La derecha sigue sumando victorias en Latinoamérica. La última, en Costa Rica.
Laura Fernández, heredera política del actual presidente del país, el conservador populista Rodrigo Chaves, se impuso con contundencia este domingo en la primera vuelta de las elecciones convocadas para decidir quién dirigirá el Gobierno durante los próximos cuatro años.
Tras una campaña marcada por una polarización extrema, la candidata del Partido Pueblo Soberano (PPSO) arrasó con el 48% de los votos, según arroja el escrutinio de más del 90% de las mesas electorales. Un resultado que le evita tener que acudir a una segunda ronda y que supera con creces el 33% de sufragios cosechados por su principal rival, el socialdemócrata Álvaro Ramos, quien enseguida reconoció su derrota.
La victoria de Fernández se vio reforzada además por la alta participación: el 69% de los 3,7 millones de costarricenses llamados a las urnas ejercieron su derecho a voto, uno de los niveles más altos en la historia reciente del país centroamericano. Asimismo, la futura presidenta gozará de una cómoda mayoría en la Asamblea Legislativa: el domingo también se elegían a los nuevos diputados de este órgano, y el PPSO ocupará 31 de los 57 escaños disponibles. La dirigente no tendrá el poder absoluto, pero sí un amplio margen de maniobra para imponer su agenda.
“El pueblo habló, la democracia decidió”, dijo Fernández tras tener noticia de su triunfo. Dirigiéndose a sus seguidores desde un hotel en San José, la mandataria electa celebró que los costarricenses se hubieran decantado “por la continuidad del cambio”. Un cambio que, según prometió, será “profundo e irreversible”, con vistas a “edificar la Tercera República” –en Costa Rica se conoce como Segunda República el conjunto de reformas llevadas a cabo tras la guerra civil de 1948–. “El mandato que me da el pueblo soberano es claro”, afirmó la dirigente, quien pidió a la oposición que sea “propositiva” y no “obstruccionista y saboteadora”.
Lucha contra el crimen
Admiradora de los métodos de Nayib Bukele, Fernández hizo de la inseguridad uno de los principales temas de campaña
Fernández, una politóloga de 39 años que antes de presentar su candidatura había sido ministra de Presidencia del Gobierno de Chaves, no concretó en su discurso qué cambios quiere impulsar, aunque en campaña habló de la necesidad de modificar el poder judicial y otras instituciones del Estado. Desde su partido también se ha planteado en diversas ocasiones una reforma de la Constitución para permitir la reelección consecutiva, iniciativa que suscita los recelos de una oposición temerosa de que el país se deslice hacia un régimen autoritario.
El mandato de Fernández –que arrancará el próximo 8 de mayo, día en que la dirigente asumirá la jefatura del Ejecutivo– podría estar marcado además por la profundización de la lucha contra el crimen, ya que la ganadora de las elecciones hizo de la inseguridad uno de sus principales temas de campaña. El narcotráfico se ha convertido en una seria amenaza para Costa Rica, un país distinguido por su estabilidad pero expuesto a las rutas de la droga que tienen como destino EE.UU. Las disputas entre bandas han hecho que la cifra de homicidios haya ido aumentando en los últimos años hasta alcanzar cifras récord, lo que ha generado una gran inquietud entre la ciudadanía. Para atajar este problema, Fernández apuesta por la mano dura. La sucesora de Chaves es una admiradora del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, y quiere adoptar algunas de sus recetas: propone culminar la construcción de una megacárcel de alta seguridad para pandilleros, aumentar las condenas y declarar el estado de emergencia en las zonas más afectadas por la violencia criminal.
El contexto es propicio para que Fernández aplique estas medidas, ya que la derecha vive un momento dulce en Latinoamérica. El año pasado, las opciones conservadoras se impusieron en todas las elecciones presidenciales celebradas en la región: en Chile, el ultra José Antonio Kast, defensor de la dictadura de Pinochet, venció con holgura a la candidata comunista Jeannette Jara; en Bolivia, el centroderechista Rodrigo Paz logró poner fin a dos décadas de hegemonía de la izquierda; en Ecuador, Daniel Noboa, otro admirador de Bukele, reeditó mandato; y en Honduras, el empresario Nasry Asfura se declaró ganador tras obtener el aval de Donald Trump, quien ha dejado claro que no tiene reparos en interferir en los asuntos internos de los vecinos de EE.UU.
En los próximos meses, el auge conservador se pondrá a prueba en Perú, Colombia, Haití y Brasil, países que, como Costa Rica, celebrarán elecciones para renovar sus gobiernos.
