

Sin tiempo para pasar por boxes en una precampaña electoral que no espera a nadie, Sumar optó ayer por corregirse sobre la marcha para relanzar la alianza. Así lo quisieron presentar las cuatro fuerzas que sostienen el espacio en el Gobierno –Comuns, Más Madrid, Izquierda Unida y Movimiento Sumar– en un acto que desbordó todas las previsiones y escenificó un “punto y seguido” tras dos años de tensiones, aprendizajes y desgaste. Sobre todo desgaste.
Ninguna de ellas está dispuesta a “resignarse” ni “bajar los brazos” pese al momento expansivo de las derechas, y todas se conjuraron para actuar con generosidad y seguir creciendo, admitiendo los fallos del pasado sin caer en la autocomplacencia. Pero la propuesta concreta aún está lejos de definirse: hubo más autobombo que concreciones en lo que se refiere a siglas, liderazgos y programa.
Las fuerzas reivindican ser “la izquierda a secas” y salen a disputar la hegemonía al PSOE
Ni siquiera hubo una posición compartida sobre cómo responder a la propuesta de unidad lanzada el miércoles por Gabriel Rufián (ERC) y Emilio Delgado (Más Madrid), que sacudió el tablero al plantear la posibilidad de reducir candidaturas en cada circunscripción para optimizar el voto de la izquierda.
La ministra de Sanidad y líder de Más Madrid, Mónica García, apostó por la concordia: “Aquí no sobra nadie. Necesitamos cada voz, cada átomo progresista en todos los espacios”, dijo, agradeciendo expresamente a “Gabriel y Emilio” la iniciativa. Ernest Urtasun, ministro de Cultura y representante de los Comuns –la formación más amenazada por esa hipótesis–, fue más exigente y recordó que, además de método, hace falta un proyecto ganador. El coordinador general de IU, Antonio Maíllo, llamó a gestionar el momento “sin melancolía”, asumiendo que el espacio ya no puede vivir de la épica fundacional sino de su capacidad para tejer alianzas estables. Y la más dispuesta a explorar fórmulas fue la coordinadora general de Movimiento Sumar, Lara Hernández, quien defendió afrontar la reestructuración de la izquierda “sin miedo” y con imaginación para coordinar fuerzas federales, confederales y soberanistas.
En lo que sí hubo coincidencia fue en admitir que la iniciativa de Rufián ha reactivado el debate estratégico y ha servido para movilizar a una militancia que llevaba meses instalada en la desorientación. Si 500 personas abarrotaron la sala de columnas del Círculo de Bellas Artes de Madrid, otro millar siguió el acto desde fuera, en una cola que se extendió hasta la Puerta del Sol.
Más allá de las diferencias estratégicas, los intervinientes coincidieron en relanzarse “sin renunciar a nada” y en aspirar a ser “la izquierda a secas” y no la izquierda a la izquierda de un PSOE al que consideran “poco ambicioso” frente al avance de la extrema derecha.
La advertencia no fue abstracta, ya que se sucedieron dardos directos contra Donald Trump, Javier Milei e Isabel Díza Ayuso y señalándolos como expresiones de una misma ola reaccionaria que, desde fuera y dentro de España, amenaza derechos y avances sociales.
La gran ausencia fue la de Yolanda Díaz, que ha optado por mantenerse en un segundo plano para no interferir en el debate sobre los liderazgos. Su figura, sin embargo, sobrevoló el auditorio en varias alusiones de agradecimiento y reconocimiento. También se abrieron las puertas “de par en par” a Podemos, que por ahora sigue enrocado y sin intención de diluir sus siglas en ningún proyecto de concentración.
El acto dejó claro que el espacio ha decidido corregirse mientras avanza. Pero el desafío no es solo ordenar las siglas, sino convencer de que esta vez la suma multiplica.
