Ayer el BCE no tocó tipos de interés, aunque apuntan al alza: dudo que se le vuelva a escapar la inflación en demasía, como sucedió en 2021-22. Pero más allá de la política monetaria hay vida, y este viernes finaliza un Consejo Europeo destinado a revitalizar la economía europea porque, como afirma Draghi, la UE enfrenta una crisis de supervivencia; y, aunque la guerra ha alterado el guion del encuentro, los problemas que debían tratarse distan de estar resueltos. Todo demasiado existencial en nuestra Europa de hoy.
Entre las urgencias que afrontamos, quiero atender el aparente cambio en las relaciones UE-EE.UU. y las políticas a diseñar, en el ámbito común, para lidiar con el choque energético.
Respecto de las primeras, destaca la insólita unidad europea ante la guerra de Trump: el grueso de países la ha rechazado, aunque a algunos dirigentes les haya costado. La amenaza a la OTAN era una respuesta esperable, pero no se preocupen en demasía: nuestra dependencia de EE.UU., en lo militar y lo civil, de sus redes, nubes de datos, transacciones financieras, inteligencia artificial y otros ámbitos tecnológicos, es imposible de sustituir hoy. Y por ello la sangre no llegará al río. También es relevante la suspensión americana de las sanciones a Rusia, que no hay más remedio que aceptar, aunque constituya un severo golpe para la UE que, tras múltiples paquetes de castigo a Rusia, había decidido que en 2027 finalizarían las importaciones de petróleo y gas rusos.
La guerra ha mostrado, una vez más, que el rey europeo está desnudo
Por lo que se refiere a la inflación, ¿qué hacer? Dejen de lado las medidas de cada país, y que para España conoceremos este viernes, y centrémonos en las de la UE, donde no hay consenso en absoluto. Veremos ayudas de Estado a sectores afectados, aunque ello debilite el mercado único ya que dependerán de las finanzas de cada país. Y un duro debate de los derechos sobre el carbono (los llamados ETS), que elevan el coste del gas natural: Italia plantea su supresión, Alemania se alinea parcialmente con ella, al tiempo que España y la Comisión se oponen, intentando salvaguardar lo que queda del Green Pact. Finalmente, quizás la solución esté en la propuesta, que ha generado escándalo, del primer ministro belga De Wever: normalizar relaciones con Rusia. Un adelanto de lo que nos espera: guste más o menos, el vecino continuará ahí y, en un contexto de dificultades energéticas, choques con EE.UU. y tensiones con China, habrá que tenerlo en cuenta. Sino, al tiempo.
La guerra ha mostrado, una vez más, que el rey europeo está desnudo y que sus debilidades económicas, políticas, tecnológicas, energéticas y militares son legión. Hay quien cree (¿o recónditamente desea?) que esa rebeldía ante Trump apunte a cambios de fondo de la Unión. No lo creo: nuestra dependencia de EE.UU. en todos estos campos, y en algunos más, no parece hacerlo posible. No hay más cera que la que arde.
