
En este mundo tan revuelto e imprevisible, solo el tiempo nos dirá a qué conduce este generalizado armarse hasta los dientes, pero, por el momento, el mayor gasto en defensa representa una enorme oportunidad que nuestras empresas no pueden desaprovechar. Así, entre otras iniciativas públicas, destaca el programa SAFE (Acción por la Seguridad de Europa) que, con una asignación inicial de 150.000 millones de euros, puede acabar por movilizar 800.000 millones en el horizonte 2030. Un nuevo escenario que supone una oportunidad única para muchas compañías, más allá de la previsible eclosión de ventas por parte de las tradicionalmente proveedoras del Ministerio de Defensa.
El momento de oportunidad se presenta a empresas de sectores muy diversos, pues un ejército consume de todo y las propias empresas de armamento requieren de una industria auxiliar que no se diferencia sensiblemente de la orientada a usos civiles. A su vez, parte de los programas europeos se destinarán a proyectos que involucren a empresas de dos o más estados miembros, lo que constituye una oportunidad para iniciarse o consolidarse en una internacionalización intensiva, pues estructurar iniciativas industriales conjuntas resulta más exigente que la habitual exportación de productos o servicios.
El mayor gasto europeo en armamento es una oportunidad relevante para empresas catalanas
Por su parte, el monto extraordinario de inversión de la Unión Europea y sus estados miembros, así como la componente tecnológica y celeridad con que se pretende alcanzar los compromisos adquiridos en defensa, situará a muchas empresas ante escenarios de crecimiento e innovación acelerados, que exigirán de esquemas accionariales adecuados a las nuevas circunstancias. En este sentido, la apertura del capital a accionistas que aporten conocimiento, o bien a socios financieros especializados, constituirá la mejor alternativa en muchos de estos supuestos. Precisamente, el ceder control accionarial a cambio de favorecer el crecimiento empresarial constituye una asignatura pendiente de nuestro tejido productivo desde hace décadas.
Finalmente, esta apuesta por la industria de la defensa constituye una oportunidad especialmente relevante y singular para una comunidad como Catalunya, que cuenta con un tejido empresarial y tecnológico idóneo para satisfacer la demanda que se avecina; y, aún más, si desde los poderes públicos se entiende que apostar por algún que otro campeón nacional es compatible con reconocer y dinamizar ese denso tejido de medianas empresas, que sustentan una estructura productiva diversificada y compe-titiva. Y, asimismo, estamos ante una ocasión única para acabar con la anomalía de que la industria catalana sea la única del conjunto de España ajena a la defensa. No solo estamos ante una oportunidad empresarial, sino, también, ante el poder contribuir a una mejor articulación de Catalunya en España.
