El Papa alerta sobre la invasión de fronteras y pide respeto al pueblo venezolano

Robert Francis Prevost es un Papa poco dado a los eslóganes. Y, sin embargo, en la Sala Regia del Palacio Apostólico, León XIV se dirigió así a los embajadores acreditados ante la Santa Sede: “La guerra ha vuelto a estar de moda”. Para demostrar que no se trataba de una frase hecha, el Pontífice recorrió todas las zonas del mundo atravesadas por la violencia: Ucrania y Gaza, por supuesto, pero también América Latina y África.

El discurso al cuerpo diplomático es siempre la ocasión en la que los Papas se expresan de forma más extensa sobre las grandes cuestiones internacionales, mucho más que en las breves intervenciones de un ángelus o de una homilía. Por eso existía una gran expectación por conocer la posición del Pontífice estadounidense ante las sacudidas del orden internacional, especialmente tras la operación que condujo a la detención del presidente venezolano, Nicolás Maduro.

Prevost nunca mencionó a Donald Trump, ni a Vladimir Putin, pero algunos pasajes resultaron elocuentes. Como cuando, citando a san Agustín, advirtió de “los graves peligros para la vida política que entrañan las falsas representaciones de la historia, el nacionalismo excesivo y la distorsión del ideal del líder político”.

En ese mismo marco, el Papa denunció la ruptura de uno de los principios establecidos tras la Segunda Guerra Mundial: la prohibición de utilizar la fuerza para violar las fronteras de otros países. “La paz ya no se busca como un don y como un bien deseable en sí mismo; se persigue mediante las armas, como condición para afirmar el propio dominio. Esto compromete gravemente el Estado de derecho, que es la base de toda convivencia civil pacífica”, afirmó.

Refiriéndose directamente a Venezuela, León XIV renovó su llamamiento a respetar la voluntad del pueblo venezolano y a comprometerse con la tutela de los derechos humanos y civiles, así como con la construcción de un futuro de estabilidad y concordia. El Papa volvió a condenar la prolongación de los conflictos armados, reclamó un alto el fuego y reiteró “la plena disponibilidad de la Santa Sede para acompañar toda iniciativa que favorezca la paz y la concordia”.

Sobre Oriente Próximo, el Pontífice condenó “el aumento de la violencia en Cisjordania, perpetrada contra la población civil palestina, que tiene derecho a vivir en paz en su propia tierra”, y pidió, en relación con Gaza, “toda iniciativa diplomática que garantice a los palestinos de la Franja un futuro de paz y de justicia duraderas en su tierra”.

Más allá del plano geopolítico, en el Vaticano suscitaron debate las posiciones firmes del Papa contra el llamado “derecho al aborto seguro”, la maternidad subrogada y la eutanasia. Especial atención despertó también su referencia a la libertad de expresión y a un lenguaje “de sabor orwelliano que, en el intento de ser cada vez más inclusivo, acaba excluyendo a quienes no se adaptan a las ideologías que lo inspiran”.

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