Gwynne Shotwell (Illinois, 1963) es una de las mujeres tecnológicas más poderosas del momento. Aunque durante años su figura ha quedado eclipsada por el todopoderoso Elon Musk, Shotwell ha sido la artífice del crecimiento de SpaceX, la presidenta y la directora de operaciones de una compañía que promete colonizar el planeta Marte y que prepara la salida a bolsa más estratosférica de la historia.
Según los últimos datos del mercado, la valoración de la compañía se situaría en 1,75 billones de dólares, lo que equivale a 1,5 billones de euros. Ni Alibaba, ni Saudi Aramco, ni Meta alcanzaron en su momento una valoración semejante. Sí, lo han leído bien, estamos hablando de más de un billón de euros.

No es la promesa de llegar a Marte –de momento se ha pospuesto hasta el 2030– sino el multimillonario negocio que SpaceX tiene ahora entre sus manos. La compañía estadounidense controla más del 60% de los satélites de órbita terrestre baja, una infraestructura crítica para el futuro de la conectividad y las telecomunicaciones.
La idea visionaria fue de Elon Musk, que a día de hoy sigue siendo el principal accionista y el consejero delegado de la empresa. Sin embargo, su crecimiento no se entendería sin la mano de hierro de Shotwell, que se incorporó en el 2002, cuando el negocio apenas tenía una decena de empleados.
Ingeniera mecánica y máster en matemáticas aplicadas por la Universidad de Northwestern, Shotwell quiso dar un giro a su carrera profesional. Entonces rozaba la cuarentena y ha-
bía forjado su trayectoria en el sector espacial con su paso por The Aerospace Corporation y la compañía Microcosm. Tenía un trabajo acomodado en California del Sur pero quedó seducida por la propuesta de un multimillonario sudafricano, que quería convertir a la humanidad en una especie multiplanetaria.
La firma de Elon Musk quiere protagonizar la mayor salida a bolsa con 1,5 billones de valoración
Empezó desarrollando roles comerciales hasta que fue ascendida a presidenta en el 2008, el año en que SpaceX cerró su primer contrato con la NASA. Desde entonces, Shotwell ha liderado el día a día del negocio, mientras Musk dispersaba su atención hacia otros negocios como Tesla, X o Neuralink. The Wall Street Journal asegura que Shotwell se ha convertido en una voz diplomática capaz de entenderse con el sector público y privado, la traductora de un líder que despierta no pocas animadversiones en la opinión pública. Es una “directiva carismática pero dura, una mano firme capaz de sostener relaciones comerciales duraderas”, recoge el rotativo estadounidense, que también apunta que la directiva ha sabido mantener los pies en el suelo a pesar de la gran expansión que ha conocido el negocio.
Casada y madre de dos hijos, su vida transcurre en un rancho situado en Texas, cerca de la sede de SpaceX. Sin embargo, las raíces de la directiva se encuentran en las afueras de Chicago, en el seno de una familia acomodada (su padre era cirujano y su madre, artista). Ahora, ella se ha convertido en multimillonaria y es una de las 20 mujeres más poderosas del mundo, según un ranking elaborado por la revista Forbes . Posee algo menos del 1% de las acciones de la compañía y si finalmente sale a bolsa con una valoración de 1,5 billones su riqueza crecerá todavía más.
La clave de su éxito no se entendería sin la fidelidad que ha demostrado a Elon Musk durante casi un cuarto de siglo. Pocos en su órbita se han mantenido al lado del excéntrico magnate durante un periodo tan largo de tiempo. La directiva ha defendido a Musk a ultranza, incluso cuando hace unos años la prensa estadounidense destapó una denuncia por presunta agresión sexual del billonario a una tripulante de cabina de SpaceX. El caso sigue abierto en los tribunales y Elon Musk niega la mayor. Impasible, Gwynne Shotwell sigue pilotando un negocio que quiere hacer historia en el mundo aeroespacial.

