
El exconseller de Política Territorial i Obres Públiques de la Generalitat Jaume Roma Rodríguez ha explicado este jueves en el juicio que se sigue en la Audiencia Nacional contra la familia Pujol que colaboró con el primogénito del president, Jordi Pujol Ferrusola, para construir un hospital en Salta (Argentina), en un proyecto que no tuvo “ni un solo papel” y por el que le pagó 131.478 euros.
Roma, que antes de conseller (entre 1993 y 1995) fue director del Servei Català de la Salut, ha expuesto que hacia el año 2000 era consultor del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo y supo del proyecto para construir el Hospital El Milagro, en aquel país sudamericano, y que sabía de la cantidad de contactos que Pujol Ferrusola tenía allí.
Roma le pidió que le abriera camino y, sin ningún contrato de por medio, le prometió que le pagaría cuando el hospital estuviera en marcha.
“Él me ayudó y yo me comprometí [a pagarle por sus contactos], de palabra”. “Tenia muy buenos contactos, fuimos muchas veces y finalmente pude configurar una UTE” que construyó el hospital, que a finales del 2002 o inicios del 2003 “funcionaba ya de forma perfecta”, ha asegurado.
“Él me ayudó y yo me comprometí, de palabra”, a pagarle por sus contactos, arguye el ex conseller Roma
De ahí que Roma abonara a Pujol Ferrusola, en dos partes, un total de 131.478 euros. Roma ha añadido que es muy amigo “de todos” los Pujol, por su afición a la montaña. Han subido la Pica d’Estats y el Aneto, ha detallado.
El presidente de la agencia publicitaria Altraforma, Miguel Giménez-Salinas, que hizo diversas campañas electorales de Convergència i Unió, no recordaba que entre 1999 y 2001 la empresa pidiera una línea de financiación de 56 millones de pesetas (unos 337.000 euros) para esas campañas. Altraforma (y Giménez-Salinas) fue condenada en el caso Palau de financiación ilegal de Convergència Democràtica de Catalunya. “Todos esos temas los llevaba mi directora financiera”, se ha excusado Giménez-Salinas, “yo no recuerdo cuantías ni años”. “Le voy a hacer las preguntas por si aparecen los recuerdos”, ha dicho con sarcasmo el fiscal, Fernando Bermejo. Esos ingresos se emplearían “en cualquier actividas de las campañas de publicidad”, ha añadido. “Yo era el cretivo de la agencia, del tema financiero no me acuerdo de nada”.
Un testigo posterior, Guillem Recolons, que trabajó como publicista en Altraforma, ha negado tener ninguna idea del préstamo triangulado entre esta firma, CDC y Fibanc, pero ha señalado que Altraforma tenía músculo financiero y no parece lógico que pidiera préstamos. Y si alguien estaba al corriente de estas operaciones era Giménez-Salinas. Recolons ha detallado que departía semanalmente con uno de los hombres fuertes de CDC, David Madí.
En la jornada del miércoles, la Fiscalía no hizo una sola pregunta al entonces presidente de Fibanc, Carlos Tusquets Trias de Bes, sobre esas líneas de crédito.
También Carles Herrándiz, dueño de una empresa de artes gráficas que trabajó para CDC, negó haber suscrito ningún crédito -en este caso, de 100 millones de peetas, unos 600.000 euros- para sus campañas electorales.
Cuando la Abogacía el Estado le mostró su nombre y su firma, los reconoció. “Si sale mi nombre alguien lo puso, pero yo no lo pedí”, alegó.
Una de los testigos comparece en el juicio por el parecido de su nombre con el de una trabajadora del despacho de los asesores fiscales de la familia del ex president
Tres de los testigos citados para la sesión de este jueves han resultado un fiasco para la acusación.
Una de ellas fue confundida por el parecido de su nombre con el de una trabajadora del despacho del fiscalista de confianza de la familia Pujol Joan Anton Sànchez Carreté -que ya declaró- y, pese a que reiteradamente lo explicó a los servicios judiciales, nadie aclaró el malentendido. Ella es maestra.
“Investiguen mejor”, ha espetado a la Fiscalía, que era quien la proponía.
El presidente del tribunal, José Ricardo de Prada, le ha pedido disculpas.
Otro de estos testigos, un hombre de avanzada edad, envió al tribunal un certificado de demencia vascular y estaba eximido de declarar, pero aún así ha aparecido en la videoconferencia y ha llegado a responder a varias preguntas, hasta que el tribunal ha estimado que el testimonio no entendía bien qué se le preguntaba.
Otro, también anciano, ha aparecido en pantalla con un gorro de lana, grueso abrigo y expresión perdida; la declaración se ha anulado inmediatamente.

