El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no quiere que la guerra en Ucrania sea un lastre en las elecciones legislativas de noviembre. Las encuestas no le son favorables y hace más de un año prometió que pondría de acuerdo a rusos y ucranianos en apenas 24 horas.
Hace unos días, un portavoz del ministerio ucraniano de Asuntos Exteriores reconocía a La Vanguardia las presiones de Washington para que acepten un acuerdo de paz que obligaría a ceder el Donbass a cambio de garantías de seguridad.
Ahora, el Financial Times, citando fuentes oficiales europeas y ucranianas, indica que el presidente Volodímir Zelenski estaría dispuesto a convocar en mayo elecciones presidenciales y un referéndum sobre el plan de paz. El anuncio lo haría el próximo día 24, cuarto aniversario de la invasión rusa. El diario británico añade que el objetivo de Trump es que la guerra termine a finales de junio.
Leíada desde Kramatorsk, último bastión de Ucrania en el Donbass, esta noticia es ciencia ficción. El ejército ruso bombardea con intensidad las posiciones ucranianas, así como la retaguardia, donde las defensas antiaéreas son insuficientes para proteger a la población civil y las infraestructuras energéticas. La incursión de drones rusos disparan las alarmas en Kramatorsk al menos una vez cada hora, aunque ni las sirenas ni las explosiones inquietan a una población curtida en el asedio.
Tres niños pequeños y su padre, muertos en su casa, alanzada por un dron ruso
Anoche, un dron kamikaze mató a una familia en un pueblo de la región de Járkiv. Se estrelló contra una casa que ardió. Se salvó la madre, de 35 años, embarazada, y la abuela, de 74, pero murió el padre de 34 años y tres niños pequeños, dos gemelos de un año de edad y una niña de dos.
Este es el drama cotidiano que sufren los ucranianos y sobre el que Zelenski tendría que pasar para aceptar el ultimátum de Trump para dejar de luchar.
La última encuesta del Centro Internacional de Socilogía de Kyiv indica que cerca del 40% de los ucranianos aceptarían un compromiso territorial para acabar la guerra. La mayoría de ellos, sin embargo, querría que la soberanía del Donbass no se cuestionara. El plan de la Unión Europea plantea la desmilitarización y una administración neutral.
Rusia mantiene las mismas exigencias desde el inicio de la guerra. Las reiteró el martes el ministro de Asuntos Exteriores Serguéi Lavrov: anexión del Donbass, Zaporiya y Novarosiya, una región muy amplia que incluye Odessa y cierra el acceso de Ucrania al mar Negro; gobierno ucraniano afín a Moscú; control sobre la composición y la misión del ejército ucraniano, que no deberá tener armas ofensivas; y, finalmente, garantías de que la OTAN dejará de enviar armas y tropas a los países de la antigua área de influencia soviética, que se incorporaron a la alianza a partir de 1997.
Estas exigencias suponen la capitulación de Ucrania y el fin de la OTAN. Las presentó Moscú en las negociaciones de Estambul en abril de 2022, pero Washington considera son maximalistas y que han sido rebajadas en las negociaciones que se están celebrando ahora.
No parece, sin embargo, que esta sea la opinión del Kremlin, molesto ahora porque la Casa Blanca aumenta los aranceles a los países que le compren petróleo. India ha anunciado que dejará de hacerlo en abril. Los ingresos del petróleo son claves para que Rusia pueda afrontar el fuerte gasto militar y sostener una economía que, después de cuatro años de guerra, muestra señales de flaqueza. El FMI pronostica un crecimiento para este año del 0,8%, mientras el estado sigue recortando gasto social para fabricar armas, sobre todo, drones.
Zelenski no quiere desairar a Trump. Necesita la inteligencia militar estadunidense, así como el sistema de comunicaciones por satélite Starlink, para contener el avance ruso.
Trump, según el Financial Times, quiere que el 15 de mayo Ucrania celebre elecciones presidenciales y un referéndum sobre un plan de paz del que no se conoce nada a ciencia cierta.
Desde el inicio de la guerra, Ucrania vive en un estado de excepción, regido por una ley marcial que impide celebrar elecciones.
Al mismo tiempo, es verdad que, según la Constitución ucraniana, cualquier acuerdo de paz debe ser refrendado. Rusia, hasta ahora, se ha negado a una tregua electoral. Sin esta pausa, cualquier convocatoria a las urnas no sería viable. Habría, asimismo, que garantizar el voto de todos los ucranianos, pero hay millones de desplazados, muchos en el extranjero. ¿Y qué pasa con los que están ahora en territorios ocupados? ¿Podrán votar y hacerlo con garantías?
La convocatoria electoral corre el gran riesgo de forzar unos comicios y un referéndum que no sean legítimos. La campaña, además, dividirá a un país muy castigado por las tensiones de la guerra y que lo último que necesita es una nueva confrontación interna.
Zelenski ha confirmado que los estadounidenses “lo quieren todo hecho en junio para que la guerra termine, y quieren un calendario claro”.
La lógica militar sobre el terreno es muy clara. Rusia avanza poco a poco y con un coste tremendo en vidas humanas. Ucrania resiste.
Los drones son ahora los protagonistas en el campo de batalla. El jefe del estado mayor ucraniano ha anunciado esta semana que gracias a ellos en enero mataron o dejaron fuera de combate a 29.700 soldados rusos, mes en el que Rusia según sus cálculos, incorporó a filas a 22.000 reclutas. “Estamos en el buen camino”, aseguró el general Oleksandr Syrskyi.
Trump tiene una capacidad de influencia extraordinaria, pero la guerra, como siempre sucede, responde a una inercia que nada tiene que ver con la política. En Kramatorsk es muy evidente.
