
El año que ahora se cierra dejará una cifra récord para la aviación comercial mundial: más de 5.200 millones de viajeros transportados en vuelos comerciales, según las estimaciones más recientes de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), que mide el número de pasajeros transportados por aerolíneas (contando cada viaje individual). Por otro lado, el Airports Council International (ACI World) eleva esa cifra hasta los 9.800 millones de pasajeros, ya que su métrica considera el volumen total en aeropuertos, incluyendo conexiones y tránsitos, lo que aproximadamente duplica la cifra de la IATA. Esto confirma que ha sido un ejercicio histórico en volumen de tráfico.
Cualquier accidente aéreo con víctimas mortales es, por definición, un drama. Sin embargo, incluso teniendo en cuenta los siniestros registrados a lo largo de 2025, la aviación comercial sigue demostrando que mantiene unos niveles de seguridad muy elevados. La cifra de fallecidos se ha visto incrementada únicamente por una serie de accidentes puntuales, algunos de ellos de carácter excepcional.
La aviación comercial sigue demostrando que mantiene unos niveles de seguridad muy elevados
Enero comenzó con un accidente en Australia. A principios de mes, un Cessna Caravan con flotadores, propiedad de la operadora Hidro Swan River, sufrió un siniestro durante el intento de despegue. El monomotor no logró ganar altura y el impacto causó la muerte de tres de sus ocupantes.
Ese mismo mes, el día 29, se produjo un accidente más grave en Sudán del Sur. Un Beechcraft 1900D de la compañía Light Air Services, que realizaba un vuelo chárter para el traslado de trabajadores de la industria petrolera, se estrelló durante la maniobra de aterrizaje. Fallecieron las 20 personas que viajaban a bordo.
El accidente africano quedó eclipsado por otro ocurrido apenas unas horas después en Estados Unidos, por su localización y las circunstancias del siniestro. En el aeropuerto nacional de Washington, un reactor regional CRJ-700 colisionó en el aire con un helicóptero del Ejército de Tierra estadounidense sobre el río Potomac, cuando el avión de pasajeros estaba a segundos de tomar tierra. En el reactor viajaban 64 personas, entre pasajeros y tripulación, mientras que el helicóptero estaba ocupado por tres militares. Las 67 personas perdieron la vida a escasos kilómetros de la Casa Blanca.
En febrero, pocos días después del accidente de Washington, otro avión cayó también en territorio estadounidense. El día 6, un Cessna Caravan de la compañía Bering Air, empleado en vuelos regionales entre pequeñas pistas de Alaska, se estrelló causando la muerte de sus diez ocupantes: un piloto y nueve pasajeros.
Durante marzo, la poco conocida Lanhsa (Líneas Aéreas Nacionales de Honduras) sufrió un grave accidente el día 17. Uno de sus British Aerospace Jetstream 32 se estrelló tras despegar del aeropuerto de Roatán. Fallecieron 12 de los 17 ocupantes del avión, y la compañía, gravemente afectada por el suceso, cesó sus operaciones poco después.
Ese mismo mes, el día 22, la compañía keniata Trident Cargo operaba un vuelo carguero con cinco tripulantes con destino a Mogadiscio, en Somalia. El aparato, un veterano De Havilland Buffalo, sufrió problemas en vuelo y se estrelló en la costa, a unos 20 kilómetros de la capital somalí. No hubo supervivientes.
El 12 de junio se produjo el peor accidente del año, tanto por el número de víctimas como por las circunstancias del siniestro. Un Boeing 787 Dreamliner de Air India se estrelló poco después de despegar del aeropuerto internacional Sardar Vallabhbhai Patel, en Ahmedabad. El avión cayó sobre una residencia de estudiantes situada aproximadamente a kilómetro y medio de la cabecera de pista. Fallecieron 241 de los 242 ocupantes del avión, que tenía como destino Londres-Gatwick, así como 19 personas en tierra. El único superviviente logró abandonar la zona del impacto por su propio pie, en uno de los episodios más sorprendentes del año.
En julio, el día 8, se produjo el único accidente fatal relacionado con una compañía española, aunque por una circunstancia totalmente ajena a la operación aérea. Un Airbus de Volotea se preparaba para rodar en el aeropuerto de Bérgamo cuando una persona ajena a pasajeros, tripulación o personal aeroportuario accedió a la plataforma y se arrojó contra uno de los motores del avión, en un suicidio que causó una víctima mortal.
Ese mismo mes, el día 24, un Antonov AN-24 operado por la rusa Angara Airlines realizaba un vuelo entre Khabarovsk y Tynda, con escala en Blagoveshchensk. Aunque la primera parte del trayecto se desarrolló con normalidad, el mal tiempo durante la segunda etapa provocó la pérdida de control del aparato, que se estrelló en un bosque cercano al aeropuerto de destino.
Los 48 ocupantes fallecieron en el impacto.En octubre, un Boeing 747 carguero de una compañía turca, fletado por Emirates, sufrió una salida de pista el día 20 en el aeropuerto de Hong Kong tras aterrizar procedente de Dubái. Los cuatro tripulantes del avión sobrevivieron, pero el accidente fue fatal al colisionar el aparato con un camión de servicio aeroportuario que acabó en el agua. Dos ocupantes del vehículo murieron ahogados.
Una semana más tarde, el día 28, un Cessna Caravan dedicado a vuelos chárter hacia campamentos base de safaris se estrelló cerca de Kwale, en Kenia. En el accidente falleció uno de los pilotos y los diez turistas europeos que viajaban a bordo.
Durante noviembre, el aeropuerto de Louisville, gran centro de operaciones de UPS, fue escenario de un grave accidente. Un McDonnell Douglas MD-11 carguero se estrelló durante el despegue tras desprenderse uno de sus motores, provocando un incendio en plena rotación. El avión cayó sobre instalaciones industriales próximas al aeropuerto, causando la muerte de los tres tripulantes y de una docena de personas en tierra.
Finalmente, en diciembre, un Cessna 650 de la operadora Jetpro SA se estrelló a dos kilómetros del aeropuerto de Toluca, en México, durante la fase final de aproximación de un vuelo privado procedente de Acapulco. El reactor perdió el control y acabó impactando contra instalaciones deportivas y un almacén. Fallecieron sus diez ocupantes.
El último accidente del año se produjo el 23 de diciembre, cuando un Dassault Falcon 50 operado por la compañía maltesa Harmony Jets Malta se estrelló al sur de Haymana, en Turquía. El avión, que volaba entre Ankara y Trípoli, sufrió fallos de motor y no pudo regresar al aeropuerto de salida. Fallecieron los ocho ocupantes, dos pilotos y seis pasajeros.
