Los imperios económicos caen solos

En los últimos 2.500 años el mundo ha visto suceder varias civilizaciones que han florecido económicamente y han marcado su época.

Una serie de eras doradas, que empiezan con la Antigua Grecia, que dio lugar a la democracia; continúa con el imperio romano que creó las fundamentas del derecho; sigue con la dinastía abasí de Bagdad en la que surgieron la álgebra y al medicina moderna; pasa por el Renacimiento italiano, con el triunfo de las artes; viaja hasta las rutas comerciales y marítimas de los Países Bajos para terminar con el liderazgo anglosajón y la Pax Americana de Estados Unidos, la etapa que está marcando nuestros tiempos.

Su último libro, ‘Peak Human’, parece una alerta sobre el posible fin de la era económica dorada de EE.UU.

El historiador Johan Norberg, que ya tuvo un éxito con su anterior obra Progreso (Deusto, 2017) ha publicado su último trabajo, Peak Human , que fue elegido por The Economist como el libro del año. Esta semana el autor ha detallado su pensamiento en un artículo en F&D Finance and Developement Magazine , un espacio de reflexión del Fondo Monetario Internacional (FMI). Su tesis es que las edades de oro no ocurren por casualidad ni por la superioridad genética de un pueblo. Su secreto no reside ni en la geografía, ni la etnia, ni la religión. Estas civilizaciones surgieron en los lugares más inesperados, a veces en terrenos difíciles, con suelos pobres y sin recursos naturales. Una región que parecía periférica en una época podía convertirse en líder en la siguiente. Esto ocurría cuando una sociedad se volvía abierta a las personas (inmigración y mezcla de talentos), a las ideas (tolerancia al pensamiento divergente y a la ciencia) y al comercio (intercambio de bienes que permite la especialización).

El autor cree que vivimos ahora en una paradoja. Porque estamos mejores que nunca (en salud y riqueza y bienestar) pero podríamos haber alcanzado un punto álgido. Un pico, al que se llega cuando los grupos con poder intentan bloquear las innovaciones que los amenazan. Aparece entonces el miedo al cambio y la nostalgia por un pasado “puro” o “cerrado”. Según Norberg, la mayoría de las civilizaciones no mueren por ataques externos, sino por “suicidio” interno. Cuando la apertura se sustituye por muros (aranceles, censura o burocracia), el motor de la innovación se detiene.

La investigación demuestra que quién lidera el comercio y capta talentos se convierte en el líder

Así, el imperio romano cayó por el crecimiento desmesurado del Estado, la regulación de precios y un mercado laboral con trabajos heredados. La China de la Dinastía Song (siglo XII) , que ya contaba con brújula e imprenta, prohibió, para mantener control sobre la sociedad, la construcción de barcos transoceánicos y restringió el comercio exterior. Fue el principio de su fin. La República de Venecia murió después que las familias que eran ricas se aprovecharan de los intercambios para instaurar monopolios. El Califato de Bagdad decayó cuando la sociedad rechazó la ciencia por los dogmas religiosos…. Y así más casos.

“A menudo, tras pandemias, desastres naturales o conflictos militares, las sociedades dieron la espalda al intercambio intelectual, reprimiendo a los pensadores excéntricos y a las minorías. La gente comenzó a alinearse detrás de hombres fuertes que impusieron controles en sus economías y abandonaron la apertura internacional”, escribe Norberg.

Las etapas de dominio de la economía acaban más por suicidio interno que por agresión externa

En estos puntos de inflexión, es cuando, en palabras de este historiador, “los líderes prometen seguridad, grandeza y el regreso a una edad de oro imaginada mediante el protección y el control. Sin embargo, la historia cuenta un relato diferente. Las sociedades más seguras y prósperas no se escondieron del mundo. Tuvieron la confianza suficiente para permanecer abiertas al comercio y a las ideas, permitiendo que lo nuevo desafiara a lo conocido”.

Norberg argumenta que el proteccionismo no es un síntoma de fortaleza, sino de decadencia. “Cuando cerramos las fronteras al talento o a las ideas, no estamos protegiendo lo que tenemos, estamos amputando nuestra capacidad para enfrentarse a lo que vendrá. Un arancel no es un impuesto al extranjero, es una multa que una sociedad se impone a sí misma por no querer adaptarse a la realidad global”. En su opinión, “las eras doradas no mueren por falta de recursos, sino por exceso de complacencia. Del éxito nacen élites que prefieren un mercado cautivo a uno competitivo. Los tiempos difíciles crean hombres fuertes, pero los hombres fuertes crean tiempos aún más difíciles”. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

El lado oscuro de las civilizaciones

Aunque muy diferentes entre sí, las culturas estudiadas en la obra de Norberg —desde la Atenas antigua hasta la Anglosfera moderna— comparten algunas coincidencias sorprendentes. Todas fomentaron períodos de innovación,creatividad cultural, descubrimientos científicos, progreso tecnológico y crecimiento económico. Pero no fueron edades de oro para todos. “Todas practicaban la esclavitud y negaron la mayoría de los derechos a las mujeres hasta fechas muy recientes. La ensayista Mary Beard ha señalado que, cuando sus lectores expresan envidia por en la antigua Roma, siempre parecen imaginar que habrían sido senadores —una pequeña élite — y no uno de los millones de esclavos”, escribe Norberg. “La pobreza y la opresión han sido la norma a lo largo de la historia. Pero estas culturas ofrecieron mejores niveles de vida para una mayor parte de su población que otras civilizaciones de su tiempo”, subraya.

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