Peugeot en desguace, Anotop en Debod

Hay que estar atentos a los detalles en este momento tan denso. Les comentaba la semana pasada que la sociedad española ha desarrollado una fina capacidad auditiva que le permite captar los crujidos cuando hay mucho ruido. Años y años de ruido político, especialmente intenso desde el 2004, han entrenado el oído del ciudadano medio. Decíamos el pasado sábado que era perceptible una corriente de inquietud social ante la sentencia inhabilitadora contra el fiscal general del Estado, sentencia cuyo contenido exacto todavía se desconoce, puesto que aún no ha sido publicada. No exagerábamos. Esta semana hemos tenido la prueba de que esa ola de inquietud también fue captada desde las alturas.

Atención al dato: apenas veinticuatro horas después de que el Gobierno propusieses a la señora Teresa Peramato como nueva fiscal general del Estado, el Consejo General del Poder Judicial emitió por unanimidad un dictamen favorable a su nombramiento. ¡Unanimidad en el CGPJ! ¡Milagro! La señora Peramato no presenta un perfil muy distante del dimitido Álvaro García Ortiz, que en su día fue objeto de un dictamen desfavorable. ¿Qué ha pasado? La cúpula del poder judicial ha querido enviar un mensaje de consenso para no tensar más el ambiente. España, entre el pacto y la furia. Cuando la furia parece romperlo todo, alguien se acuerda de la posibilidad de pactar. El CGJP ha sido prudente y la sentencia sigue sin publicarse.

Esta semana se ha producido otro crujido. Todo va muy acelerado en el frente judicial. Ha causado mucho impacto el ingreso en prisión de José Luis Ábalos y Koldo García, adornado con declaraciones de ambos con tono de chantaje al Gobierno. Se sienten desprotegidos por el Ejecutivo y por el PSOE, y amenazan con hablar. Amagan con ello. Excitan a los medios de comunicación. Dos hombres que hace unos meses eran repudiados y presentados como indeseables delincuentes por la prensa conservadora de Madrid, son tratados ahora como estrellas mediáticas en la medida que pueden complicar la vida a Pedro Sánchez. Poco o mucho, aún no lo sabemos.

¿Qué crujido ha oído esta semana la sociedad? La situación política se está volviendo inmanejable. El Peugeot va al desguace. Tres de las personas que dieron un apoyo fundamental a Sánchez para que pudiese recuperar la secretaría general del PSOE en las primarias del 2017 –José Luís Ábalos, Santos Cerdán y Francisco Salazar–, se hallan hoy procesados o apartados de la política. Cerdán fue encarcelado a finales de junio y acaba de salir en libertad provisional. Ábalos ha ingresado en prisión esta semana. Y Salazar se vio arrollado por una denuncia interna cuando estaba a punto de ser nombrado nuevo secretario de Organización, en sustitución de Cerdán. Como recordarán, el exalcalde de Montellano (Sevilla) fue acusado desde las propias filas socialistas de haber tenido comportamientos inadecuados con algunas de sus colaboradoras y compañeras del partido. Todos ellos formaban parte del equipo del Peugeot, el coche con el que Sánchez recorrió España para recabar el apoyo de la militancia socialista. Ábalos defendió la moción de censura contra Mariano Rajoy en mayo del 2018, apelando al combate contra la corrupción. Hoy se halla en una celda de Soto del Real acusado de cobrar comisiones por favorecer una trama de venta de mascarillas durante la epidemia de covid, trama supuestamente pilotada por su fiel escudero, Koldo Izaguirre, antiguo confidente de la Guardia Civil.

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El PSOE puede argumentar que ha cortado cabezas al conocer las presuntas irregularidades, ha actuado con presteza y ninguna acusación judicial apunta directamente a Sánchez en estos momentos, pero la dinámica es abrasadora. El líder del PSOE intenta hacerle frente con la bandera de la resistencia, actitud que siempre ha generado simpatías en España desde los tiempos de Sagunto y Numancia. Resistir es vencer, el que resiste gana, son frases muy españolas que no siempre se cumplen.

 Sánchez es hoy la viga principal de la política española: hay una fortísima tensión en su contra y también una fuerte adhesión. Si la viga cede, la izquierda española puede sufrir una derrota de grandes consecuencias. Ello aumenta la presión y cada semana se convierte en un Vietnam. ¿Hasta cuándo?

Se puede gobernar bajo presión, se puede gobernar bajo mucha presión incluso, siempre que se puedan tomar decisiones ejecutivas, siempre que sea posible dibujar un camino. Si hay camino, el mito de la resistencia puede funcionar. Pero en estos momentos no está claro que quede camino si no se pueden aprobar los presupuestos generales del Estado del 2026. El mismo día en que Ábalos y Koldo ingresaban en prisión, el Congreso rechazaba, en una primera votación, los objetivos de déficit para el año que viene, paso previo a la presentación de los presupuestos de acuerdo con las normas de la Unión Europea. Votaron en contra PP, Vox y Junts, con la abstención de los cuatro diputados de Podemos y una diputada del grupo valenciano Compromís.

