Fernandine, parisino de 19 años, regresó este viernes a las puertas de Le Constellation para buscar respuestas que no tiene. Su hermano es uno de los 80 heridos críticos hospitalizado en Suiza y que fue rescatado de la ratonera en la que se convirtió la noche de Fin de Año la discoteca de la estación de esquí de Crans-Montana, en el cantón suizo de Valais.
El joven habla pausado, casi como un autómata, todavía en shock por lo vivido. Llegó a la sala pasados unos minutos de la medianoche, con su novia, su hermano, y un grupo de otros cinco amigos, de entre 18 y 19 años, siete en total. Todos se encontraban en la planta subterránea de la sala, despidiendo el año con la alegría que merecía el recibimiento del nuevo. Teléfono en mano, Fernandine también grabó numerosos vídeos con jóvenes celebrando y las botellas de champán con bengalas que algunos alzaban al techo entre saltos y júbilos. Imágenes que ha compartido con La Vanguardia.
Su relato coincide con el de otros muchos supervivientes que apuntan a la pirotecnia de esas bengalas las que iniciaron el fuego en el material aislante que cubría el techo del local. El joven no tiene ninguna duda del origen del incendio y niega, que se produjeran explosiones. “No, no hubo ninguna explosión. Los fuegos artificiales de las bengalas de las botellas champán prendieron fuego al techo, que estaba hecho de espuma aislante”, aseguró.

Del grupo de siete, su hermano permanece en estado crítico, sedado, y otros cinco, hospitalizados, “con dolor insoportable, pero se recuperarán”, dice. “Rezo por mi hermano a todas horas para que viva”, balbucea conmocionado.
Al joven le cuesta encontrar las palabras para definir lo que vivió. “Las escenas de guerra que he visto en el cine se parecen mucho”. Fernandine logró salir del bar, aún no recuerda cómo, y tras llamar a gritos a su hermano y a su novia, sospechó que podían seguir dentro y volvió a entrar, por lo menos en dos ocasiones tratando de encontrarlos.
“Estaba completamente quemado. Solo podía ver los dientes. Pesaba mucho, pero logré arrastrarlo hasta la puerta. Espero que haya vivido”
“Buscaba a mi hermano, a mi novia y a mis amigos, y no podía pensar en dejarlos allí, en medio del fuego, mientras yo estaba vivo fuera”. Una vez dentro y pese al humo que le impedía respirar y apenas ver, descubrió a alguien junto a una escalera que se movía. “Estaba completamente quemado. La ropa estaba quemada. No podía reconocer si era una mujer o un hombre. Solo podía ver los dientes. Pesaba mucho. Era pesado, pero logré arrastrarlo hasta la puerta, donde lo recogieron unos bomberos. Espero que haya vivido”.
Homenaje floral a las víctimas de la tragedia de la estación de esquí en Suiza
Aún regresó nuevamente al interior de la sala, sin poder permanecer mucho tiempo por las altas temperaturas y el humo que hacía del lugar un espacio irrespirable. En ese instante, recibió una llamada de su novia. Estaba viva. Le dijo que la iban a trasladar en una ambulancia de los bomberos, que localizó y a la que le permitieron subir en el asiento del copiloto. Llegaron en pocos minutos a un espacio deportivo en Arnouva. “Solo había bomberos y técnicos de ambulancias, no había médicos todavía que pudieran repartir analgésicos a los que se quejaban del dolor. Solo se repartieron mantas ignífugas y unas mascarillas de gel para calmar las quemaduras”.
Junto a un amigo de su hermano de 17 años, que como él tenía quemaduras leves, se ofreció a ayudar a los bomberos. “Nos pidieron que repartiéramos agua y azúcar para que se mantuvieran despiertos hasta que empezaron a llegar los médicos”.
