Los americanos solo quieren ir a Barcelona

El desprecio de Donald Trump hacia Europa ha enfriado los flujos de turistas entre ambos países. Estados Unidos es percibido por parte de los viajeros europeos como un destino menos acogedor y, al mismo tiempo, la doctrina del “América primero” y la debilidad del dólar han desincentivado los viajes hacia Europa, tal y como recogen las principales estadísticas turísticas.

Los últimos datos de la consultora aeronáutica Cirium apuntan a que la tendencia no se corregirá a corto plazo. Las reservas realizadas entre octubre y el 31 de enero para volar desde Estados Unidos a Europa este julio retroceden con claridad. Con una excepción llamativa: Barcelona.

El 44% de los viajeros norteamericanos que llegan a España elige Catalunya para pasar sus vacaciones

La capital catalana es, por ahora, el único gran destino europeo que crece entre los estadounidenses, un 5% respecto al mismo periodo analizado el año pasado. En el extremo opuesto se sitúa Alemania, con descensos del 29% y del 13% en sus principales aeropuertos, Frankfurt y Munich. París, Londres, Roma o Madrid tampoco escapan a la caída.

La señal preocupa al sector. El viajero americano es uno de los más codiciados por hoteleras y operadores: gasta más, permanece más tiempo en los destinos y su viaje suele concentrarse en servicios de mayor valor añadido.

Desde Turespaña indican que el desembolso total de los visitantes de Estados Unidos creció en el 2025 un 10%, frente a la media del 6,8% del conjunto de viajeros internacionales. El perfil que traza el organismo público en su análisis del mercado norteamericano es el del turista soñado. La mayoría viaja en pareja o familia, prefiere visitar ciudades (66%) a playa o montaña y valora especialmente los elementos culturales (62%). Elige principalmente hoteles para alojarse (79,4%) y se mueve en viajes organizados.

El desembolso de los turistas de Estados Unidos creció un 10% en el 2025, por encima de la media

No se trata de un grupo muy numeroso en España. De los más de 96 millones de turistas extranjeros que recibió España el año pasado, 4,4 millones venían del país americano. Su valor viene más por la concentración en determinados territorios. “El 44% de todos los turistas de Estados Unidos que vienen a España eligen Catalunya, y de estos, el 70% se queda en Barcelona; Madrid solo concentra el 25%”, señala Martí Sarrate, vicepresidente de la asociación de agencias de viaje Acave y presidente de Julià Tours, donde suelen trabajar con este colectivo de clientes.

¿Por qué Barcelona? Sarrate considera que la ciudad se ha ganado un lugar privilegiado en el imaginario americano gracias a los iconos del modernismo. “La Sagrada Família y Gaudí ocupan un lugar top en sus preferencias, y también la catedral y el barrio Gótico”, comenta. Les gusta la historia. También las experiencias gastronómicas que no encuentran en su país. Pero hay otro elemento menos romántico en su predilección por la capital catalana: el 55% de los propietarios de cruceros en Barcelona son compañías de Estados Unidos. Una gran cantidad de viajeros americanos decide iniciar su viaje por el Mediterráneo en Barcelona por este motivo.

Todo ello ha impulsado las conexiones aéreas entre El Prat y Estados Unidos.

La capital catalana es el único gran destino europeo que crece en reservas desde Estados Unidos, un 5%

Barcelona es, pues, una excepción entre los destinos europeos. En la dirección contraria la caída de viajes es aún mayor. Las reservas de vuelos de las grandes ciudades del continente hacia Estados Unidos bajan en picado. Lo mismo ha ocurrido con sus principales mercados emisores de turistas, Canadá y México, lo que está afectando a la industria turística del país. El retroceso en el número de visitantes en los parques de Disney, de los que la compañía de entretenimiento ha informado esta semana, es ejemplo de ello.

Las proyecciones de Turespaña indican en cambio que los americanos siguen teniendo ganas de viajar pese a las obsesiones de su presidente y la coyuntura económica. Continúan valorando Europa. Lo que lleva a pensar si Trump realmente desprecia la UE o, en realidad, la envidia. Al fin y al cabo, nadie malgasta energía en derribar lo insignificante.

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