Filtro Noir, muy contrastado, quizá demasiado

“No queremos tener nada que ver con España. Vamos a cortar todo el comercio con España. España es terrible”. Estas palabras de Donald Trump van a quedar inscritas en la historia contemporánea de España, no sabemos si con letra grande o pequeña, dada la personalidad del actual presidente de Estados Unidos. Algo va a pasar.

La última vez que un presidente norteamericano dijo que no quería tener nada que ver con España fue en 1945. Harry Truman en la conferencia de Potsdam, tras la derrota de la Alemania nazi. Las tres potencias aliadas se reunieron en el corazón histórico de la monarquía prusiana, a 38 kilómetros de Berlín, para acabar de perfilar los acuerdos de las conferencias de Yalta y Teherán ante una Europa en ruinas. Surgió la cuestión de España. ¿Qué hacer con el régimen de Franco?

La ira de Trump puede fortalecer a Sánchez, pero corre riesgo en Europa, atención a Merz

Stalin sostenía que el gobierno español surgido de la Guerra Civil tenía que ser derrocado, puesto que había alcanzado el poder con la ayuda directa de Hitler y Mussolini. Proponía lanzar un ultimátum. Churchill dijo que no, argumentando que podía estallar otra guerra civil si los aliados intervenían. Truman casi se puso de perfil: “A mí tampoco me gusta Franco, pero ya hemos tenido suficiente guerra, no queremos otra”.

No hubo ultimátum, pero España quedó excluida de las Naciones Unidas (1945) y del plan Marshall. Años de aislamiento que Estados Unidos empezó a romper en 1950 con la concesión de un crédito de 62,5 millones de dólares a cargo del Export-Import Bank. Premio a unas declaraciones de Franco ofreciéndose a ayudar en la guerra de Corea. En 1953 se firmaron los acuerdos para la implantación de bases norteamericanas en España (Rota, Morón de la Frontera, Torrejón de Ardoz y Zaragoza), y en 1959, el presidente Dwigth Eisenhower aterrizó en Madrid para estrechar la mano al dictador.

Donald Trump, durante su encuentro de ayer con el canciller alemán, Friedrich Merz, en la Casa Blanca
Donald Trump, durante su encuentro de ayer con el canciller alemán, Friedrich Merz, en la Casa BlancaMark Schiefelbein/AP

Después hubo sintonías crecientes. Nixon veía a España como un protectorado. George W. Bush se enfadó mucho con la salida de las tropas españolas de Irak en abril del 2004. El día que se cruzó con José Luis Rodríguez Zapatero en la asamblea general de la OTAN celebrada en Estambul (2004) casi ni le miró. Trump amenaza ahora con la ruptura de relaciones comerciales por el desaire de Rota: “España es terrible”.

Algo pasará. Sánchez ya tiene el marco que deseaba: Trump enfurecido. Los días 17 y 18 de abril, el líder socialista español presidirá en Barcelona una reunión de fuerzas progresistas internacionales contrarias a la extrema derecha. Está previsto que acuda el presidente brasileño, Lula da Silva. Sánchez ya tiene el marco que buscaba, pero puede que la imagen le salga demasiado contrastada. Filtro Noir.

Los rayos y truenos de Trump podrían animar a Sánchez a convocar elecciones generales anticipadas en junio, coincidiendo con las andaluzas. Mientras tanto, el problema lo puede tener en Europa, muy concretamente con Alemania. El canciller Friedrich Merz dijo ayer ante Trump en la Casa Blanca que está trabajando para que España suba el gasto militar al 3,5%. La posibilidad de quedar aislado en Europa es hoy el principal riesgo del presidente español. Filtro Noir.

Merz va a ser el principal punto de apoyo de Alberto Núñez Feijóo, con una salvedad: el bloque central alemán (CDU-SPD) no quiere que la extrema derecha acceda al gobierno de España.

Algo va a pasar.

Enric Juliana Ricart

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)

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