La industria militar teme represalias de Trump por el choque con Sánchez

Las empresas militares españolas temen que la amenaza de Trump de romper toda relación comercial y sus ataques dialécticos de esta semana pueda poner en riesgo contratos y acuerdos comerciales con Estados Unidos. Prácticamente todas las grandes firmas nacionales disponen de acuerdos y programas con las grandes compañías del estadounidenses del sector, las más potentes del mundo. El problema es que esa relación se puede ver interrumpida o sufrir algún contratiempo por lo que la Casa Blanca y el Pentágono ­decidan. Fuentes empresariales hablan de “preocupación” e “inquietud” ante un panorama incierto. En este momento todas ellas evalúan los riesgos teniendo en cuenta que para relacionarse con el sector militar estadounidense todo tiene que pasar por la Administración Trump.

Existen dos tipos de relaciones comerciales entre las empresas militares españolas y Estados Unidos. Hay un primer grupo de compañías que han sido adjudicatarias de importantes contratos y seleccionadas en destacados programas de ar­mamento en el país. Por ejemplo, con Trump en esta segunda etapa en la Casa Blanca, Indra ha sido elegida para el suministro de nuevos radares para la revisión del sistema de control del tráfico aéreo. El contrato, sellado el año pasado por casi 300 millones en colaboración con el gigante RTX, fue anunciado por el secretario de Estado de Transporte, Sean Duffy. La administración federal controla, decide y fiscaliza.

Una situación similar es la de Sapa, la compañía familiar vasca puntera en transmisiones, que también el año pasado anunció que equipará con su tecnología 7.000 blindados estadounidenses en colaboración con General Dynamics. El acuerdo supone para la compañía de la familia Aperribay un salto histórico, ya que multiplicará su cartera y le reportará ingresos de hasta 5.000 millones en los próximos tres lustros.

El Congreso de EE.UU. tiene que confirmar la venta de material militar para las fragatas F-100 de Navantia

La dinámica en ambas empresas es similar: las dos crearon una filial para operar en Estados Unidos. Esa decisión, en este momento, podría ser un seguro para las matrices españolas en caso de represalias por parte de Trump, ya que actuar sobre una corporación local es más complejo y las compañías están protegidas por la legislación estadounidense. Indra, de hecho, decidió recientemente aumentar su inversión en 50 millones anunciando una nueva fábrica en Kansas City. El grupo presidido por Ángel Escribano es socio tecnológico clave del Ejército del Aire (US Air Force) y la Armada de Estados Unidos (US Navy). Sapa, por su parte, es socio de la US Army y tiene, incluso, al general Derrer Werner al frente de su filial en EE.UU. La vasca tiene veinte años de presencia industrial en el país, en Michigan, y personal cien por cien local. Ambas multinacionales esperan que la tensión “no llegue a nivel industrial”.

Un segundo grupo de empresas españolas concentran su relación con Estados Unidos con trabajos realizados desde España. El caso más claro es el de Navantia, que colabora de forma estrecha con los gigantes estadounidenses del sector. El pasado mes de enero, el Departamento de Estado autorizó una preventa de material militar de 1.400 millones para modernizar las fragatas F-100 españolas junto a Lockheed Martin, RTX y General Dynamics. El visto bueno definitivo a esta venta depende del Congreso de EE.UU.

Uno de esos gigantes estado­unidenses, General Dynamics, es el propietario en España de Santa Bárbara, que fabrica sis­temas terrestres clave como el blindado Pizarro y los tanques Leopard 2E. La firma tiene abierto un doble contencioso con el Gobierno de España por dos contratos y varios créditos otorgados a Indra y Escribano. RTX, por su parte, dispone de una filial en nuestro país, Raytheon Microelectronics España, con la que comercializa tecnología para misiles y sistemas de defensa aérea utilizados por las fuerzas armadas españolas. Lockheed Martin intentó que España comprara sus cazas F-35 para sustituir a los obsoletos Harrier de la Armada, pero el Gobierno decidió no hacerlo.

Empresas españolas disponen de filiales y fábricas en Kansas y Michigan, y contratan personal local

La industria militar española, en definitiva, aguarda expectante el choque entre Trump y Sánchez, y espera que vaya difuminándose en las próximas semanas. Las empresas tienen claro que no es fácil que el presidente estadounidense rompa acuerdos que cuentan con el visto bueno de su propia administración, pero sí creen que algunas decisiones políticas podrían golpear a algunos acuerdos. Todas las compañías prefieren guardar silencio en un momento de tensión que, si no se apacigua, podría golpear a sus intereses.

Fernando Hernández Valls

Redactor de la sección de Economía de La Vanguardia en la redacción de Madrid. Autor del libro ‘El año que vivimos sin Gobierno’ (Libros.com) y colaborador de varios programas de televisión y radio.

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