Indignación en Noruega por el acto de Machado de regalar a Trump su medalla de Nobel de la Paz

Después de momentos de terror en su huida por mar rumbo a Oslo -“salimos adelante de la mano de Dios”, afirmó este viernes- para recoger el premio Nobel de la Paz que ganó jugándose todo en su lucha por la democracia en Venezuela, María Corina Machado perdió su galardón, y tal vez algo más, en el Despacho Oval.

El resultado de su gesto estaba cantado. Su adulación a Donald Trump le salió peor imposible. En esa burla institucional perpetrada el jueves, el anfitrión aceptó la medalla mientras que ella se marchó sin el galardón, con unas cuantas buenas palabras, la confirmación de que el líder de Estados Unidos prefiere a Delcy Rodríguez (la que fuera mano derecha del dictador Nicolás Maduro) al frente Venezuela y, además, propició el enfado del comité del Nobel y de Noruega por utilizar el premio como moneda de cambio.

Gay Talese, uno de los grandes de lo que se llamó el nuevo periodismo, siempre remarca que el verdadero motor del buen reporterismo es la curiosidad, que es lo que lleva a preguntar e indagar. En rueda de prensa de más de una hora celebrada en Washington al día siguiente, su regalo a Trump no interesó a los informadores. No hubo cuestiones sobre la reacción del agraciado, lo que dijo en ese momento, ni por las más que crítica reacción que se había producido en Noruega.

Solo un periodista de la cadena Telemundo requirió qué había recibido en contraprestación a su generosa dádiva. “No vine a buscar nada para mi, vine en representación del pueblo venezolano, un pueblo que ha dado su vida para vivir en libertad y que va a ser libre gracias al apoyo de Donald Trump”.

A esa hora ya se sabía que Noruega había replicado con indignación a la decisión de Machado de entregar a Trump su medalla. Políticos de distintos partidos noruegos criticaron esa acción, en tanto el Comité Nobel emitió un comunicado en Oslo en el que indicó que el galardón es inseparable de la persona galardonada.

“Independientemente de lo que suceda con la medalla, el diploma o el premio en metálico, es y seguirá siendo el galardonado original quien quedará registrado en la historia como el destinatario del premio”, declaró este viernes el comité encargado de otorgar el premio.

A su vez, admitió que “los estatutos de la Fundación Nobel no imponen restricciones sobre lo que un distinguido puede hacer con la medalla, el diploma o el premio en metálico. Esto significa que un galardonado tiene la libertad de conservar, regalar, vender o donar estos artículos”. Más de uno de los agraciados lo ha comercializado

María Corina Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025, y Jorgen Watne Frydnes, presidente del Comité Noruego del Nobel, durante una conferencia de prensa en Oslo 
María Corina Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025, y Jorgen Watne Frydnes, presidente del Comité Noruego del Nobel, durante una conferencia de prensa en Oslo Lars Martin Hunstad / Bloomberg

“Aunque Trump haya recibido la medalla, eso no significa que haya ganado el premio de la Paz”, dijo la diputada liberal Ine Eriksen Søreide, exministra de Exteriores, a la televisión pública noruega NRK.

En declaraciones a la misma cadena, el líder del Partido Centrista, Trygve Slagsvold Vedum, afirmó esta misma aseveración y añadió que el hecho de que Trump haya aceptado la medalla equivale “al clásico tonto que tiene que apropiarse de las distinciones y el trabajo de otros”. La presidenta del Partido de Izquierda Socialista, Kirsti Bergstø, sentenció: “Esto es ante todo algo absurdo y sin sentido”.

Sin sentido, sobre todo, por el escaso rédito obtenido. Rodríguez sigue siendo la elegida de la Casa Blanca. Esto queda claro con la visita que rindió a Caracas ese mismo jueves el director de la CIA, John Ratcliffe, que acudió a Venezuela por orden de Trump.

El viaje del cargo más alto del gobierno de EE.UU. al país sudamericano tras el secuestro de Maduro y su esposa, el 3 de enero, tenía como objetivo hablar sobre la cooperación. Ratcliffe transmitió “el mensaje de que Estados Unidos espera una mejor relación de trabajo”, añadió el funcionario.

“No quiero especular, no conozco los detalles”, replicó Machado cuando le cuestionaron por esa reunión. “Ahora, si Estados Unidos recibe de esta señora la información que necesita, es el tipo de cooperación que esperamos. Para muchos esta es una situación difícil de entender y querríamos que esto evolucionara de una manera más rápida, pero, desde luego, pocas personas tienen tanta información sobre la estructura criminal de la tiranía como quien fue parte de su diseño”, añadió sobre Rodríguez, a la que describió como fanática comunista, colaboradora de Rusia, China e Irán y la arquitecta de la estructura del terror.

En su intento de socavar todavía más la imagen de la presidenta interina, Machado aseguró que no tiene acuerdo alguno con el mandatario de EE.UU. y que “Rodríguez se limita simplemente a cumplir las órdenes” de Trump.

Al rato de sus respuestas, el presidente insistió en su apuesta, descartando a Machado. “Si recordáis un lugar llamado Irak, donde todos fueron descabalgados, todos y cada uno, la policía, los generales, esto hizo que todo acabara en manos del Estado Islámico. Yo recuerdo esto”, argumentó.

Y le preguntaron la razón por la que aceptó la medalla del Nobel, que pretende con eso. “Ella me a ofreció. Estuvo muy bien. Dijo que yo había acabado con ocho guerras y nadie en la historia se la merecía más que yo. Y pensé que era un gesto bonito. Y por cierto, es una mujer muy fina. Nunca nos habíamos visto y me impresionó. Volveremos a hablar”, recalcó Trump.

El Comité Nobel intenta salvar la situación

“Los estatutos de la Fundación Nobel no imponen restricciones sobre lo que un galardonado puede hacer con la medalla, el diploma o el premio en metálico. Esto significa que un galardonado tiene la libertad de conservar, regalar, vender o donar estos artículos”, dice en un comunicado

El Comité Nobel noruego se encuentra en el ojo del huracán. La decisión de conceder el Nobel a Machado fue interpretada por algunos como un intento de evitar la ira de Trump tras su agresiva campaña para conseguir el premio.

Las decisiones sobre el Nobel a menudo han generado ira o desconcierto. El premio a Barack Obama en 2009 llegó apenas unos meses después de su primer mandato presidencial en Estados Unidos y precedió a un aumento de tropas estadounidenses en Afganistán. Aung San Suu Kyi, de Myanmar, galardonada en 1991 y quien lideró la oposición a la junta militar que gobernaba el país, fue posteriormente criticada internacionalmente por su insuficiente actuación para evitar la masacre militar de la minoría rohinyá.

Más recientemente, el primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, ganó el premio en 2019 y, doce meses después, se vio envuelto en una guerra civil en la región de Tigray, que dejó cientos de miles de muertos, según el Proyecto de la Guerra de Tigray de la Universidad de Gante.

El premio de la paz es posiblemente el galardón más prestigioso del mundo para la labor diplomática. Es uno de los cinco Premios Nobel establecidos por el testamento de Alfred Nobel, el inventor sueco de la dinamita, fallecido en 1896.

Al marge de la independencia del Comité Nobel noruego y de la ausencia de injerencia del Gobierno en la decisión sobre el premio, existe un componente político: sus cinco miembros son elegidos por el parlamento. Los legisladores han cambiado los criterios para los candidatos cualificados en varias ocasiones en el pasado, buscando distanciar el premio de la política.

María-Paz López Rodríguez

Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia

Francesc Peiron Arques

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