Los beneficiados del armamentismo europeo

Un primer escenario posible para Europa en este 2026. Acuerdo de paz en la guerra de Ucrania que alumbre un rosáceo futuro inmediato. Aunque Donald Trump abrió el camino entregado a Vladimir Putin, la presión de los líderes europeos, encabezados por Emmanuel Macron y Friedrich Merz, consigue cambiar el rumbo de las negociaciones y el pacto garantiza la seguridad de Ucrania y con ella la de Europa. Se reduce la tensión geopolítica, con el consiguiente acercamiento hacia Rusia y una mirada más positiva hacia China. A rebufo del fin de la guerra, la economía europea se vigoriza, caen los costes de la energía, se recuperan mercados, crecen las inversiones y la confianza empresarial y se reducen los costes financieros.

Como resultado de la distensión exterior y de la mejora de la economía, se contiene el gasto militar y se elevan las expectativas de la población, que mejora sus condiciones de vida y se relaja el debate público sobre los recortes del estado del bienestar, léase pensiones y servicios sociales. ¿Qué probabilidades existen de que ese sea el curso inmediato de los acontecimientos? Los analistas llevan meses dándole vueltas al asunto y no acaban de ponerse de acuerdo, pero parece que las cosas no avanzarán por un sendero tan optimista.

Es más probable un escenario militar intermedio, pero con consecuencias económicas y políticas completamente diferentes . Que el acuerdo para el fin de la guerra de Ucrania avance, pero sobre la base de un entendimiento temporal entre Trump y Putin antes que con los teóricos socios europeos del primero. Lo que implicará que tanto rusos como norteamericanos podrán seguir alegremente a lo suyo y lo harán. Último ejemplo la Venezuela de Nicolás Maduro; próxima escala, Irán.

Mientras, la Unión Europea seguirá sometida a enormes presiones externas. Aunque la economía cerró el año mejor de lo presagiado, según el propio Banco Central Europeo (BCE), lo cierto es que la tenaza que forman las presiones comerciales de EE.UU. vía aranceles y las crecientes importaciones de China, directamente o a través de terceros países, está estrangulando el tejido industrial europeo.

FILE PHOTO: A F-35 jet lands on the runway of the USS Carl Vinson aircraft carrier during the Rim of the Pacific (RIMPAC) military exercises about 100 miles south of Oahu, Hawaii, U.S. July 19, 2024. REUTERS/Marco Garcia/File Photo

Un F-35 de EE.UU.; Europa tiene pedidas a su fabricante más de 650 unidades

Marco Garcia / Reuters

Veamos el estado de la economía. En Francia se habla de una nueva oleada de desindustrialización, a causa de una larga cadena de cierres empresariales, mientras que Alemania e Italia padecen también las consecuencias, aunque en estos dos últimos casos algunos matizan el fenómeno y hablan de evolución de la base manufacturera. Se mezclan los efectos positivos de un ciclo económico al alza con una realidad de fondo de declive industrial marcado, en especial, en sectores como el automóvil y la química industrial. En ambos casos, ejes centrales del modelo económico alemán, especialmente amenazado por la potencia China. En esta coyuntura, España seguiría a lo suyo al menos un par de años más, aunque con el lastre creciente de una Europa perdiendo fuelle.

Los grandes pedidos de tecnología avanzada siguen dirigiéndose a EE.UU. e Israel

Como que es impensable que un armisticio ponga fin a la carrera militar en Europa, a la que está abocada por las exigencias de EE.UU. y la invasión de Ucrania, en este orden político y cronológico, cabe preguntarse si este keynesianismo militar, servirá para sacarla del estancamiento económico en el que se desenvuelve los últimos lustros. De entrada, las grandes empresas europeas de defensa han logrado este año beneficios históricos, 5.000 millones, ( Financial Times del pasado 30 de diciembre).

No existen precedentes de que el gasto militar sea compatible con la mejora o incluso el mantenimiento de las condiciones de vida de los ciudadanos de los países afectados, a menos que se ocupe la posición hegemónica en el sistema mundial. En el caso europeo parece aún menos probable.

Primero, porque resulta imposible optimizar las políticas de gasto de los socios europeos. El último ejemplo, el nuevo aplazamiento indefinido del proyecto de caza debido a las pugnas entre Alemania y Francia sobre quién lo dirige. No habrá, a medio plazo, unificación de la política europea en defensa, lo que dispersa el gasto, imposibilita las economías de escala y en esencia, abre la puerta a una estéril pugna política entre los diferentes estados.

Segundo, el dinero de los nuevos grandes presupuestos en defensa parece destinarse sobre todo a la compra de sistemas avanzados a EE.UU. e Israel. En el último gran plan de gasto aprobado por el Bundestag alemán, hace dos semanas, por 50.000 millones, el destino principal es un multimillonario programa de compra de misiles Arrow 3 a Tel Aviv. El anterior gobierno, el del socialdemócrata, Olaf Scholz, en un sesgo similar, había encargado a Washington 35 aviones de combate F-35, con un coste que podría alcanzar los 10.000 millones. Y Merz ha anunciado que desea adquirir otra quincena adicional.

Hasta 650 unidades de ese avión de combate están en proceso de adquisición por los países europeos. Además de que implica la renuncia a comprar el futuro avión de combate europeo, esa opción supone un éxito claro para el objetivo de Trump de que la elevación de los presupuestos militares europeos sirva para agrandar la cartera de pedidos de las empresas armamentísticas estadounidenses y reducir el déficit comercial del país.

Las grandes de la defensa de Europa obtendrán este año beneficios récord de 5.000 millones

Es inimaginable elevar la productividad y cambiar el modelo económico, generando compañías líderes mundiales, si el grueso del gasto se destina a compras al exterior y las realizadas en el interior se dirigen a las ramas con menor aportación tecnológica o esta solo representa un porcentaje mínimo del gasto. Apenas investigación avanzada.

En resumen, una carrera de armamentos que desangrará las políticas sociales de los estados implicados, incentivando el populismo y la polarización social, sin dar lugar a un renacimiento económico europeo.

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