No volverá a ser la mayor central nuclear del mundo, pero la polémica está servida. No en vano, TEPCO, la empresa responsable de la central nuclear accidentada en Fukushima, es también la propietaria de Kashiwazaki-Kariwa (KK). Esta central de 400 hectáreas, a 220 kilómetros al noroeste de Tokio, superó este lunes el último escollo para su reactivación parcial, tras un parón de 15 años.
Un desenlace que parecía imparable tras el visto bueno del gobernador de Niigata, hace un mes. La votación afirmativa por parte de la asamblea de esta prefectura confirma que no hay vuelta atrás. “Es una componenda política, pero eso no significa que la mayoría de vecinos esté de acuerdo”, decía un representante minoritario. Fuera del recinto, unos trescientos manifestantes desafiaban las bajas temperaturas y, sin éxito, una votación ya decantada.
Entre los más ruidosos estaba uno de los 120.000 desplazados de Fukushima, que en su día se creyó a salvo en Niigata. “¿Está TEPCO capacitada para gestionar Kashiwazaki-Kariwa?”, preguntaba otro manifestante al megáfono. “¡No!”, le respondían a coro.
La empresa ha prometido empleos e inversiones millonarias en Niigati para los próximos diez años. Sus vecinos están menos convencidos que sus representantes, pero esta es una de las prefecturas más conservadoras de Japón, feudo del gubernamental Partido Liberal Democrático (PLD), por lo que el resultado no ha sido ningún chasco.
Cuando la decisión llegue a la mesa del ministro de Energía, del mismo partido, será aprobada sin dilación. No en vano, el gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi ha pisado el acelerador de la nuclearización. En teoría, para reducir la importación de combustibles fósiles y para alcanzar la neutralidad de carbono en el plazo fijado.
Alta demanda energética
Los centros de datos de IA, detrás de la reactivación de reactores y de la prórroga de su vida útil, hasta los 60 años en Japón
Pero en el caso concreto de KK, no se trata de reducir la factura de la luz, sino de atraer centros de datos de inteligencia artificial (IA), que requieren un suministro energético vastísimo, regular y garantizado. TEPCO no lo esconde y se propone como socio.
Antes del triple desastre de marzo de 2011 -terremoto, tsunami y accidente nuclear de Fukushima Daiichi- las centrales atómicas cubrían un tercio de las necesidades energéticas de Japón. De forma escalonada, durante un año, Japón fue cerrando sus 54 reactores por motivos de seguridad. Durante más de tres años, fue un estado desnuclearizado.
Desde entonces, la reactivación ha sido paulatina. Treinta y tres reactores han sido autorizados a reanudar sus operaciones, pero solo catorce lo han hecho. KK tiene el morbo añadido de ser la primera central de TEPCO (Tokyo Electric Power Corporation) que será reactivada, tras su cataclismo en Fukushima. Los tribunales japoneses condenaron a la empresa -entonces privada- por negligencia en sus protocolos de seguridad.
Para entonces, la magnitud de la catástrofe ya había llevado a la nacionalización de TEPCO. Por lo que los gastos en indemnizaciones y desmantelamiento y descontaminación de la planta (que no concluirán antes de 2051) están siendo asumidos por el erario público. Se calcula que rondarán, al cambio, los 125.000 millones de euros. Para indignación de algunos japoneses, nadie de TEPCO ha pagado por ello.
Protesta a poco más de 0 grados frente a la Asamblea de la prefectura de Niigata, antes de la votación que autoriza a TEPCO a reanudar las operaciones en la que fuera la mayor central nuclear del mundo, tras un parón de casi 15 años.
Ahora la empresa se plantea reactivar el primero de los siete reactores de la central de Niigata el 20 de enero. Un segundo reactor podría entrar en red en 2030. Se trata de los dos más modernos, mientras que los más anticuados nunca serán rehabilitados, por lo que KK no volverá a ser la mayor central nuclear del mundo.
En cualquier caso, la sismicidad del archipiélago no ha sacudido la fe en la energía nuclear del PLD, en sus 70 años casi ininterrumpidos en el poder. La novedad es que esta vaya acompañada de un cierto coqueteo con las armas nucleares. Primero fue Takaichi quien dijo que debía revisarse la “doctrina de los tres noes”. A saber, no a la producción de armas nucleares, no a su posesión y no a su tránsito. Algo que, según Takaichi, erosiona “la disuasión nuclear estadounidense”.
Revisionismo
Hiroshima protesta contra el coqueteo del gobierno con la “disuasión nuclear”
Pero uno de sus colaboradores ha ido más lejos en los últimos días, al sugerir que Japón debería dotarse de ojivas nucleares. Naturalmente, China ya ha salido en tromba contra tal posibilidad (en el mismo día, además, en que diputados del PLD se entrevistaban con el presidente de Taiwán, Lai Ching Te, en Taipéi).
El caso es que no se trata de una línea roja solo para Pekín. La Asamblea de Hiroshima, ciudad víctima del bombardeo nuclear estadounidense de 1945, se ha dirigido este lunes al gobierno nipón: “Es nuestro deber seguir luchando por un mundo sin armas nucleares”.
Asimismo, la Confederación de Organizaciones de Víctimas de la Bomba Atómica de Hiroshima ha calificado como “inadmisibles” los argumentos a favor de la introducción de estas armas.
Apertura polémica
India abre su sector nuclear a la empresa privada
En India, el apetito energético de los centros de datos y las cifras astronómicas alrededor de la IA también están sacudiendo el panorama. El jueves pasado salió adelante el proyecto de ley por el que la energía nuclear deja de ser un monopolio del Estado, con el objetivo de “multiplicar por diez” su capacidad en veinte años. Las empresas privadas, tanto indias como extranjeras, ya pueden postularse para la construcción de plantas atómicas. Hasta ahora, la única firma foránea que lo hacía era la rusa Rosatom. La privatización abrirá las puertas a otros países y deberá generar inmensas oportunidades de negocio para las multinacionales indias mejor conectadas, como Tata, Reliance y Adani. Todas ellas -sin experiencia en el sector- ya han expresado su interés en construir reactores modulares pequeños, en asociación tecnológica con empresas extranjeras (algunas de las cuáles tampoco han ido más allá de prototipos). No es de extrañar que la oposición se llevara las manos a la cabeza y que muchos se pregunten retóricamente quién gestionará los residuos nucleares de sus magnates -y quién pagará la factura- durante los próximos siglos.
