Umberto Bossi, el líder del norte que abrió la Segunda República italiana

Con la muerte de Umberto Bossi, fallecido el pasado jueves en Varese (Lombardía) a los 84 años, se cierra una época de la política italiana: la Segunda República. “Le debo todo”, dijo Matteo Salvini, su último heredero, al que el propio Bossi acusó abiertamente de traición.

Su Liga Norte fue la primera gran consecuencia del derrumbe de los partidos surgidos tras la caída del fascismo. Un movimiento —“¡no digan partido!”, repetía a los periodistas— que introdujo por primera vez en Italia la cuestión territorial vista desde el norte rico: un poco de identidad y mucha economía. Unió, no sin forzar, las reivindicaciones de regiones distintas como Lombardía, Piamonte y Véneto, bajo un simbolismo pagano que cristalizó en un concepto más cultural que geográfico: la Padania.

Los primeros carteles contra “Roma ladrona”, pegados en los muros a finales de los años ochenta, agitaron las aguas, pero el verdadero salto llegó con la investigación Mani Pulite. Bossi tuvo la habilidad —y la suerte— de presentarse como la alternativa a los partidos tradicionales: primero como fuerza antisistema que desembarcaba en Roma (un diputado llegó a exhibir un lazo en el Parlamento), y después aliándose con el otro gran protagonista de la época, Silvio Berlusconi.

El heredero

Bossi rompió con Salvini por transformar la Liga en una fuerza nacional de extrema derecha

Con él llegaron las contradicciones que marcarían los años siguientes: independentistas convertidos en pilares de los gobiernos italianos y una fuerza popular y antifascista que terminaba aliándose con los herederos de Mussolini para gobernar un país del que quería separarse.

El Cavaliere, que “bajó” a la política en las elecciones de 1994, se alió en el norte con los leghistas de Bossi y en el sur con los posfascistas del Movimiento Social Italiano de Gianfranco Fini. Pero aquella alianza para frenar a la izquierda chocó la misma noche electoral con un tabú: “Con los fascistas ni un café”. El gobierno, pionero del actual formato del centroderecha italiano, duró menos de un año y cayó precisamente por la retirada de la Liga. Harían falta otros cinco años para recomponer la alianza con Berlusconi.

Mientras tanto, la Liga de Bossi cambiaba de piel. Los sueños independentistas, nunca llevados hasta sus últimas consecuencias, se diluyeron a cambio del poder en Roma. ¿Cómo sostener una ruptura institucional cuando un leghista era, por ejemplo, ministro del Interior? Las pulsiones secesionistas quedaron confinadas en un imaginario casi mítico: la ampolla del Po, el sol de los Alpes, el Va’ Pensiero de Giuseppe Verdi, elevado a himno, e incluso un referéndum de independencia en 1997 que las autoridades italianas trataron como una iniciativa de partido. Todo ello acompañado de abundantes vulgaridades y de un racismo dirigido primero contra los italianos del sur —los “terroni”— y más tarde contra los inmigrantes.

La trayectoria

El fundador del movimiento separatista pasó de desafiar el sistema a convertirse en socio clave de Berlusconi en el poder

La crisis no fue solo política, sino también personal. El 11 de marzo de 2004, mientras España contaba a sus muertos por los atentados, Bossi sufrió un ictus devastador. El golpe dejó muy debilitado al “senatur” y abrió el camino a sus hijos, protagonistas después de graves escándalos financieros. Así, en 2012 el fundador se apartó, de hecho empujado por su propio partido, y fue sustituido por Roberto Maroni.

Tras otro declive, también electoral, llegó Matteo Salvini, el tercer —y por ahora último— secretario federal. Considerado en sus inicios un leghista “de izquierdas”, lo transformó en un partido nacional, desplazándolo hacia la extrema derecha y, sobre todo, hacia el sur. Una maniobra que le dio éxitos notables, como el 34% en las europeas de 2019, pero que selló la ruptura definitiva con Bossi, que desde su casa de Gemonio lanzaba advertencias cada vez menos escuchadas. Advertencias que hoy resuenan en un norte que ya no se siente representado.

También te puede interesar