
A los previsibles propósitos de dejar de fumar, comer mejor, hacer más deporte y leer más, deberíamos añadir el de una mejor dieta digital. No conozco a nadie que se lo plantee aunque tiene una influencia directa en el resto. De la dieta digital depende cómo trabajamos, cómo nos informamos, cómo nos divertimos y cómo nos relacionamos.
El equivalente digital a dejar de fumar sería dejar la red X. El último escándalo –el primero del año– es la publicación de imágenes sexuales de menores generadas con Grok, la IA que Musk regala a todos los usuarios. También se han publicado imágenes de mujeres con signos de tortura generadas con la propia IA. ¿Se ha disculpado Musk? No, todo lo que ha hecho es publicar un tuit generado por Grok, ¡como si una IA fuera un agente moral o tuviera responsabilidad jurídica alguna! Musk se enfrenta a multas millonarias en Europa a las que la administración estadounidense ya ha dicho que responderá (si en Venezuela la guerra es por el petróleo, en Europa es por nuestros datos).
Tres propuestas de resoluciones para una mejor dieta digital
También podríamos mejorar la dieta cambiando el navegador. No es una resolución menor; es cambiar la puerta de entrada a Internet. La gracia es que no cuesta dinero, no es irreversible y no exige heroísmos. Por ejemplo, en lugar de Chrome, que utilizan el 71,3% de ustedes, puede utilizar Vivaldi, un navegador tan potente como Chrome, hecho en Noruega y que respeta la privacidad del usuario.
También podríamos mejorar cambiando de buscador. Lo utilizamos miles de veces al año sin pensar en qué criterios tiene quien ordena el mundo por nosotros. Borges nos demostró con su clasificación de los animales en ‘El idioma analítico de John Wilkins’ que las categorías no son inocentes. El buscador decide qué es visible y qué no, en qué cajón va y en qué orden. Una buena alternativa a Google es Qwant, buscador francés que “te valora como usuario, no como producto”. Buscar no es una acción neutral y que delegar criterio es una decisión política.
La última resolución es probablemente la más revolucionaria: volver a decidir lo que leemos. Durante más de una década hemos aceptado que algoritmos opacos decidan qué leemos y en qué orden. Si lo cambiamos por una línea de tiempo cronológica –RSS, boletines, webs visitadas conscientemente– haremos un uso más responsable de la información que dejará de ser adictiva. A esto, en 2010 lo llamábamos ‘feeds’. Volver a suscribirse a los medios que queremos leer y elegir las fuentes; todo bajo nuestro control, sin desplazamiento infinito. Puede probarlo con Feedly, donde sólo tiene que añadir los sitios web que le interese seguir, los boletines que lea habitualmente o los canales de YouTube que le gusten y lo tendrá todo ordenado por tiempo de publicación, como en 2010.
Me dirá que esto no cambiará nada, pero tampoco una bolsa reutilizable salva el planeta y bien que la llevamos. Los pequeños cambios son poderosos, que decía el ‘Capità Enciam’ (Capitán Lechuga).
