El cheque con el que el Sha de Persia financió la transición española

“Me tomo la libertad, con todos mis respetos, de someter a tu generosa consideración la posibilidad de conceder diez millones de dólares como tu contribución personal al fortalecimiento de la monarquía española”. Con estas palabras, traducidas del inglés, se dirigió el Rey Juan Carlos I a Mohamed Reza Pahleví, Sha de Persia, en una misiva remitida en junio de 1977. Tal cual la publicó en 1991 Asadolá Alam, ministro del Interior y Primer Ministro del Sha en El Sha y yo, un diario que revela las interioridades de la Corte Imperial en su última década, antes de que la Revolución Islámica eclipsase su esplendor.

El monarca solicitaba, en concreto, ayuda para la Unión de Centro Democrático de Adolfo Suárez, su apuesta personal para liderar la transición, de cara a las elecciones generales que debían confirmar ese tránsito tranquilo hacia la democracia que había planificado el Rey. Se trataba, como explicaba el propio Juan Carlos I al Sha en su misiva, de evitar una victoria del PSOE, aún entonces un partido marxista aunque “parte del electorado no es consciente de ello”, detallaba. Casualidad o no, Felipe González forzó en 1979, antes de llegar al poder, el abandono ideológico del marxismo a riesgo de tensionar el partido en un momento crucial, renunciando para ello a la secretaría general y forzando un congreso extraordinario.

Alam no detalló si realmente Irán financió a la UCD, aunque las relaciones de Estado entre España y el Reino de los persas, ya estrechas –el propio Alam había recibido la Gran Cruz al Mérito Civil de España–, se intensificaron. Como lo hicieron los contratos comerciales entre ambos países tras la firma ese mismo 1977 del Tratado de Amistad y Cooperación entre España e Irán. Los suministros de petróleo iraní, de hecho, explican en buena medida la estabilidad de la economía española en un momento tan crucial para su futuro.

Muestra de esas relaciones de interdependencia en un momento en el que el régimen Teherán también necesitaba el apoyo occidental son las visitas oficiales que los primero Príncipes y más adelante Reyes de España realizaron a Irán en 1969, 1971, 1975 y 1978. Así como la del Sha y la Emperatriz Fara Diva en 1976. Un año antes Mohamed Reza Pahleví había recibido el Collar de la Orden de Isabel la Católica.

Juan Carlos I y Mohamed Reza Pahleví, junto a la Reina Sofía y la Emperatriz Fara Diva durante la visita de Estado de los Reyes de España a Irán en 1978
Juan Carlos I y Mohamed Reza Pahleví, junto a la Reina Sofía y la Emperatriz Fara Diva durante la visita de Estado de los Reyes de España a Irán en 1978

La intensidad de estas relaciones bilaterales llegó al extremo que fueron precisamente los Reyes de España quienes protagonizaron la última visita oficial que recibió el Sha. Fue en junio de 1978, apenas unos meses antes de abandonar el país ante la victoria de la revolución Islámica. Lo hizo con los fastos habituales, llevando a Juan Carlos I y Sofía –cabe suponer que con la aprobación de la Casa Real española– a la Torre Azadi de Teherán, símbolo de la modernización del país que se había convertido en el epicentro de las protestas contra el régimen.

En la cena de gala que cerraba la visita oficial, el Rey se felicitaba en un discurso que ofrecemos íntegro por las excelentes relaciones que mantenían ambos países y por el papel del Sha como garante de la estabilidad y la convivencia en la región, abriendo al mundo un gran país islámico. Sin embargo, ese mismo verano, el incendio del cine Rex en Abadán, atribuido a las fuerzas gubernamentales y en el que murieron cerca de 400 personas y, especialmente, el denominado Viernes Negro, cuando el Ejército disparó a una multitud que se manifestaba en Teherán supusieron el final de un impostado Imperio que trataba de defenderse a la desesperada.

El discurso

Majestad Imperial, con profunda emoción, me levanto para contestar a Vuestra Majestad Imperial y agradecer su cordial bienvenida, la cual aceptamos la Reina y yo como símbolo de la sincera amistad existente entre el pueblo del Irán y el pueblo de España.

Nuestra emoción es aún más grande por el hecho de que es esta la primera vez que visitamos Irán en nuestra calidad de Reyes de España. Los orígenes de la monarquía en nuestros dos países se remontan a la antigüedad y en estos tiempos modernos su ideal se expresa en términos muy sencillos: servir a nuestros pueblos y servir la causa de la paz en el mundo por medio de nuestras largas tradiciones y de nuestro acelerado progreso.

Tradición y progreso. Combinar ambas es, pienso, la clave de las afinidades y de las grandes semejanzas que existen entre nuestras respectivas naciones.

Nuestros dos países se encuentran entre los más claros exponentes de un desarrollo asombroso y rápido

Nuestras actitudes esenciales son muy próximas. Partiendo de sus raíces profundamente religiosas y espirituales, nuestros dos países se encuentran entre los más claros exponentes, por lo que se refiere al desarrollo, de un avance al mismo tiempo asombroso y rápido, y dirigido a la consecución de los objetivos concretos de elevación de los niveles de vida de nuestros pueblos. España es ahora la décima potencia industrial en el mundo y ello lo ha conseguido en sólo dos generaciones.

