Delcy Rodríguez y el reto de una gobernanza tutelada en Venezuela

Delcy Rodríguez se ha juramentado como la primera mujer en la historia de Venezuela en alcanzar la presidencia. Es la segunda “reencarnación” de una Revolución Bolivariana que, tras capear en su día el temporal por el fallecimiento de Hugo Chávez, intenta ahora sobrevivir a la extracción de Nicolás Maduro a manos de Estados Unidos.

La decisión de que la hasta entonces vicepresidenta ejecutiva tomase las riendas del país, si bien se ajusta a la sucesión natural prevista en la Constitución Bolivariana, quedó sellada por una declaración de Donald Trump. El mandatario norteamericano manifestó su explícito deseo de que fuese ella, y no otra figura, quien encabezara la conducción del país caribeño en este incierto periodo abierto tras la caída de Maduro.

Venezuelan Vice President and Oil Minister Delcy Rodriguez gives a press conference at the Miraflores presidential palace in Caracas, Venezuela, March 10, 2025. (AP Photo/Ariana Cubillos, File)

La vicepresidenta y ministra de Petróleo de Venezuela, Delcy Rodríguez, ofrece una conferencia de prensa en el palacio presidencial de Miraflores en Caracas, Venezuela, el 10 de marzo de 2025. 

Ariana Cubillos / Ap-LaPresse

Cómo se convenció Trump de que Rodríguez era la pieza indicada sigue siendo objeto de especulaciones. No obstante, parece decisiva la valoración de la Casa Blanca sobre la incapacidad de la oposición para controlar el poder y garantizar estabilidad inmediata. Washington ha apostado por una transición organizada y menos traumática, mostrando que no le urge tanto el retorno a la vida democrática como asegurar sus intereses estratégicos y comerciales en la región.

Trump manifestó su explícito deseo de que fuese Delcy quien encabezara Venezuela tras la caída de Maduro

Sin embargo, la oferta de Trump es un dardo envenenado. “Si no hace lo correcto, pagará un precio probablemente más alto que Maduro”, advirtió el líder republicano al referirse a este pacto de gobernanza que permite a la hermana del presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez mantenerse en el poder. Para Trump “lo correcto” implica acceso total a la riqueza petrolera venezolana y aceptar una especie de tutelaje sobre Venezuela cuyo alcance operativo aún está por definir. “Nosotros estamos a cargo”, ha dicho el líder norteamericano al referirse a Venezuela.

Y es allí donde el escenario se complica para una Delcy Rodríguez que no solamente deberá lidiar con el impredecible y temperamental presidente de los Estados Unidos, sino que en paralelo tendrá que convencer a los suyos que la Revolución Bolivariana sigue siendo independiente y que su llegada al poder no fue el resultado de una traición contra Nicolás Maduro.

De ahí la naturaleza ambivalente de sus primeras intervenciones. La primera fue vía telefónica, poco después de confirmarse la extracción de Maduro. Con tono desafiante, Rodríguez exigía a los Estados Unidos que se ofreciera una fe de vida de la pareja presidencial y condenaba enfáticamente la agresión cometida. Horas más tarde, en la reunión del Consejo de Defensa de la Nación, ratificó su postura y recordó que “aquí hay un solo presidente, y se llama Nicolás Maduro”.

Marco Rubio sugiere que ignorará la retórica de la nueva cúpula para juzgarla exclusivamente por sus acciones

Pero en menos de 24 horas, el tono de la presidenta encargada dio un viraje significativo y en un comunicado pidió a los Estados Unidos “trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación y avanzar hacia un relacionamiento internacional equilibrado y respetuoso entre ambas naciones”.

El acto de juramentación de Delcy Rodríguez ante la nueva Asamblea Nacional también tuvo dos narraciones que discurrieron en simultáneo. Mientras en el hemiciclo todas las facciones del chavismo se alineaban a sus órdenes y hasta Nicolás Maduro Guerra, hijo del recién depuesto mandatario, tuvo que mostrar su complacencia con la investidura de la nueva mandataria.

Pero en las afueras del Palacio Federal Legislativo alguien del Gobierno (y uno supone que no fue ella) parecía interesado en que la represión fuese protagonista de la jornada y dañar así la fiesta de la juramentación. Al menos 14 periodistas de medios y agencias internacionales que hacían cobertura del evento fueron detenidos y obligados a borrar los materiales que tenían en sus teléfonos celulares. Todo mientras en Caracas se reportaba la presencia de grupos armados oficiales y paraoficiales que detenían a la gente, revisaban vehículos y exigían a los ciudadanos desbloquear los móviles para revisar las conversaciones para dejar claro que la apertura hacia la democracia es algo que tendrá que esperar.

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En esta insospechada sociedad que se plantea entre Washington y Caracas, hasta ahora la Casa Blanca ha cumplido con su parte: dio la bendición al cambio de mando y hasta los buques petroleros sancionados que estaban en puertos venezolanos comenzaron a salir sin que la flota norteamericana los retuviera. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha sugerido que ignorará la retórica de la nueva cúpula para juzgarla exclusivamente por sus acciones.

Toca ver cuáles son esas acciones que están esperando y si más allá de la facilitación de posiciones para que Estados Unidos haga negocios en el país como hasta ahora es la única certeza, también incluyen señales de apertura democrática, liberación de presos políticos o algún castigo para figuras emblemáticas del régimen que simbolizan la represión o la corrupción. Eso es lo mínim que esperan millones de venezolanos.

Pero no hay que perder de vista que cualquier concesión a Estados Unidos pone en riesgo la frágil unidad que en estos momentos sostiene internamente al régimen chavista que ahora encabezan los hermanos Rodríguez.

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