¿Salvarán la democracia los Demócratas?

Sonará un tanto incoherente en ocasiones y puede que ignore dónde se ubica Albania, pero resulta evidente que Donald Trump es perfectamente consciente de que en las elecciones de medio mandato del próximo mes de noviembre se juega su porvenir político e incluso su futuro penal. El carácter revolucionario de este primer año de su segundo mandato propicia que nos olvidemos de que, en caso de haber perdido las elecciones presidenciales del 2024, hoy estaría cumpliendo más que probablemente una condena en prisión.

Por otra parte, aunque en su caso suponga traicionar el aislacionismo que caracteriza al movimiento MAGA ( Make America Great Again ), Trump no es el primer presidente que, incomodado por las restricciones y contrapesos a sus políticas domésticas, encuentra en la política exterior el ámbito ideal para desplegar su activismo. Si, como pregona su asesor Stephen Miller, vivimos en un mundo real que se rige únicamente por la fuerza, el cielo es el límite para Trump, sea en lo concerniente al petróleo venezolano o a las tierras raras de Groenlandia.

Trump sabe que en las elecciones de medio mandata se juega su porvenir político y su futuro penal

Lo cierto es que esas restricciones y contrapesos no han venido precisamente del Congreso más dócil que recuerdan los siglos, sino de los tribunales de justicia, que, a la chita callando, han puesto palos en las ruedas a algunas de las políticas más emblemáticas de la administración, como las deportaciones masivas de migrantes sin papeles, el despliegue de tropas en las grandes ciudades o los avatares de la política arancelaria.

Curiosamente y como le pasó a su predecesor, una de las principales razones de la baja popularidad del presidente es la llamada asequibilidad, la resistencia de los precios a volver a los niveles pre covid. Pero eso requeriría una recesión de caballo, a lo que, afortunadamente, nada apunta. Todo puede cambiar, pero la inflación parece estancada en torno al 3%, el mercado laboral no presenta despidos generalizados y las bolsas, animadas por las masivas inversiones en el sector de la inteligencia artificial (IA), se mantienen robustas.

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El líder de la minoría demócrata del Senado, Chuck Schumer, junto al líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries (derecha), en el Capitolio el 8 de enero 

JIM LO SCALZO / EFE

Y, sin embargo, el electorado no parece contento con Trump, quien, a pesar de haberse hecho amo y señor del Partido Republicano, presenta números muy pobres no sólo entre el electorado demócrata sino también entre el sector de los independientes, cada vez más decisivo.

La pregunta del millón es si una Cámara de Representantes controlada por la oposición demócrata -muy mal les tendrían que ir las cosas a los republicanos para que perdieran también el Senado-, bastaría para revertir la actual deriva autoritaria de Washington. En otras palabras, ¿sería suficiente que una parte del poder legislativo fuera controlada por la oposición para arreglar el estropicio efectuado por Trump en el mundo durante el frenético año transcurrido desde que volvió a tomar posesión del cargo hace apenas un año? Por el contrario, vista su incivil reacción ante su nítida derrota en las presidenciales del 2020, ¿no es de temer un intento de reversión de los resultados electorales, acompañado de una acentuación de sus actitudes más imperialistas, dada la amplia capacidad de actuación del presidente en materia de política exterior? No se molesten en preguntar al Chat GPT, no se moja ni debajo de la ducha…

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