“Siempre veo los retos como una oportunidad”, dice. Desde el 1 de enero Michael Leiters está al frente de Porsche. A sus 54 años, a este ingeniero mecánico alemán le llega uno de los mayores retos de su carrera. El de sacar a la marca de la depresión que arrastra. Tras pasar por Ferrari y McLaren, vuelve a la casa donde ya había estado por más de una década, pero con una situación muy distinta a la actual.
A Leiters siempre le ha interesado la parte técnica de los coches. La potencia. Relata que de pequeño, cuando iba en el coche con su padre en el asiento de atrás, se tiraba hacia adelante para ver qué hacía, qué tocaba, si se podía ir más rápido… Nada mejor que Porsche para dar rienda suelta a esa sed. Reemplaza a Oliver Blume, quien a la vez estaba al frente del Grupo Volkswagen, la matriz. Una doble faceta criticada entre propios y ajenos por la falta de dedicación total.
Michael Leiters Gusi Bejer
Porsche está en medio de una tormenta perfecta. Los puristas critican que las ansias de electrificación, luego abortadas, han mareado e impactado en su esencia, la de sentir el rugido del motor al tomar el volante. En el negocio acumula turbulencias. En China, que hasta hace poco era su gran mercado y maná, el lujo lo protagonizan hoy marcas locales como Yangwang y Denza, de BYD, o Maextro, de Huawei y JAC. En el gigante asiático Porsche vende un 25% menos este año, con 32.195 coches. Es menos de la mitad que en el 2022. En otro frente, en EE.UU. los aranceles también la golpean con unos 700 millones de euros al no producir allí.
Pese a unos primeros objetivos ambiciosos, como otras marcas Porsche ha enfriado su plan de electrificación, ahora apostando por hibridaciones y la combustión. El giro ha provocado un impacto de más de 2.000 millones. Leiters puede ser muy útil: en Ferrari, donde fue director de tecnología ocho años, rompió moldes con las primeras hibridaciones y siempre ha defendido pasos intermedios más que una apuesta total por lo eléctrico. Y que venga sin presiones de los reguladores. Coger el volante “no va solo de rendimiento, también de emociones. De cómo percibes el sonido, la aceleración o el cambio de marchas. Si te vuelves eléctrico, mucho de eso se pierde”, defendió en su día. Su fórmula combina técnica, velocidad y sentimiento.
El alemán, que en su primera etapa fue parte clave en el Cayenne, enfrenta un negocio a la baja
Con un cliente aún desorientado, la situación de Porsche se plasma en recortes de ventas (-11% general), de previsiones, de miles de empleos y en unos márgenes que pasan de referencia del sector a casi nulos. Hasta el tercer trimestre, las cuentas más recientes, el beneficio operativo asciende a 40 millones. Hace un año eran 4.000 millones… Si se mira solo de julio a septiembre, pierde 966 millones por los ajustes contables de la electrificación. Con estas cifras sufre un prolongado castigo bursátil: la acción de la compañía se ha dejado más del 20% en el 2025, y la mitad del valor desde su salto a bolsa en el 2022.
Porsche ya había sido la casa de Leiters: aterrizado en el 2000, estuvo más de 13 años en puestos diversos de la alemana. Lo hizo dejando huella: participó en la concepción del Cayenne, modelo clave para la marca, y acabó dirigiendo su gama y la del Macan. Apasionado de la velocidad, al anunciarse el nombramiento, Blume destacaba de Leiters su experiencia en los vehículos deportivos. Viene de ser el consejero delegado de McLaren, cargo que dejó hace unos meses. Gestionar crisis no le resulta nuevo. En la británica, en tres años dio la vuelta a un negocio golpeado por la covid, con una transición medida en lo eléctrico. Antes se había dado su etapa en Ferrari. De los alemanes ha aprendido a ser organizado, a prepararse para evitar problemas. De los italianos, a resolver líos que van surgiendo. Gracias a estas etapas combina bien la visión internacional con la de conocer la casa que requiere Porsche.
Definido como analítico y de mente fría, para Leiters el jefe tiene que dar tanto como exige a los empleados. Ha señalado que el liderazgo pasa por la credibilidad y lo predecible, algo que falta en Porsche. Entre el trabajo y la vida, su familia –casado, con dos hijos– es lo más importante, confiesa. Para relajarse hace deporte, desde el tenis al senderismo. Y duerme. Que en la marca viva un sueño o una pesadilla dependerá de su conducción.
