Rearme electoral de la derecha japonesa y rearme a la vista de Japón. El Partido Liberal Democrático (PLD) ha logrado este domingo una victoria aplastante, hasta el punto de superar dos tercios de los escaños. La arriesgada apuesta de adelanto electoral en pleno invierno le ha salido a pedir de boca a la primera ministra ultraconservadora, Sanae Takaichi. Los japoneses le han dado mucho más que la mayoría que pedía: carta blanca.
A falta de solo dos actas por adjudicar, el PLD habría alcanzado los 316 escaños. El mejor resultado de su historia y seis escaños por encima de la supermayoría de dos tercios. Una hazaña descomunal para Sanae Takaichi, que le da la vuelta a un partido que se creía en declive, superando a su mentor, Shinzo Abe. Y algo que, dicho sea de paso, convierte en superflua su coalición con el Partido de la Innovación, que logra 36 escaños, con un pequeño retroceso.
La otra sombra es la escasa participación, que estaría apenas por encima de la de 2024, cuando fue una de las más bajas de la historia, con el 53,8%. Un disgusto menor en comparación con la debacle de la oposición. La mayoría de los diputados del Partido Democrático Constitucional habrían perdido su escaño, tras la fusión con Komeito, presentada hace tres viernes por los presidentes de ambos partidos. Apenas 72 horas después, Takaichi disolvió la Cámara Baja y convocó elecciones.
El mejor resultado de su historia
Sonae Takaichi le ha brindado 316 diputados al Partido Liberal Democrático
El precipitado experimento, bajo el nombre de Alianza de Centro Reformista, ha hecho aguas. Por falta de tiempo, pero también por la incomprensión de sus respectivos electorados. Cabe recordar que Komeito fue el fiel escudero del PLD durante un cuarto de siglo, antes de que la provocadora elección de la militarista Takaichi por las bases de su partido obligara al socio menor a desmarcarse. No en vano, Komeito es el brazo político del movimiento budista Soka Gakkai.
El revés podría ser irreversible para el socialdemócrata Yoshihiko Noda, cuyo viaje al centro ha terminado despedazando a su partido. La asociación de una fuerza laica con otra considerada sectaria exigía unas circunstancias excepcionales y una explicación.

Sobre todo porque la excepcionalidad es real, puesto que Japón se dispone a romper varios de los precintos que le fueron impuestos tras el abrupto fin de su aventura imperialista en Asia. Se dispone a hacerlo, además, con el aliento explícito de los Estados Unidos, cuyo presidente apoyó de la forma más explícita en redes a Sanae Takaichi durante la jornada de reflexión.
El empeño se verá facilitado por la supermayoría del PLD. Este podrá aprobar en segunda lectura y sin retoques las leyes que le devuelta para su revisión la Cámara Alta, donde permanece en minoría incluso en coalición. El Senado hoy no se renovaba.
Está claro que la personalidad atípica de Sanae Takaichi, mucho más expresiva que sus predecesores, unida a su condición de mujer -por primera vez en la historia de Japón- le ha ganado simpatías más allá de su círculo de afines. A pesar de su revisionismo de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo. Su deseo es que dicha normalización se extienda, como ha sucedido con su homóloga italiana Giorgia Meloni, a la que recibió calurosamente hace tres semanas.
Takaichi se ha felicitado ya por la victoria y ha anunciado continuidad en la composición de su gobierno, formado hace apenas tres meses, abriendo la puerta a la incorporación de algún miembro del Partido de la Innovación.
Cabe señalar, por último, la mejora en escaños del partido xenófobo Sanseito, aunque menor de lo que se esperaba, dada la competencia por parte de la propia primera ministra, que quiere endurecer los criterios de residencia. Otro partido de corte liberal, el Partido Democrático para el Pueblo, ha sufrido un inesperado retroceso. También las fuerzas de izquierda, como el histórico Partido Comunista de Japón y Reiwa, esta última al borde de la desaparición de la Cámara.
Experimento centrista fallido
El Partido Democrático dilapida su avance de hace 15 meses con su incomprendida alianza con Komeito, 25 años socio del PLD
Así que Sanae Takaichi tiene motivos de sobra para seguir sonriendo. No habrá que esperar cuatro años para hacer balance de una supeditación aún mayor a EE.UU., que en boca de su presidente exige inversiones japonesas por un valor de 500.000 millones de dólares. Al precio de arruinar su relación con una China en ascenso, que no olvida las atrocidades de la ocupación nipona. El rearme de Japón, junto a sus planes de crear una industria exportadora de armamento, preocupan en otros países asiáticos, pero todavía menos de lo que desearía Pekín.
Así que desde hoy, Sanae Takaichi, con un sólido mandato popular, es un dolor de cabeza más serio para China, cuyo gobierno no la felicitó en septiembre cuando fue investida, en sustitución del dimisionario Shigeru Ishiba. Habrá que ver si lo hace ahora.
Habrá que ver también cómo evoluciona ante los cambios ese 45% de japoneses que este domingo no se acercó a las urnas. Entre ellos debe haber muchas septuagenarias con pensiones de 216 euros. Parte de la legión de japoneses -y sobre todo japonesas, en muchos casos viudas- que siguen trabajando más allá de los setenta para llegar a fin de mes. Ellos y ellas son las primeras víctimas de la inflación, que tanto preocupa en Japón, aunque solo sea del 3%. Pero esta vez podrán decir que si se han quedado en casa ha sido por la nieve.

