
Sin presupuestos y con un Gobierno en funciones, Bulgaria se ha convertido este 1 de enero en el vigésimo primer país en ingresar en el euro. El estado excomunista culmina así su integración europea, casi dos décadas tras su entrada en la UE. Pero este hito llega en plena crisis política y entre un gran escepticismo por parte de la población sobre las virtudes de la moneda única, debido en buena parte al temor de que provoque una importante subida de los precios. Casi la mitad de los búlgaros, el 49%, está en contra de la entrada en el euro, según el último barómetro europeo. Bulgaria es uno de los países más pobres de los 27, con un sueldo medio de 1.300 euros.
La adhesión de este país de 6,4 millones de habitantes se produce menos de un mes después de la dimisión del primer ministro conservador Rosen Zhelyazkov y de su gobierno de coalición a principios de diciembre, tras las protestas masivas en contra de la corrupción y de los presupuestos de 2026, los primeros elaborados en euros. Están previstas elecciones legislativas en primavera, que serán las octavas en cinco años.
El PIB del país se ha multiplicado por cuatro desde su ingreso en la Unión Europea en el 2007
La incertidumbre ensombrece así lo que debía ser la culminación de un largo proceso de incorporación a la eurozona, tras el ingreso en la Unión Europea en el 2007, junto a su vecina Rumanía. Oficialmente en “sala de espera” del euro desde la incorporación de su moneda en el 2020 al mecanismo de tipos de cambio (MTC II), el país recibió la luz verde definitiva de Bruselas este verano, después de lograr reducir su tasa de inflación al 2,7%. Entonces, se fijó el tipo de conversión en 1,95 levas por cada euro.
Ambas monedas podrán utilizarse hasta el 31 de enero y a partir del 1 de febrero el euro se convertirá en la única divisa válida.
Al descontento por la corrupción y la inestabilidad, que aplaza la posibilidad de emprender reformas estructurales, se suma una población dividida ante el euro. El miedo entre muchos búlgaros es el de una espiral inflacionista. Ante estos temores, el Gobierno en funciones indicó esta semana que impondrá sanciones a los comercios que implementen “subidas de precio injustificadas”.
Según admitió la presidenta del BCE, Christine Lagarde, en una reciente visita a Sofía, los países que han ingresado en la zona euro han experimentado de media una subida de los precios de entre el 0,2% y el 0,4%. En el caso de Croacia, el último país en
ingresar en el 2023, el aumento fue del 0,4%, aunque ese efecto, aseguró, se desvaneció rápidamente.
En cambio, cerca del 70% de los empresarios ven con buenos ojos la entrada en la zona euro, que suma más de 350 millones de habitantes, según una encuesta del instituto Alpha Research.
Lo cierto es que el balance de la economía del país desde su incorporación a la Unión Europea ha sido positivo, con un PIB que se ha multiplicado por cuatro hasta superar los 111.000 millones de dólares, según Bloomberg, y una deuda pública que se encuentra por debajo del 30%, y se sitúa de esta manera, entre las más bajas de la UE.
Detrás de los temores de parte de la población, algunos analistas apuntan a las campañas de desinformación orquestadas por políticos prorrusos y por las redes sociales. “Cuanto más avance Bulgaria en su integración, más difícil le resultará a Rusia tener influencia en el país”, destaca Dimitar Keranov, del German Marshall Fund en Berlón, a Associated Press.
