Quizás Bizum sea la herramienta que más ha ayudado a simplificar la operativa bancaria transformando las complejas transferencias que “tardaban 48 horas” en llegar a algo instantáneo con un par de clics a través del móvil. Gonzalo Gortázar tiró de bizum casi literalmente para mantener la atención durante la hora y media de coloquio en Foros de Vanguardia tratando de algo tan árido como la banca.
Se notaba que habitualmente le preguntan dónde invertir los ahorros y usó el “hazme un bizum” para contestar y no comprometerse. Fue quizás el único asunto que esquivó tras responder a todo el cuestionario. Aunque con seriedad, no perdió el sentido del humor ni cuando los entrevistadores cuestionaron que el impuesto a la banca no fue un importe desproporcionado para los beneficios que consigue la entidad. “Se nota que no lo pagas tú”, contestó antes de intentar hacer pedagogía sobre la justicia o no del tributo que califica como “tasa CaixaBank” y que solo existe en España.
Utilizó el catalán para referirse al legado de 120 años de la caja de ahorros convertida en banco
Eso precisamente le dio pie para destacar que si hubiera una consolidación bancaria europea, ese impuesto jugaría en contra de la posibilidad que la sede social de un banco panaeuropeo se instara en España. CaixaBank tiene su sede en València. Nacido en Madrid, los que le conocen bien y le siguen desde que llegó al universo Caixa para dirigir Criteria en el 2009 creen que ayer fue el día en el que en un acto público que no fuera del banco se expresó durante más tiempo en catalán. Sin papeles. Habitualmente, en las juntas de accionistas que celebra la entidad en València, siempre hace una parte del discurso en catalán. ¿Y de qué hablaba ayer cuando lo hacía en catalán? Básicamente del legado de los 120 años de la caja de ahorros La Caixa, hoy convertida en banco. Y de su trabajo como voluntario para la fundación –“la mitad de la plantilla lo es”– en centros como el hospital Sant Joan de Déu o en comedores sociales. Y defendió el papel de la fundación citando al director general, Josep Maria Coronas, que ocupaba las primeras filas del auditorio.
Fue el cierre del coloquio, que arrancó con la seriedad que representaba tanto la guerra en Irán como las duras amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a España. La gravedad de lo desencadenado desde el sábado queda compensado con la buena situación a la que ha llegado la banca, defendió. Negó rotundamente que España estuviera dentro de una nueva burbuja inmobiliaria y aprovechó para criticar la política del Gobierno y de la Generalitat en materia de vivienda. Pero con un guiño hacia ellos al reconocer que no duda que “las medidas son bienintencionadas”.

Recibió muchas preguntas sobre hacia dónde podía evolucionar la economía si el precio del gas sigue por las nubes y el del petróleo presiona hacia arriba. Zanjó el asunto tras calcular en cuánto crecería el PIB y dónde se situarían los tipos de interés, calificando las preguntas como una “pequeña encerrona que me habéis liado”.
Si hay que hacerle algún reproche es que arrancó bromeando con que “hablaremos de fútbol”. Y no dijo ni una palabra. Ni es del Barça ni del Atlético.

