Lo sucedido en Rodalies preocupa. Y no únicamente por el temor a más accidentes sino por la convicción que el servicio necesita de mucho tiempo para su normalización. ¿Cómo se ha llegado aquí? Podemos darle la vuelta a la noria cuanto queramos, pero en el trasfondo de lo sucedido se encuentran, entre otros, tres problemas crónicos del país: una concepción política centralista del Estado, un menoscabo por el avance de la productividad y una clara desconsideración de las clases trabajadoras, las definan como las definan.
Respecto del centralismo, una red de AVE que conecta Madrid con las capitales provinciales forma parte de un ambicioso proyecto para situarla como la principal economía de España y terminar con la anómala situación, en opinión de algunos, de una bicapitalidad (política y económica) como la italiana. Esa aspiración explica la disparidad entre la inversión en AVE y en Cercanías en los 30 años que transcurren entre 1988 y 2018. La AIReF (Spending Review Fase II Infraestucturas de transporte, julio 2020) indica que el AVE sumaba más de 3.000 km, el más extenso de Europa sólo por detrás del de China, y una inversión de 56.000 millones a los que habría que añadir los más de 5.000 km adicionales previstos. Comparen este guarismo con los escuálidos 3.600 millones destinados a la red de Cercanías en toda España en aquellos años. A esta disparidad añadan la de su uso: en 2018, más de 560 millones de usuarios en Cercanías, el 90% del total del transporte de viajeros con un 86% concentrado en las áreas de Barcelona y Madrid, frente a los 30 millones del AVE. Pese a esa baja inversión, Cercanías ha duplicado desde 1990 los pasajeros.
La crisis de Rodalies muestra que la política ferroviaria ha generado ineficiencia e injusticia
A la luz de estos datos, y de la concentración de empleo en las áreas metropolitanas de Barcelona o Madrid, puede afirmarse sin ambages que la disparidad en inversión es un reflejo, uno más, del menoscabo el que se contempla la mejora de la productividad, la única variable que permite elevar el nivel de vida de la población. Porque en los factores de la producción que contribuyen al aumento de la renta, las infraestructuras, junto a la mejora del capital humano y de la inversión empresarial, son críticas.
Finalmente, esta triste historia transmite una clara desconsideración del tiempo de viaje y de la compatibilización de trabajo y familia de las clases trabajadoras: se acepte más o menos, el AVE responde a las demandas de unos grupos sociales que no son los mismos que los de Cercanías.
Los problemas de Rodalies muestran que la política ferroviaria de las últimas décadas ha generado ineficiencias económicas e injusticias sociales: la brecha AVE-Cercanías en inversión refleja un neoliberalismo ya obsoleto, que suma a la irritación social por la desigualdad y el incierto futuro el mal funcionamiento del ferrocarril. En economía, como en la vida misma, nada es gratis.
