Confidencializando

Ser político se está convirtiendo en algo muy complicado. Algunos políticos que iniciaron proyectos de manera muy confidencial, porque podían ser bloqueados por otros políticos contrarios a dichos proyectos, un día se encuentran con noticias que explican con todo detalle su proyecto confidencial en un canal de televisión, mientras se les muestra entrando en una reunión de gobierno, llegando en un coche oficial conducido por un chófer.

Un excelente profesor, a cuyas ponencias procuraba asistir porque eran muy estimulantes y generaban reflexión sobre muchos temas de la dirección de empresa, insistía en que “la confidencialidad no existe”. Más de una vez alguien me ha explicado un asunto, pidiéndome que le diera alguna idea o sugerencia, pero insistiendo en que lo mantuviera todo confidencial. Yo siempre lo he respetado; así me lo enseñó mi padre, quien dio gran importancia a este tema.

Si detectas una buena oportunidad, has de lanzarla con gran rapidez

Resultó sorprendente que, en una ocasión, me encontré con alguien que conocía a la persona que me había explicado confidencialmente su problema y, durante una conversación informal, me dijo: “¿Te ha explicado este el problema que tiene con su mujer? Él afirma que es confidencial, pero a mí ya me lo han explicado otros dos amigos; pobre chico, acabará poniendo en riesgo su matrimonio. No se me ocurrió qué decirle ni cómo podría ayudarle”.

Recordemos pues que “la confidencialidad no existe”. Pero esto no es lo malo. Hace años que les digo a mis alumnos en el curso que lancé hace mucho tiempo sobre emprender, que si detectas una buena oportunidad, has de lanzarla con gran rapidez, y si es una buena oportunidad, te llevarás un buen mercado, que puede ser internacional. Si eres muy lento transformando la oportunidad en empresa, es muy probable que alguien “rápido” te copie y se lleve el potencial de ventas y resultados de la oportunidad.

Eso se observa en todos los sectores. Hace muchos años que existían los coches eléctricos, pero este mercado no se desarrolló hasta hace relativamente pocos años, cuando algunos fabricantes los lanzaron, empezaron a venderse y ahora parece que van a conquistar una parte relevante del mercado en los lugares donde se ha facilitado la infraestructura necesaria para la recarga eléctrica.

Algunos fabricantes han lanzado coches híbridos. Parecen una buena solución, pero su precio sigue siendo elevado. Aquí vuelven a entrar en escena los políticos: ¿hay que invertir en facilitar la recarga eléctrica?, ¿hay que ayudar a fabricantes y distribuidores? Son los compradores de los vehículos quienes, en última instancia, tienen –y ya están teniendo– que financiar esta evolución del automóvil.

¿Cuántas personas han explicado confidencialmente lo que iba a hacer su fabricante o su distribuidor de vehículos eléctricos y qué distribuidor tendría los mejores precios? Sigamos recordando que “la confidencialidad no existe”.

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