El alimento de Vox

¡Qué bien votan los votantes cuando votan bien! Si el resultado nos agrada repartimos elogios al electorado. Si no, ese mismo cuerpo social ha sido engañado, está enfadado y no pretende más que regalarle una vistosa peineta a la clase política.

Las elecciones extremeñas nos devuelven a esta rutinaria lectura. Otra vez la sempiterna pregunta: ¿por qué crece la ultraderecha? Una respuesta común es culpar al PP. Si los de Feijóo hicieran bien su trabajo, Vox lo tendría crudo. Un culpable, una consecuencia. Asunto resuelto.

Los de Abascal quieren sustituir al PP pero también crecer a costa de la izquierda

Parte este argumento de una anquilosada visión bipartidista. Cualquier amenaza al juego de dos, aunque permanezca en el tiempo, es una anomalía que ha de explicarse, por errores o por complacencia, de los jugadores principales.

Hay que fijar la vista en el partido verde, más que en populares y socialistas, para obtener un revelado más clarificador. El martes Santiago Abascal purgó definitivamente a Ortega Smith del principal órgano directivo del partido. Uno más que sumar a la lista de damnificados en la batalla de poder y también ideológica en la ultraderecha. ¿Recuerdan a Macarena Olona o Iván Espinosa de los Monteros? Nadie hace sombra ya al caudillo Abascal. Y de paso, en el ámbito programático y al menos de cara a la galería, los que veían en Vox una herramienta útil para embridar al PP con la ortodoxia liberal en lo económico descansan en la siempre poblada cuneta del “prietas las filas” que Falange patentó para este y cualquier otro partido.

Entrevista a Santiago Abascal Conde (Bilbao, 14 de abril de 1976) es un político español, líder del partido político Vox desde septiembre de 2014 y presidente del partido político europeo Patriotas.eu

Santiago Abascal

Dani Duch

Vox está armando un ideario que va más allá de la inmigración. El nuevo flanco por el que atacan los verdes asoma a través de nuevos rostros. Como el de Carlos H. Quero, su recién estrenado portavoz adjunto en el Congreso. Menos gomina y menos trajes de plancha perfecta. Menos liberales y nada de libertarios y motosierras. Más Fratelli a la italiana.

Una línea de discurso, no la única pero ganando peso, que supone incluso una incipiente amenaza en el Madrid de Ayuso. Ideas podemitas pasadas por la centrifugadora ultraconservadora. Este es el marco: nos han robado la casa que ya no podremos comprar, nos han quitado el coche que no podemos mantener y nos han birlado el trabajo digno que no podemos tener. ¿Quién es el ladrón? PSOE y PP. ¿Le suena a indignados de mediados de la década pasada? Pues tiene buen oído. Solo que ahora visten de verde, no de morado.

Son posiciones éstas con las que Vox irrumpe en los barrios de las ciudades en las que no basta el concepto de libertad ayusista o con el conservadurismo tranquilo que promociona Feijóo. Sitios en los que la aspiración ahora es llegar con un poco más de holgura a final de mes y no pedir un crédito al consumo para cambiar la lavadora o llevar el coche a la revisión.

Revuelta de clases medias y populares contra gobiernos, del campo ante la ciudad, de jóvenes contra generaciones maduras. Todo ello en manos de un solo caudillo. Y de fondo, el equivalente de lo que hace casi un siglo fue la conspiración “judeo-masónica” reconvertida ahora en la “agenda 2030 y las élites globalistas”.

Un poti-poti de éxito del que resulta complicado protegerse desde las siglas populares. Y también, ¡ojo!, desde las socialistas a largo plazo. Una impugnación a las políticas de unos y otros. De ahí que Abascal atice sin miramientos: a derecha e izquierda. Este conjunto es menú completo para la ultraderecha española.

Vox está en la carrera para sustituir al PP como portaestandarte de la derecha, no para complementarlo. De ahí que su decisión más inteligente fuera marcharse de los gobiernos regionales a los que se había incorporado en 2023. “No hay prisa por gobernar”, ese es el mantra en el partido de Abascal. En esta lógica, el PP es el enemigo, aunque se firmen armisticios con él. José Antonio, el ausente, está más que presente: “Las derechas invocan a la patria, invocan a las tradiciones; pero son insolidarias con el hambre del pueblo”. Vistas así las cosas bastante hace Feijóo protegiendo como puede su caladero. Culparle no tiene mucho sentido.

Pero estén atentas las izquierdas. El Vox que viene quiere atiborrarse también en sus pastos. Lo ilustramos con otro entrecomillado del fundador de Falange: “Nosotros integramos estas dos cosas: Patria y justicia social”. ¡Comer, comer!

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