Carles Vilarrubí (Barcelona 1954) falleció la madrugada del sábado en su ciudad natal a los 71 años.
Empresario, directivo, deportista, gastrónomo… Su carrera ha tenido muchas etiquetas y en cada una de sus etapas ha dejado una huella decisiva en el desarrollo del tejido social y productivo de la Catalunya actual.
El president de la Generalitat, Salvador Illa, expresó en redes sus condolencias y recordó que se le concedió la Creu de Sant Jordi en el 2015 por su “significativa presencia en la vida económica y social catalana”.

Carles Vilarrubí fue vicepresidente de las juntas de Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu
Vilarrubí no dudó, desde los inicios de la democracia, en manifestar su compromiso político primero en Unió Democràtica de Catalunya y luego en Convergència, hasta convertirse en un hombre próximo al president Jordi Pujol.
Como hombre de negocios, tocó muchas teclas. Atraído por los medios de comunicación, colaboró en la creación de Catalunya Ràdio, donde ejerció como secretario general y director adjunto en los años 80.
Posteriormente, fue uno de los fundadores de RAC1, emisora líder de radio en catalán. Mantuvo una relación continuada con la cadena radiofónica a través de Radiocat XXI, donde ejercía hasta ahora como miembro del consejo de administración.

sponsabilidad en la Generalitat y en múltiples consejos de administración empresariales. Fue director general de la Entitat Autònoma de Jocs i Apostes (EAJA), hasta 1988.
Como directivo empresarial, fue presidente de CVC Grupo Consejeros, empresa fundada por él, de la correduría de seguros Willis S&C y fue el primer consejero delegado de Port Aventura, pero dimitió poco después debido a discrepancias con el principal promotor de aquel momento, Javier de la Rosa.
Vilarrubí ocupó puestos de alta responsabilidad en el sector financiero, destacando su vinculación con la banca de inversión Rothschild, del que fue vicepresidente para España, desde su oficinas de la Avenida Tibidado.
El president de Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre, le define como “un empresario de consenso, hombre polifacético y emprendedor, que destacó en sectores económicos y sociales”.
Vilarrubí también fue un deportista apasionado y fue un atleta destacado tanto del hockey sobre hierba como sobre hielo. Llegó también a integrar la primera sección de hockey sobre hielo del Futbol Club Barcelona, como portero en la década de los 70.
Su vínculo con el FCB se plasmó más allá de su carrera en el deporte. Fue vicepresidente institucional de la entidad desde el 1 de julio de 2010 hasta el 1 de octubre de 2017, cuando abandonó su puesto por voluntad propia. Ejerció en el cargo del club azulgrana en las directivas de Sandro Rosell y Josep Maria Bartomeu.
Su dimisión fue cargada de polémica, porque se produjo a raíz de la carga policial en ocasión del referéndum del 1-O en plena crisis política. Vilarrubí consideró que ese día no se debería haber jugado el partido del Barcelona contra la UD Las Palmas (que finalmente se jugó a puerta cerrada) y decidió dejar su cargo en la junta para expresar su desacuerdo.
Amante de la buena cocina y sobre todo del arte del comer, llegó a presidir la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició, cargo en el que estaba a punto de cumplir una década. La cocina, recordaba, era la manifestación identitaria y cultural de un pueblo, de allí la necesidad de protegerla y de promoverla.
Estaba casado con la también empresaria Sol Daurella, presidenta de Coca Cola Europacific Parterns, Sol Daurella, compañía que fabrica, embotella y distribuye la famosa marca en 28 países de Europa, entre otros. Villarubí también estaba en el consejo de Cobega, la empresa del holding familiar. La pareja tenía tres hijos.
En 2023 declaró como investigado ante la Audiencia Nacional en una pieza del caso Pujol
