Los bancos odiaron bitcoin hasta que descubrieron que sin él se mueren

En 2025, con el telón de fondo de la incertidumbre macroeconómica y tipos de interés en descenso, bitcoin (BTC) ya no es visto como el enemigo de los bancos. Por el contrario, promete convertirse en pieza clave de la columna vertebral del mercado financiero global.

La adopción institucional, impulsada por la claridad regulatoria tras las elecciones estadounidenses y una demanda insaciable de clientes, forzó a la banca tradicional a reconocer con respeto al activo digital pionero. Esto, tras pasar una década negándolo.

El símbolo más contundente de esta capitulación es Jamie Dimon. El CEO de JPMorgan en 2017 calificó a bitcoin de “fraude” y amenazó con despedir a cualquier empleado que invirtiera en el activo.

El mismo Dimon que en el pasado comparó a Bitcoin con un pet rock inútil, en octubre de 2025 subió al escenario del Future Investment Initiative en Riad y soltó: «Las criptomonedas son reales, la blockchain es real… y las stablecoins junto con los contratos inteligentes los usará todo el mundo».

Destacó las stablecoins como «el futuro de las remesas y el comercio global» y los contratos inteligentes como los autoejecutables que eliminarán intermediarios». Esto se alineó con el lanzamiento de la stablecoin JPMD en Base (Ethereum L2) en septiembre de 2025. En ese momento Dimon afirmó: «No soy fan de bitcoin, pero la tecnología subyacente [blockchain] es inevitable. Todos la usaremos, ya sea que nos guste o no».

Semanas después del FII en Riad, se informó que JPMorgan está explorando activamente permitir a clientes institucionales usar bitcoin y ether (ETH) como colateral para préstamos antes de fin de año, desbloqueando potencialmente miles de millones en liquidez nueva.

Los bancos se suben al tren de bitcoin

No obstante, el de Dimon no es un caso aislado. Goldman Sachs, Citigroup, Morgan Stanley y Bank of America han seguido la misma trayectoria, pasando de la condena moral a la dependencia estratégica del activo creado por Satoshi Nakamoto.

Para septiembre de 2025, JPMorgan había elevado un 64% su posición en el Fondo Cotizado en Bolsa (Exchange‑Traded Fund, ETF) de bitcoin de BlackRock (IBIT), hasta los 343 millones de dólares, mientras Goldman Sachs superaba los 1.000 millones de dólares en exposición a ETF de BTC. Así quedaba en evidencia la paradoja de que los bancos, que años atrás alertaban sobre una burbuja, ahora compiten por ser participantes autorizados, ofrecen custodia, trading y productos estructurados con bitcoin.

Sin embargo, este giro de 180 grados no refleja un cambio ideológico, sino una estrategia de supervivencia corporativa. Había mucho en juego para Wall Street que vio la inyección de 120.000 millones de dólares en los ETF de bitcoin y la expansión de la adopción institucional por encima del 35% en el mercado norteamericano. Esto hizo inviable la indiferencia, así que la banca respondió adoptando bitcoin para neutralizar lo que ellos catalogaron como una «amenaza», y capitalizarla como un producto financiero regulado.

Entonces, como lo resume Matt Hougan, director de inversiones de Bitwise: «las instituciones se muestran pacientemente optimistas y están generando confianza». La frase, emitida tras formar a asesores que gestionan 50.000 millones de dólares, captura el nuevo consenso de que bitcoin ya no es opcional, sino una necesidad para la banca tradicional.

JPMorgan y su ingeniería financiera con bitcoin

La integración de bitcoin con el sistema financiero tradicional no se detiene con la compra de ETF. Más allá de eso, la banca ha comenzado a desplegar su maquinaria de ingeniería financiera avanzada.

Si la custodia y los ETF marcaron la entrada de la banca, los derivados señalan su consolidación. En un movimiento que acelera esta tendencia, JP Morgan presentó ante la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), el 25 de noviembre, la solicitud para un bono estructurado apalancado vinculado al ETF IBIT de BlackRock.

Un mensaje en X sobre los bonos con bitcoin recien anunciados por JP Morgan.
Como los destacan usuarios en redes sociales, JPMorgan intenta replicar lo que hace Strategy con Bitcoin, pero con una estrategia diferenciadora. X/MasterBTCLTC.

Diseñado para sincronizarse con el ciclo del halving de Bitcoin (aprovechando la escasez proyectada para 2028), el instrumento ofrece un retorno mínimo garantizado del 16% si el activo alcanza su objetivo en 2026. El potencial de ganancias «ilimitadas» se estima en 1,5 veces el rendimiento del activo hacia 2028.

Sin embargo, la estructura revela la astucia de la casa. Esto, porque queda claro que tomaron la previsión de que si el mercado cae más del 30%, el inversor asume las pérdidas, mientras que el banco se reserva el derecho de rescatar el bono anticipadamente para limitar las ganancias del cliente y asegurar sus comisiones.

Los bancos ya no compiten

El timing es quirúrgico. Tras una corrección del 16% en el precio de BTC en noviembre (cayendo de 102.000 a 86.000 dólares por ventas minoristas), JP Morgan detectó una oportunidad para «cosechar volatilidad».

Los analistas del banco proyectan un rebote hacia los 170.000 dólares en los próximos 6 a 12 meses, basándose en que el activo parece «infravalorado en relación con el oro». Para la entidad, la apuesta de devaluación sigue vigente y este bono es la herramienta para capturarlo.

Este lanzamiento cristaliza la nueva realidad de que los bancos no compiten contra bitcoin, sino que lo monetizan. Mientras advierten a clientes corporativos sobre los riesgos de exponerse excesivamente al activo. Diseñan vehículos propios de inversión para capturar el «beta» de bitcoin en portafolios tradicionales.

Con más de 200 compañías públicas acumulando tesorerías de bitcoin y los ETF superando los 100.000 millones en activos, productos como este podrían amplificar los flujos institucionales, completando la transformación e integrando a bitcoin en el engranaje clave de la maquinaria de Wall Street.

El resultado es una paradoja histórica en la cual los instituciones que intentaron asfixiar a Bitcoin en su cuna terminaron necesitando su oxígeno para seguir siendo relevantes. Hoy, Wall Street ha adoptado al activo descentralizado para transformarlo en un instrumento financiero, cotizado, custodiado y prestado por los mismos gigantes que juraron que nunca llegaría a tanto.

Bitcoin no pidió permiso para ganar esta guerra. Simplemente esperó a que los bancos descubrieran que, en el nuevo orden financiero, ignorarlo ya no era una postura intelectual, sino que era un error de negocio.


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