¿Impacta la geopolítica en la economía

El orden político internacional se está redefiniendo con cambios en el papel de las grandes potencias, alianzas que se resquebrajan, regímenes que sucumben y movimientos drásticos en los mercados de muchos productos, especialmente en tecnología, energía y minerales críticos. La incertidumbre geopolítica va a más, con una tensión creciente entre los grandes bloques. ¿Pueden las empresas prosperar en un mundo tan convulso? Muchos nos lo preguntamos. La estabilidad que ofrecía un sistema multilateral basado en reglas del juego aceptadas por todos ha desaparecido. La paradoja es que ese mundo incierto no está afectando al crecimiento económico. ¿Cómo se explica?

El crecimiento global lo impulsan tres fuerzas de demanda, y así será en el 2026 a menos que los desequilibrios que se van acumulando alcancen su punto de ruptura. La primera fuerza es la perspectiva financiera laxa que predomina en todas las grandes economías, con la excepción de Japón. El riesgo es que en EE.UU. la reducción de la inflación no se materialice y los tipos de interés tengan que subir. La fiesta de la bolsa americana terminaría entonces amargamente, con efectos globales. La segunda fuerza es la inversión en inteligencia artificial, que explica gran parte del crecimiento americano. La euforia continúa, pero si la rentabilidad de la tecnología no se vislumbra pronto, ese flujo inversor se detendrá. Si lo hiciera, la economía caería en recesión a no ser que otro sector tomara el relevo. Finalmente, el endeudamiento del sector público también contribuirá a sostener la expansión. Este es un juego de sillas en el que ya participan todas las grandes economías avanzadas, incluso Alemania. A los compradores de deuda pública no parece importarles, hasta el día en que un país (¿Francia?) no tenga donde sentarse.

Inputs

Dos factores van a ser clave en el 2026: el temor a una derrota republicana en EE.UU y el mercado energético

Dos factores políticos van a ser clave en el 2026. El temor a una derrota republicana en las elecciones legislativas de noviembre va a acentuar el activismo expansivo de Trump tratando de aliviar el coste de la vida del americano medio: forzando los intereses a la baja o con pagos directos. El otro factor es el mercado energético, en el que la geopolítica incide claramente. Piezas muy importantes del puzle petrolífero mundial (Venezuela, Irán) son objeto de la disputa entre las grandes potencias. En el mejor escenario, el predominio del eje EE.UU.-Israel facilita el incremento gradual de la oferta, con presión a la baja en los precios. En el peor, el conflicto con el eje China-Rusia provoca el efecto contrario, con restricciones de oferta y subidas de precios, perturbando la positiva estabilidad de los últimos años.

Es cierto que la incertidumbre geopolítica no es buena para la economía, pero a corto plazo la fuerte inercia del ciclo financiero lo domina todo. La expansión continuará hasta que un acontecimiento inesperado, geopolítico o financiero ponga fin a la espiral de deuda del ciclo actual.

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