
Gabriel Rufián aparece en las encuestas del CIS como uno de los preferidos de los españoles para ser presidente del gobierno. Ocupar la cuarta posición tras Pedro Sánchez, Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo es más que meritorio cuando dejas a Isabel Díaz Ayuso y Yolanda Díaz mirándote el cogote en el ranking. El portavoz de ERC en el Congreso ha ido afinando su perfil hasta convertirse en Supermán antifascista, apuntalando así su sexta candidatura como cabeza de lista por ERC.
Fue Abascal quien de forma despectiva y burlona lo bautizó como superhéroe ya en el 2020: “A ver, supermán, qué va a combatir usted a Vox, si hay cola”, soltó desde la tribuna del Congreso. La ultraderecha celebró el “repaso” de Abascal, y Rufián vio en el traje y la capa su mejor baza electoral. Seis años después, Vox no deja de crecer. Dobla resultados en el tour autonómico lanzado por el PP mientras el PSOE se desangra y la atomización por su flanco izquierdo conduce a Sumar y Podemos a la irrelevancia. Rufián ha puesto a sus camaradas frente al espejo.

No importa que su propuesta de tejer una alianza de izquierdas como muro antifascista acumule tantos portazos como artículos. En política, solo hay una cosa peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti, así que Rufián se agarra a la tribuna, afila sus intervenciones, las distribuye con eficacia y aprovecha con astucia el micro que le brinda el agitador Vito Quiles en la puerta del Congreso.
El debate se abrió en julio del año pasado, y el malestar inicial sembrado en la dirección de ERC se ha convertido en perspectivas de cosecha electoral. En seis comunidades autónomas lo valoran más como presidenciable que en Catalunya. En Navarra, Baleares o el País Vasco, incluso adelanta a Alberto Núñez Feijóo en las preferencias de los encuestados. Logra grandes registros en el tramo de electores de 25 a 35 años. Los jóvenes se ultraderechizan… y los aplausos a Rufián son la excepción que confirma la regla. “En Algeciras no lo votarán, pero el primo de alguien de Algeciras que vive en Badalona, sí”, concluyen.
El rol de superhéroe antifascista le garantiza repetir como candidato de ERC en Madrid
El desdén por las siglas de los partidos en su planteamiento inicial molestó a los cuadros de una formación que cumplirá 95 años en un mes. Ahora Rufián repite como nunca que es independentista y se muestra “muy agradecido” y “orgulloso” de representar a ERC. En la dirección elogian la omnipresencia de su portavoz en Madrid, pero recuerdan que quien frenará la ultraderecha son las organizaciones, “no unos tuits”. El diagnóstico es compartido, no la unión de candidaturas como solución: Rufián plantea que dos más dos suman cinco, y Oriol Junqueras, que no siempre son cuatro. La estrecha relación de Junqueras con Arnaldo Otegi también permite que un aliado como Bildu no solo desdeñe la invitación de Rufián, sino que la aproveche para incomodar al PNV blandiendo la bandera de la unidad soberanista en Euskadi.
En ERC inquietan más las contradicciones tácticas que los excesos mediáticos de Rufián. Rompe la disciplina de su grupo cinco veces en una tarde para no alinearse con Junts o defiende al ministro Óscar Puente frente a los ataques de Vox mientras su líder en Barcelona pide su dimisión por el caos de Rodalies. No obstante, el “ rufianismo no supone ningún peligro”, repiten. El partido se ha reafirmado con un Junqueras plenipotenciario.
El acto que protagonizará Rufián el miércoles con el diputado de Mas Madrid Emilio Delgado ha pasado de ser el “inicio de una gira” a una simple reflexión. Si Sumar, IU, Más Madrid y Comuns lanzan su coalición, a Rufián no le quedaría más que adherirse a un proyecto pendiente de la continuidad de Yolanda Díaz. No habrá operación Roca, Delgado no es Antonio Garrigues Walker y, mientras Roca atacaba al PSOE, los socialistas están encantados con SuperRufián. Siempre atribuyó el batacazo electoral de las generales del 2023 –perdió la mitad de votos y seis diputados– a que ERC no fue convincente en su compromiso de no permitir un gobierno de la ultraderecha y los votos se fueron al PSC. Hoy, en el cuartel general republicano, recuerdan que su mayor frontera de voto linda con el PSC, así que no solo hay que apuntalarlos, también hay que batallarlos.