Sin tradición y fuerza espiritual, la vida no tiene sentido. Pero, la tradición debe ser reavivada en cada momento para convertirla en operativa en nuestros tiempos modernos. Y sabemos muy bien quién ha sido en Irán el que ha despertado hacia el progreso a esa secular tradición. Ha sido la dinastía Pahlaví, cuyos logros –tanto de vuestro padre, como de Vuestra Majestad Imperial– enfrentándose a unas condiciones inicialmente adversas, han sido verdaderamente espectaculares. Vemos hoy en Irán un gran país donde antes sólo existía la memoria de un gran país.

Que me sea permitido expresar, junto con el amor y la hermandad del pueblo de España hacia el pueblo del Irán, nuestra profunda admiración por estas conquistas.

Sabemos muy bien quién ha sido en Irán el que ha despertado hacia el progreso su secular tradición: la dinastía Pahlaví

Y me resulta muy grato que hoy España esté empezando a participar en la gran tarea de progreso de Irán. Desde mi última visita a este país ha habido, en efecto, importantes desarrollos en nuestras relaciones económicas bilaterales. Estas relaciones, que eran prácticamente inexistentes hace tres años, están empezando ahora a alcanzar un cierto volumen que se encuentra en constante incremento, sobre todo en el sector de las obras públicas.

Creo que nuestra cooperación cobra sentido por la similitud de nuestras mutuas experiencias, básicamente, en el proceso de adaptación práctica de la tecnología de última hora a las necesidades de un país en marcha acelerada hacia el pleno desarrollo. Conocemos muy bien vuestros logros y los inevitables problemas, que es preciso vencer para conseguirlos, porque nosotros mismos los hemos igualmente experimentado. Y esta es sólo una de nuestras muchas afinidades históricas, culturales y psicológicas.

”El Islam estuvo presente en España durante siete siglos. Los iraníes se sienten en su propia casa en España lo mismo que nosotros nos sentimos aquí como en nuestra propia casa. Un diplomático persa de la Embajada del Sha Abás a la Corte de Felipe III rápidamente se convierte en ‘don Juan de Persia’ y ello a nadie sorprende, y toma su lugar en la historia española con la mayor naturalidad. Tan normalmente como hoy un gran pintor iraní, Naser Ovisi, viene a trabajar a España y se convierte, me atrevería a decir, en casi un artista español.

Me resulta muy grato que hoy España esté empezando a participar en la gran tarea de progreso de Irán

”El hecho de que estas cosas puedan ocurrir tiene una significación que va más lejos de la pura anécdota. Son también evidentes nuestras afinidades en la esfera internacional. Cuando hombres de Estado de todo el mundo y de cualquier tendencia se refieren a Vuestra Majestad Imperial, no dejan de mencionar la importancia de Irán como factor de influencia estabilizadora y pacificadora en esta vasta área del mundo, bajo la clarividente dirección de Vuestra Majestad.

”Compartimos estos objetivos. Nuestro gran deseo es la paz y el bienestar de todas las naciones de la tierra independientemente de sus ideologías y lejos de toda injerencia, así como el de extender nuestras relaciones a todos ellos, combinando nuestras diferencias de tradiciones con la unidad en el progreso.

”Repito que ello es así en tanto en cuanto no se produzcan injerencias en los asuntos internos ni agresiones contra la integridad territorial. Ante tales acciones o amenazas nos mantendremos firmes. En ambos países creemos en el rigor de los principios, en la moderación y en la decisión, porque nuestro único deseo es el logro de la justicia internacional.

Cabe mencionar la importancia de Irán como factor de influencia estabilizadora y pacificadora

”Esta escuela de sabiduría tiene su ejemplo cada día en Vuestra Majestad Imperial, cuyo prestigio se refleja en todos los foros mundiales, y mantiene intactos sus puentes y contactos con todas las naciones del mundo, cualquiera que sea su ideología. Séame permitido una vez más expresar la solidaridad de España con tan constructivas actitudes y posiciones.

”Para terminar, quiero de nuevo expresar nuestro profundo agradecimiento a esta maravillosa hospitalidad. Es proverbial el estilo y la cortesía del pueblo de Irán. Pero sabemos que vuestra amabilidad proviene de algo aún más profundo: del sincero amor y amistad entre España e Irán. En nombre de la Reina Sofía, de mí mismo y de todo nuestro séquito, levanto mi copa para expresar nuestra gratitud a Vuestra Majestad Imperial, a la Shabanu, y a vuestras autoridades y pueblo, por esta cálida e inolvidable bienvenida.”

José-Ramón Álvarez Sánchez

Redactor de la sección de Continuidad y colaborador del canal Historia y Vida. Ha trabajado en La Revista del Sábado, Deportes, Magazine y Última Hora y ha coordinado el suplemento económico Dinero. Autor de varias obras divulgativas

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