Nueva estrategia de EE.UU. para liderar el avance cuántico global

El gobierno de Estados Unidos prepara una orden ejecutiva de amplio alcance para reorganizar y coordinar la inversión, la infraestructura, la seguridad y la comercialización federal de las tecnologías cuánticas.

Según un borrador de la orden que obtuvo el sitio Nextgov/FCW el 3 de febrero, la directiva titulada “Introduciendo la Próxima Frontera de la Innovación Cuántica” establecería un enfoque de “todo el gobierno” para la ciencia y tecnología de la información cuántica (QIST). Un campo que el propio borrador define como “oportunidad única” tanto en términos económicos como de seguridad nacional.

El objetivo central es fortalecer la competitividad de Estados Unidos, reducir riesgos de seguridad y de cadena de suministro, y acelerar el paso de la investigación de laboratorio a aplicaciones prácticas.

Este documento pone a la Oficina de Política Científica y Tecnológica (OSTP) como coordinador principal y asigna tareas a Comercio, Energía y Defensa, con participación de la comunidad de inteligencia y la Fundación Nacional de Ciencias (NSF).

Además de impulsar asociaciones con industria y países aliados, el texto incluye medidas para proteger la investigación cuántica sensible, reforzando componentes de contrainteligencia ante riesgos de espionaje y uso indebido.

La orden borrador fija 180 días para que OSTP, Comercio, Energía y Defensa actualicen la Estrategia Cuántica Nacional, y exige que, 30 días después de publicada, las agencias informen cómo planean ejecutarla.

A su vez, plantea acelerar capacidades e infraestructura, incluyendo un esfuerzo nacional para una computadora cuántica orientada a aplicaciones científicas (con al menos un sistema alojado en instalaciones del Departamento de Energía). También subraya una omisión: el borrador no incorpora disposiciones específicas sobre criptografía postcuántica, pese a su relevancia para la protección de información a futuro.

¿Qué tiene que ver esto con Bitcoin?

La conexión con Bitcoin es indirecta, pero sensible: el debate técnico gira en torno a si, en un escenario futuro, computadoras cuánticas con suficiente capacidad podrían debilitar esquemas de criptografía de clave pública usados para autorizar movimientos de fondos.

Como ha informado CriptoNoticias, dentro del ecosistema se discuten posibles vías de preparación, como la adopción futura de criptografía resistente a computación cuántica y mecanismos de transición para los usuarios. Se trata de un debate abierto, sin consenso unívoco y condicionado por el ritmo real de desarrollo de esta tecnología.

Imagen de una computadora cuántica de color blanco y dorada junto con anotaciones de texto y graficos.
¿Bitcoin está en riesgo contra la cuántica? Fuente: CriptoNoticias.

En ese marco, una política cuántica más agresiva por parte de Estados Unidos, como la que sugiere esta orden, puede acelerar inversión, talento y coordinación estatal en el sector, lo que acorta los plazos de vigilancia para sistemas que dependen de criptografía de clave pública.

Aun así, no hay evidencia pública de que hoy existan ordenadores cuánticos capaces de comprometer a Bitcoin a escala práctica, por lo que el asunto sigue en el terreno de preparación técnica y debate de ruta de actualización, más que en una amenaza inmediata.

En ese marco, Strategy, la empresa con más BTC en su tesorería corporativa, lanzará un programa de seguridad de Bitcoin para coordinar el desarrollo de soluciones de resistencia cuántica junto a comunidades globales de ciberseguridad y del sector financiero y tecnológico.

De todas formas, cabe señalar que su CEO, Michael Saylor, minimiza los temores sobre la computación cuántica.

Para él, se trata de una tecnología aún incipiente y que, según el consenso del sector, faltarían al menos 10 años para que represente una amenaza real. También remarcó que Bitcoin es una red actualizable y capaz de adaptarse para volverse más resistente.

Mientras tanto, el borrador de la orden ejecutiva sugiere que la computación cuántica está camino a consolidarse como un pilar central de la estrategia estadounidense en ciencia, tecnología y seguridad, con efectos que podrían extenderse mucho más allá del ámbito académico.

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