La gran batalla del bazar de Teherán

El martes, en el décimo día desde que comenzaron las protestas en Irán, los comerciantes del Gran Bazar de Teherán  -considerado un termómetro del estado de ánimo popular y uno de los pulmones de la economía, a pesar de que su importancia ha declinado- habían convocado una protesta al mediodía. El descontento entre los tenderos por el alza de los precios es tal que desoyeron la amenaza lanzada horas antes por el secretario del brazo judicial, que había advertido que no habría indulgencia para los “alborotadores”.

Llegada la hora, los comercios bajaron sus rejas y los pasillos abovedados de este centro comercial cubierto que se extiende a lo largo de varios kilómetros por el centro de la capital, empezaron a llenarse de personas. Pero nada más oírse los primeros gritos de “Azadi, azadi -libertad, libertad-”, el bazar se convirtió en un campo de batalla con gente corriendo en busca de refugio, ruido de explosiones y disparos.

Las fuerzas de seguridad desplegadas lanzaron gases lacrimógenos para disolver a los manifestantes mientras que otro grupo de policías bloqueó los accesos al bazar, en las que cada día se reúnen decenas de miles de personas entre comerciantes y compradores.

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Fuerzas de seguridad iraníes lanzan gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes en el bazar de la capital 

– / AFP

Había decenas de uniformados con sus armas apuntando al cielo y grupos de motociclistas, miembros de las milicias de la República Islámica y que se agrupan bajo el nombre genérico de ‘Basiji’. “El fin les llegará pronto”, les gritó un hombre mayor que estaba parado frente a un local de comida.

“Esto es una guerra, corran”, gritaba una mujer que trataba de alejarse del lugar. Las explosiones de las bombas lacrimógenas se sucedían a intervalos y las columnas de humo se levantaban dentro del bazar. Muchos corrieron para protegerse en el metro, donde podía verse a gente llorando o con quemaduras en los ojos. “Yo estaba buscando protección cuando un gas cayó muy cerca de mí”, contó Ali, de 32 años que trabaja vendiendo camisas.

“He visto muchas protestas, pero nunca había visto enfrentamientos así, esto es diferente”, explicaba minutos más tarde un hombre de 50 años, propietario de un local de grifería en las cercanías del bazar. Pidió no dar su nombre por seguridad. Varios coches acorazados estaban desplegados cerca de su local, algunos de ellos preparados para llevarse a personas detenidas.

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Protestas en Teherán mientras las fuerzas de seguridad iraníes lanzan gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes 

– / AFP

Desde la victoria de la Revolución Islámica en 1979 la relación del gran bazar de Teherán  con el ‘Nizam’, el sistema [sinónimo del complejo político-militar que gobierna el país], ha cambiado considerablemente. Después de ser su principal apoyo, se ha ido distanciando de las autoridades. “Hoy se puede decir que un 70% de los comerciantes del bazar está en contra, y el 30% restante lo apoya”, dice el propietario de la tienda de grifos. Y si bien en protestas pasadas un sector del bazar las había apoyado con el cierre de los locales, nunca se había visto una movilización tan extendida como la del martes, explicaba. De la misma manera que tampoco se había visto una represión de esta magnitud en el bazar.

“Ellos le tienen mucho miedo al bazar”, explicaba Ehsan, un hombre de 52 años que regenta un local de objetos del hogar en las cercanías del centro.

El martes quedó en evidencia que el gobierno iraní, a la cabeza del cual está Massoud Pezeshkian ha fracasado en su intento de reconducir las protestas, como aseguró después del 28 de diciembre, cuando decenas de comerciantes dedicados al negocio de la telefonía móvil, protestaron por el alza en el tipo de cambio del dólar, que ha alcanzado máximos históricos (después de haberse apreciado un 45% en seis meses).

En los últimos días se han aplicado medidas económicas que buscan enviar un mensaje de calma a la población, pero no han tenido éxito. El martes el dólar volvía a alcanzar otro tope histórico. Para muchos, cualquier medida que se tome llega demasiado tarde.

El golpe en Venezuela resuena de una manera especial en la cúpula de la República Islámica

La brecha entre los que gobiernan la República Islámica y la población ha ido en aumento cuanto más ha aumentado la represión de unas protestas que tienen su origen en la mala situación económica que atraviesa el país y la mala gestión de la corrupción por parte de las autoridades.

“Esto es el fin, se tendrán que ir”, explicaba Mohsen, propietario de un restaurante callejero en el centro de Teherán que se hacía eco de lo que se oye estos días en Teherán: que el fin de la República Islámica está cerca. Es una afirmación que no tiene ningún fundamento que la respalde, pero es una idea muy extendida entre un sector de la población. Todavía más después de lo sucedido en Venezuela, en un ambiente en el que resuena con fuerza la amenaza de Donald Trump: “si empiezan a matar a gente como en el pasado, recibirán un duro golpe de Estados Unidos”.

Nota de la redacción: según las organizaciones de derechos humanos han muerto 26 personas desde el inicio de las protestas. Entre ellas, un policía apareció muerto por herida de bala este martes en el oeste del país.

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