Trump delega en sus asesores las conversaciones de paz en Ucrania y pospone su ultimátum a Zelenski

Cada vez que Donald Trump celebra avances en las negociaciones para la paz entre Rusia y Ucrania, le golpea la realidad: sus líneas rojas siguen firmes e incompatibles, especialmente en el asunto de la cesión de territorios en un acuerdo de alto el fuego. Esta semana, el republicano ha vuelto a posponer un ultimátum a Kyiv, a quien exigió la semana pasada que firmase su plan de paz de 28 puntos antes del día de Acción de Gracias, este jueves, para evitar perder todo el apoyo militar y de inteligencia de EE.UU.

Después de una reunión en Anchorage (Alaska) y decenas de llamadas con el líder ruso, Vladimir Putin, así como tres visitas a la Casa Blanca del ucraniano Volodímir Zelenski, la diplomacia de Trump, con sus bandazos y amenazas cada vez menos creíbles, no ha logrado acercar a las partes en conflicto. Quizás producto de la frustración por no poder resolver una guerra que prometió terminar en un día, un sentimiento que expresa con frecuencia, el presidente ha decidido apartarse del proceso de paz y dejar las negociaciones en manos de sus enviados, su amigo y asesor Steve Witkoff en Moscú y el secretario del Ejército, Daniel Driscoll, en Kyiv.

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Steve Witkoff, Marco Rubio y Daniel Driscoll, entre los presentes en la reunión del pasado fin de semana en Ginebra con la delegación ucraniana.

FABRICE COFFRINI / AFP

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El borrador preliminar de 28 puntos, pactado con el Kremlin, se redujo considerablemente el fin de semana durante la reunión en Ginebra con una delegación ucraniana. Ante el rechazo de Zelenski, que equiparó el texto inicial con una capitulación, se redactó un nuevo documento, de 19 puntos, que excluyó algunos de los asuntos más polémicos. Entre ellos, la obligación a Ucrania de limitar su ejército a 600.000 soldados, ceder a Rusia la región entera del Donbass (incluidas las zonas todavía controladas por Kyiv), prohibir la presencia de tropas de la OTAN y negar su acceso futuro a la alianza transatlántica.

Esos puntos, según afirmaron funcionarios estadounidenses, iban a ser discutidos por Trump y Zelenski en una reunión próxima en la Casa Blanca, que se sugirió que podría haber llegado antes del jueves de Acción de Gracias. Pero Trump se encargó el martes de descartarlo. A través de sus redes sociales, anunció que ponía a Witkoff y Driscoll al mando de las negociaciones y reiteraba su interés por reunirse “pronto” con Zelenski y Putin, “pero solo cuando el acuerdo para poner fin a esta guerra sea definitivo o esté en sus fases finales”.

Sin embargo, el acuerdo parece todavía muy lejano, a juzgar por las declaraciones de funcionarios rusos esta semana, que reiteraron que no aceptarán ningún pacto que renuncie a sus líneas rojas, algo a lo que, según ellos, se comprometió Trump durante su reunión con Putin en agosto en Alaska.

El encargado de calmar los ánimos de Rusia será Witkoff, quien, a pesar de carecer de experiencia diplomática, ya ayudó a fraguar el inestable alto el fuego entre Hamas e Israel sobre la base de un plan de paz parecido, de 20 puntos. Pero la profesionalidad del enviado y amigo personal de Trump ha sido puesta en cuestión después de que la agencia Bloomberg haya filtrado una grabación de una llamada que mantuvo en octubre con uno de los principales asesores de Putin, Yuri Ushakov.

La Administración Trump enfrenta críticas de los republicanos en el Congreso por su presión a Ucrania y la filtración de Witkoff

En ella, asesoró al Kremlin sobre cuál debería ser su estrategia de negociación con Trump si quiere que Ucrania acepte ceder territorio, más allá del ya invadido en los tres años de guerra. Días después, Trump recibió una llamada de Putin, tras la cual volvió a dar un golpe de timón y dio marcha atrás en la idea de proporcionar a Ucrania los misiles Tomahawk, de largo alcance, que Kyiv considera esenciales para ganar fuerza en la mesa de negociación. Preguntado por la revelación, Trump le restó importancia y calificó la llamada de Witkoff como “una forma muy estándar de negociación”

En el Capitolio de EE.UU., esta noticia ha causado revuelo, pues demuestra que el papel de Witkoff, más que el de un mediador, ha sido el de un asesor del Kremlin. El congresista republicano de Nebraska, Don Bacon, dijo ayer que debe ser despedido y que no puede confiarse en él para gestionar las conversaciones de paz. “Para quienes se oponen a la invasión rusa y quieren que Ucrania prevalezca como país soberano y democrático, está claro que Witkoff favorece por completo a los rusos. No se le puede confiar la dirección de estas negociaciones. ¿Haría menos un agente pagado por Rusia? Debe ser despedido”.

No es el único crítico con Witkoff en un partido en el que cada vez son más visibles las divisiones, como han demostrado recientemente las fracturas sobre el cierre de gobierno y la publicación de los papeles de Epstein. El distanciamiento con la Casa Blanca va más allá de su designación y atiende a la estrategia general de Trump, de acercarse a Rusia para poner fin al conflicto, vendiendo los intereses de Ucrania y Europa en su conjunto.

Mitch McConnell, senador republicano

“El precio de la paz importa. Un acuerdo que recompense la agresión no valdría ni el papel en el que está escrito”

El presidente del Subcomité de Asignaciones del Senado para Defensa, Mitch McConnell, y el presidente del Comité de Servicios Armados, Roger Wicker han liderado las críticas de los republicanos a la presión de la Administración sobre Zelenski para que acepte un acuerdo fuertemente inclinado hacia las exigencias de Rusia.

“El precio de la paz importa. Un acuerdo que recompense la agresión no valdría ni el papel en el que está escrito. Estados Unidos no es un árbitro neutral, y no deberíamos actuar como tal”, dijo McConnell, que interpretó el plan de paz de Trump como un intento de “presionar a la víctima y apaciguar al agresor”, que socavará la credibilidad de EE.UU. entre sus aliados. Por su parte, Wicker se mostró “muy escéptico de que el plan vaya a lograr la paz”, y añadió: “Ucrania no debería ser obligada a entregar sus tierras a uno de los criminales de guerra más flagrantes del mundo, Vladímir Putin”.

Pero esa sigue siendo la única estrategia que la Administración Trump ve efectiva para lograr un fin rápido al conflicto, dada la intransigencia del Kremlin: amenazar y convencer a Ucrania de que va a sufrir una derrota mayor si no se abre a ceder el Donbass. 

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