda, fue recibida este martes por su homóloga mexicana, Claudia Sheinbaum. 

YURI CORTEZ / AFP

Una de las primeras medidas que tomó Castro fue decretar una amnistía para liberar a los presos políticos y autorizar la extradición a Estados Unidos de Juan Orlando Hernández, donde ya ha sido condenado a 45 años de cárcel por narcotráfico.

Durante su mandato, la líder de Libre ha logrado cierto crecimiento económico y control de la inflación. Sus éxitos más grandes han sido una disminución de 13,5 puntos de la pobreza y, sobre todo, la reducción de la violencia. La tasa de homicidios es la más baja en treinta años, según datos de lo organización independiente Acled (por las siglas en inglés de Datos de Hechos y Localizaciones de Conflictos Armados), y se ha rebajado más de la mitad en grandes ciudades, como San Pedro Sula y la capital Tegucigalpa.

Para combatir la violencia, Castro ha renunciado a sus promesas electorales y ha vuelto a militarizar la lucha contra el crimen y la gestión de las prisiones, ha impuesto el estado de excepción y ha permitido detenciones masivas, de alrededor 5.000 personas. Los actos violentos, sin embargo, han crecido en el entorno rural, acuciados por disputas por tierras y el aumento de la producción de coca en el país.

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Castro, la primera mujer en dirigir el país centroamericano, fue la esperanza de Honduras tras doce años de dictadura, pero renunció a promesas electorales para controlar el crimen organizado

El gobierno de Xiomara Castro se ha visto sacudido también por las acusaciones de nepotismo -sus familiares más directos ocupan cargos en la administración-, y las dudas sobre las garantías en el proceso electoral. Dos casos han sido especialmente relevantes en los últimos meses: la revelación de que su cuñado se había reunido con narcotraficantes y el anuncio posterior de que se cancelaba el tratado de extradición con Estados Unidos, y el exilio voluntario de Gabriela Castellanos, directora de la entidad privada Consejo Nacional Anticorrupción (CNA), que aseguró haber recibido amenazas para abandonar Honduras.

El estado de excepción parcial rige desde diciembre del 2022 en 226 de los 298 municipios del país. Honduras acude a las urnas con esta importante restricción, casos recurrentes de violencia política en las zonas rurales y acusaciones de fraude electoral.

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Una protesta se desarrolló este martes pasado en Tegucigalpa para denunciar la violencia contra la mujer

Gustavo Amador / EFE

La candidata oficialista, Rixi Moncada, denuncia que los opositores han hackeado el sistema de transmisión de resultados electorales preliminares.. Pero organizaciones independientes como Human Rights Watch han advertido que “las denuncias de posible fraude, las actuaciones agresivas de la Fiscalía y de las Fuerzas Armadas y la parálisis dentro del Consejo Nacional Electoral (CNE) ponen en riesgo el derecho de los hondureños a participar en elecciones libres y justas”.

 Organizaciones independientes como Human Rights Watch han advertido del riesgo de que las elecciones no sean libres y justas. La Organización de Estados Americanos (OEA) monitorizará atentamente el proceso.

La candidata oficialista Rixi Mendoza es favorita en las encuestas con cerca de un 27%, pero sus rivales, el nacional Nasry Asfura, y el liberal Salvador Nasralla, que fue vicepresidente el primer año con Castro, superan el 20% de intencion de voto. Nada está claro en unas elecciones en las que Honduras se juega seguir siendo una democracia.

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