El Cercle ha aprovechado hoy el debate abierto sobre la regularización extraordinaria de inmigrantes para marcar su posición en la materia proponiendo una reducción de la llegada de trabajadores foráneos. Al mismo tiempo, la institución que preside Teresa Garcia-Milà, ha apostado por un cambio de modelo económico con menos actividad intensiva en mano de obra pero de muy baja productividad que es la que cubren los inmigrantes. El Cercle no se ha pronunciado sobre si es esa creación de empleo precario la que atrae inmigrantes o si es la bolsa de trabajadores foráneos la que estimula que los empresarios apuesten por ese tipo de negocios. “Es un proceso que se retroalimenta”, ha dicho.
En una nota de opinión, que es donde la institución fija su posicionamiento sobre cuestiones centrales, el Cercle ha criticado “el patrón de crecimiento de la economía catalana y española de los últimos 25 años, muy basado en sectores de baja productividad y alta intensidad de mano de obra y de demanda de inmigración”. La institución ha apostado por “una inmigración más moderada en volumen, más ordenada y alineada con las necesidades y las capacidades reales del país”.
El director general del Cercle, Miquel Nadal, ha señalado durante la presentación de la Nota de opinión en Barcelona que no han calculado en cuánto debería reducirse la entrada de inmigrantes en el país. Garcia-Milà, ha añadido que lo que plantean es cambiar los perfiles de los empleados foráneos que llegan.
Según el informe, “en buena medida, el aumento muy intenso de la inmigración ha sido a la vez consecuencia y motor de un modelo de crecimiento extensivo”. El Cercle ha destacado que han sido los trabajadores foráneos los que han sostenido el crecimiento del PIB y de la ocupación. Es un discurso similar al defendido la semana pasada por sendos informes de Fedea y de Funcas que apuntaban que la mitad del crecimiento en España en los últimos años se apoya en la inmigración que ha suplido la caída de la población ocupada nativa.
Igual que la postura de Funcas y Fedea, ese modelo de desarrollo –alerta el Cercle– no garantiza “a medio y largo plazo, la sostenibilidad del sistema de bienestar, especialmente en un contexto de envejecimiento acelerado de la población”. En el informe se avisa que el fenómeno migratorio, al haberse dado de manera acelerada, “también ha tensionado el mercado de la vivienda, en el que la oferta ha crecido muy por debajo de la demanda, así como los servicios públicos esenciales –educación, sanidad y servicios sociales–, lo que ha dificultado la gestión de la cohesión social”. El Cercle ha añadido que “estas tensiones no afectan a todo el mundo por igual: impactan con más fuerza en los colectivos con menos recursos, y alimentan una percepción social de competencia por los mismos bienes escasos”.
Regularización extraodinaria
El Cercle opina que “es necesaria” e “inevitable” pero al mismo tiempo la considera como “la constatación de un fracaso y no puede convertirse en un precedente que perpetúe los errores del pasado”.
Nadal ha dicho que una parte de la inmigración que llega afecta negativamente a los trabajadores de baja cualificación nativos. En su opinión, ese impacto sobre los empleados menos cualificados es compatible con los datos de Funcas difundidos la semana pasada que mostraban como la inmigración desplaza a los nativos hacia empleos mejor remunerados.
Sobre la regularización extraordinaria de inmigrantes, el Cercle ha opinado que “es necesaria” e “inevitable” pero al mismo tiempo la consideró como “la constatación de un fracaso y no puede convertirse en un precedente que perpetúe los errores del pasado”. A juicio de la institución, “poner el contador a cero solo tiene sentido si simultáneamente se articula una verdadera política migratoria, lo que, pese al alcance del fenómeno, no ha existido hasta ahora”.
Precisamente, el Cercle ha reclamado “la integración de los inmigrantes” y el fortalecimiento de la cohesión social. “La clave está en asegurar la igualdad de oportunidades a partir de un buen funcionamiento del ascensor social, lo que exige garantizar derechos efectivos –acceso al trabajo legal, a la educación, a la sanidad, a la vivienda y, progresivamente, a la ciudadanía–, pero también asumir que la cohesión implica deberes”. Entre estos cita “el conocimiento y el uso de la lengua catalana, así como asumir los valores democráticos básicos”.
Garcia-Milà ha defendido el potencial de las administraciones locales para gestionar el fenómeno migratorio y apostó por seguir el modelo de países como Australia y Canadá donde se apuesta por la atracción de migración cualificada.
Otras propuestas puestas encima de la mesa por el Cercle son las de instar a una mejor coordinación dentro del espacio Schengen para reducir la irregularidad sobrevenida o revisar los mecanismos de arraigo para que no funcionen con una vía de regularización. También pidieron ajustar los criterios de reagrupamiento familiar para que no se usen como vía indirecta de entrada, reforzar el control sobre la contratación irregular y profundizar en la cooperación con los países de origen y tránsito.
