Tengo más de 1.000 libros y son libros que he leído. También he escrito unos 30. Cuando escribo un libro, antes de publicarlo miro cómo puedo reducir el número de páginas. Una de mis ideas es que cuando haces un viaje en avión, sobre todo si no vas con alguien de la familia, un colega de trabajo o alguien que conoces muy bien y has caído sentado a su lado, es una ocasión extraordinaria para leer un libro o para escribirlo.
Naturalmente, si tienes un trabajo muy complicado cuando llegues a tu destino, un posible cliente, por ejemplo, o una reunión en la que hay algunos expertos en tecnologías o en economías de otros países, el vuelo te puede servir para identificar ideas interesantes sobre qué decir, con quién tratar de mejorar una relación o establecerla. Si la reunión es un trabajo de tu empresa, quizás lo que hay que pensar es cómo abordar lo que más te interese conseguir, vender, comprar, desarrollar conjuntamente un proyecto, abordar conjuntamente a un relevante miembro del Estado con quien hay que negociar algo que facilite el desarrollo de un sector industrial.
Nunca he pensado en ganar dinero con mis libros. Cuando alguien que ha leído libros míos me pide que lo ayude con algo en su empresa, si puedo hacerlo y facilita la marcha de la empresa, creo que quizás sí se puede recibir alguna compensación. Para mí, siempre la que consideren adecuada.

En las escuelas de dirección de empresas, la gran mayoría de los profesores valora extraordinariamente colaborar con empresas y comprobar que lo que explican en sus clases funciona muy bien en las compañías. Como las remuneraciones de las escuelas suelen ser reducidas, tiene lógica que si un profesor aporta temas, contactos, y ayudas a empresarios que contribuyen positivamente a la marcha de su empresa, reciba alguna compensación por sus aportaciones. Esto es así en Harvard, en mi escuela de China, en IESE y en todas las escuelas.
A veces es mejor vender una empresa si están entrando multinacionales
Recuerdo que en varios casos, cuando entré en el consejo de una empresa y me la estudié, me di cuenta de que la empresa no tenía futuro por su tamaño en un sector creciendo e internacionalizándose con la entrada en nuestro país de empresas multinacionales. Tras estudiar la empresa, mi conclusión era que había que venderla con gran rapidez. Algunos propietarios de la empresa se sentían insultados, pero en muchos casos se daban cuenta de que tenía razón, y pude ayudar a vender unas cuantas muy bien. Aún hay propietarios de empresas que las vendieron muy bien y luego vieron que no habrían tenido futuro. Alguno me hace un regalo por Navidad cada año. Sacó buenos fondos con mi ayuda al vender su empresa, que pocos años más tarde habría quebrado. Quien compró aquella empresa era una multinacional que quería tener una base en España y desde la empresa comprada desarrolló muy bien su entrada en el país.
