El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, considera que “por el momento”, el impacto de la guerra de Irán en la economía española es menor que el que generó el estallido del conflicto en Ucrania en 2022. “No tengo una bola de cristal para saber lo que va a ocurrir, pero por el momento la situación está lejos de parecerse a lo que vivimos en 2022” con la guerra de Ucrania, les transmitió ayer a los analistas que asistieron a la presentación del plan estratégico, que estaban muy interesados en el análisis del directivo sobre la coyuntura geoestratégica en la que se encuentra el mundo.
Respeto al impacto de la guerra en la actividad de la compañía, Imaz también transmitió bastante tranquilidad. Explicó que la empresa no está apenas afectada por las restricciones de paso en el estrecho de Ormuz, que su logística está enfocada al Atlántico y que carece de negocios directos en Oriente Medio. Por ello, el consejero delegado dibujó una situación “única” en el contexto europeo. Mientras países como Francia dependen de importaciones de productos refinados de hasta 23 millones de toneladas al año, las cinco refinerías de Repsol en la península Ibérica producen con normalidad con un suministro suficiente para abastecer a a la sociedad española y portuguesa sin ningún problema en la situación actual.
Imaz garantiza el suministro de carburante en España y aplaude el cambio de la UE respecto al refino
“En terminos de autonomía estratégica estoy empezando a ver algunas luces en las instituciones europeas y en la Comisión Europea sobre el papel del petróleo y el gas y el refinado, que son totalmente nuevas porque durante años fuimos, por así decirlo, un sector prohibido y vetado. Estos días estamos viendo que necesitamos un negocio de refinería fuerte en Europa”, aseguró.
Una buena noticia para la compañía que, según su principal ejecutivo, diseña sus objetivos enfocando al largo plazo y demostrando que es capaz de navegar por un negocio siempre sometido a fuerte volatilidad. Es en este marco en el que ha diseñado la actualización del plan estratégico para el periodo 2026-2028, en el que plantea un plan “selectivo” de inversiones de entre 8.500 y 10.000 millones de euros enfocado a proyectos ya aprobados por la compañía. De esta cifra, un 55% se destinará a inversiones en España y Portugal y un 34%, a Estados Unidos; inversiones principalmente destinadas al negocio tradicional aunque la apuesta por las iniciativas bajas en carbono supondrán un 30% del total. Un negocio del que no se va a desligar porque “los clientes también lo demandan”.
El plan está marcado por la “solidez financiera, disciplina inversora y mejora de la retribución al accionista”, según lo definió ayer Imaz, que trasladó la mejor de las noticias a sus accionistas. En los próximos dos años la compañía distribuirá alrededor de 3.600 millones de euros en dividendo en efectivo. Lo que significa casi 1,3 euros por título, un 20% más de lo pagado hasta ahora.
