

“¡Pero en qué cabeza cabe!”, exclama perplejo un ministro socialista. “¿Esto es una broma?”, requiere asombrado otro. “La puerta está cerrada”, zanjan en la Moncloa. No hay ni una mínima rendija abierta. Y todos en el Ejecutivo y en la dirección del PSOE tratan así de dar por concluido un debate que nunca se plantearon siquiera: el de facilitar la investidura de María Guardiola como presidenta de la Junta de Extremadura, tras ganar las elecciones del pasado domingo, para cerrar el paso a la ultraderecha de Vox.
“¡Solo faltaba! A nadie en el PSOE se le pasa por la cabeza”, rechaza otro dirigente. En realidad, sí se le pasó por la cabeza –de hecho, lo defiende desde hace mucho tiempo– al veterano Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que gobernó Extremadura durante 24 años con unas mayorías absolutas, de hasta más del 54% de los votos, que hoy se presumen totalmente inalcanzables. Y así lo puso encima de la mesa Ibarra el pasado lunes en la reunión de la ejecutiva regional del PSOE extremeño donde el todavía líder autonómico, Miguel Ángel Gallardo, anunció su dimisión tras la debacle electoral socialista.
Ibarra no está solo en esta demanda, pero su posición es muy minoritaria en el PSOE. En su debut ayer como nueva portavoz del Gobierno, tras la última reunión del año del Consejo de Ministros, Elma Saiz redirigió el tiro contra el PP, ante la demanda del expresidente de Extremadura para que el PSOE se abstenga y facilite así la investidura de Guardiola, al objeto de aislar a Vox y mantener a la ultraderecha lo más lejos posible del ejecutivo autonómico.
“Fue el PP quien decidió de manera innecesaria esta convocatoria electoral”, advirtió Saiz. “Así es que responsabilidad hay que pedir al responsable, y en este caso tiene nombres y apellidos: Feijóo y Guardiola”, señaló la portavoz del Gobierno.
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“El PP no solo está pactando con la ultraderecha, está llevando a cabo políticas de ultraderecha”, denunció Saiz. Por ejemplo, al tratar de recortar el derecho al aborto, negar la violencia de género o en el debate migratorio. La portavoz del Ejecutivo esgrimió el caso de Badalona, donde acusó al alcalde Xavier García Albiol, del PP, de “un ejercicio claro de racismo, xenofobia y deshumanización”, por el desalojo de inmigrantes que ocupaban un antiguo instituto y dejar que pasen la noche al raso en pleno diciembre.
En último extremo, no obstante, Saiz alegó que el PSOE es “el partido más demócrata” de España: “Es la militancia la que tiene la voz”, subrayó. Según los estatutos del partido, la decisión de facilitar la investidura como presidente de un ejecutivo al líder de otro partido –en este caso, a Guardiola– solo se podría adoptar a través de una consulta a la militancia. Tras la dimisión de Gallardo como secretario general del PSOE de Extremadura, habría de ser la gestora que ahora debe designar Ferraz la que podría plantear esta hipótesis. Y es algo que nunca hará.
“Cuando se pide responsabilidad siempre se mira al PSOE, pero hace dos años Guillermo Fernández Vara ganó las elecciones en Extremadura y María Guardiola no solo no facilitó su investidura sino que pactó con Vox para ser ella la presidenta de la Junta”, argumentan en la Moncloa.
La puerta del PSOE está cerrada para facilitar investiduras a presidentes autonómicos del PP, ni en Extremadura ni en ningún otro territorio. La puerta, de hecho, se cerró cuando Sánchez recuperó el liderazgo del PSOE en junio del 2017 a hombros de la militancia. En octubre del 2016 fue defenestrado por el establishment socialista por negarse a facilitar la investidura de Mariano Rajoy. Y cuando Sánchez resucitó y volvió a tomar las riendas del PSOE, este debate quedó zanjado: “No es no”.
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“Es una irresponsabilidad del PP encadenar elecciones autonómicas solo para desgastar al Gobierno, a costa de reforzar a la ultraderecha”, alertan en la Moncloa tras la cita adelantada con las urnas del pasado domingo en Extremadura que abrió el nuevo ciclo electoral, con próximas escalas en Aragón, en Castilla y León y en Andalucía.
Es la misma estrategia que Feijóo ensayó en el anterior ciclo electoral autonómico, que debía desplegar una gran alfombra roja para que el líder del PP llegara a la Moncloa, pero que finalmente no pudo coronar. El “miedo” a Vox logró movilizar al electorado progresista y Sánchez revalidó la presidencia del Gobierno. La gran pregunta, ahora, es si lo volverá a conseguir.