No está claro que quede camino si no se pueden aprobar los presupuestos generales del Estado del 2026

El Gobierno ha anunciado que volverá a someter la senda de déficit a votación. Tras la baja de Ábalos, en caso de abstención de Junts, el voto decisivo correspondería a la única diputada de Coalición Canaria, el llavín canario. La composición de una mayoría parlamentaria es hoy casi imposible. Así lo subrayaba ayer Aitor Esteban, presidente del Partido Nacionalista Vasco. Y conviene subrayar el adverbio casi. En las próximas semanas sabremos cuál es su tamaño real. No hay mayoría parlamentaria, pero tampoco hay una mayoría dispuesta a apoyar una moción de censura. En ajedrez una situación de ese tipo recibe el nombre de rey ahogado: la pieza principal no está en jaque, pero tampoco puede moverse. En ajedrez son tablas, pero en política siempre se gana o se pierde.

El presidente puede quedar totalmente ahogado y el jefe de la oposición tiene dificultades para nadar. Alberto Núñez Feijóo no se atreve a presentar una moción de censura que seguramente perdería en estos momentos. No se atreve a perder aritméticamente esa moción, para intentar ganarla políticamente (Felipe González frente a Adolfo Suárez en 1980). Pero tampoco se puede quedar de brazos cruzados en un momento en que su popularidad entre los propios votantes del PP no supera el 36%. y empieza a ser superado por Santiago Abascal en las preferencias espontáneas de los encuestados. Puesto que Feijóo no puede quedarse quieto, ha hecho dos cosas: convocar una manifestación para el próximo domingo en Madrid y viajar a Barcelona para pedir el apoyo de la patronal catalana, Foment del Treball. Podía haber mantenido una reunión discreta con Josep Sánchez Llibre, pero ayer hubo declaraciones a la prensa en la histórica sede patronal de la Via Laietana.

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El presidente de Foment, Josep Sánchez Llibre, y el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo 

¿Qué ha ido a hacer Núñez Feijóo a Barcelona? En primer lugar ha querido dejar claro que en caso de presentarse una moción de censura con el objetivo de convocar elecciones, el candidato será él, y no otra persona. Decíamos al principio que los detalles son importantes y ese lo es. Desde hace semanas circula por Madrid, ciudad en la que cada día amanecen cien conspiraciones y solo dos quedan vivas a medianoche, el rumor de un caballero blanco (candidato instrumental) para encabezar esa moción de censura y convocar elecciones, un caballero blanco que pudiese ser votado por Junts. Un caballero blanco que también tuviese el apoyo de Foment. Feijóo quiso dejar claro que en caso de dar el paso, será él el que encabezará esa moción. Y para dar el paso, pidió a Foment que haga presión sobre Junts e incluso sobre Esquerra Republicana. Feijóo sabe que un sector importante de las clases medias catalanas que dieron su apoyo al procés están virando a la derecha bajo la atracción de la nueva formación titulada Aliança Catalana. En el PP han estudiado las encuestas y quieren aprovechar esa fuerza cinética -una considerable masa social catalana moviéndose hacia la derecha-, para echar a Sánchez. Atemorizado por la pérdida de votos, Junts procedería al ahogo definitivo de Sánchez. Esta es la conjetura. 

Atención a otro detalle, casi una anécdota. El jueves, el día antes de la visita de Feijóo a Barcelona, un grupo de operarios retiraba de la fachada de la sede del PP en la calle Génova de Madrid, una serie de fotografías gigantes que han decorado durante meses las cristaleras exteriores del edificio, fotografías de las grandes manifestaciones convocadas por la derecha española contra la ley de Amnistía en el 2023 y el 2024. Ayer por la mañana, esas imágenes ya no estaban en las cristaleras del cruce entre las calles Génova y Zurbano, siendo substituidas por un rótulo que dice: “Toma partido”. (“Toma partido por España” fue el lema del 21º congreso nacional del PP celebrado el pasado mes de julio en Sevilla).

Manifestación en Madrid el domingo, con previsión de lluvias (80%) en el boletín meteorológico. Lugar escogido: la explanada del antiguo Cuartel de la Montaña donde se halla el templo de Debod. Anotop en Debod. Permítanme la ironía. Esta semana, Alberto Núñez Feijóo ha creado un misterioso personaje en el Congreso. Anotop At. Ha habido mucha guasa al respecto. Parecía fruto de un simpático traspié en la sesión del control de los miércoles, pero si no fijamos bien –los detalles importan– Anotop bien podría ser el nombre de un faraón del antiguo Egipto. Quizá el misterioso Anotop tuvo algo que ver con el templo de Debod, que las autoridades egipcias regalaron a España en 1968 en agradecimiento por la ayuda prestada al gobierno de Gamal Abdel Nasser para salvar el patrimonio arqueológico que quedaba afectado por la gigantesca presa de Asuán. Antes de que se lo tragasen las aguas, el templo de Debod fue desmontando, piedra a piedra, y enviado a España.  Fue reconstruido en la explanada que ocupaba el antiguo Cuartel de la Montaña, escenario de un durísimo enfrentamiento entre franquistas y republicanos durante la Guerra Civil. Orientado a la puesta del Sol, el templo de Debot data del siglo II a. C. y rendía culto al dios Amón, principal deidad de los tebanos.

En diciembre del 2023, el PP ya convocó una manifestación contra le ley de la Amnistía frente al viejo templo egipcio. “Puigdemont a prisión”, coreaba la gente. El domingo propondrán a Puigdemont que una sus votos a PP y Vox para echar a Sánchez. Siempre entre el pacto y la furia, España es un país único.

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