Indra ha vivido una de sus semanas más turbulentas. La cotizada está acostumbrada al conflicto interno, que ha sido una constante en los últimos años. Pero lo de estos días ha marcado un punto de inflexión. El miércoles por la noche, a las 22.31 horas, la presidenta de la entidad pública SEPI, Belén Gualda, hacía pública una carta en la que bloqueaba cualquier tipo de operación con Escribano (EM&E), la empresa propiedad del presidente de Indra, al apreciar que el conflicto de interés no se había disipado. Horas más tarde, en una maniobra inesperada, los hermanos Escribano comunicaban que retiraban a su compañía de cualquier integración corporativa. La confianza entre una y otra parte se ha roto, y el consejo de administración, que ya acumulaba problemas internos, se encuentra fracturado en dos bandos.
A un lado se encuentra la SEPI, que, en estrecha colaboración con el Departamento de Asuntos Económicos de la Moncloa, dirigido por Manuel de la Rocha, ha señalado a Ángel Escribano por dónde debe caminar Indra. Hay quien interpreta que, incluso, le ha enseñado la puerta de salida. La fusión había sido la gran obsesión de los hermanos Escribano desde hace algo más de un año. Aunque no participaran en los consejos de administración donde se ha debatido la operación, la han defendido con vehemencia. Escribano resiste de momento en la presidencia, a la espera de un nuevo consejo marcado en rojo que se celebrará el próximo miércoles 25.
A la SEPI le secunda la vasca SAPA, propietaria del 7,83% del capital social de Indra. La familia Aperribay siempre va a posicionarse junto a la sociedad estatal. Este frente común ha provocado más de un choque público con los Escribano. La guerra es total.
En el bando de Escribano se encuentra Amber, el fondo propiedad de Joseph Oughourlian, máximo accionista del grupo Prisa, que dispone del 7,24% del accionariado de Indra. Escribano y Oughourlian, Oughourlian y Escribano. El apoyo es cerrado. Tanto es así, que Ángel Escribano ha sido reconocido como premio Ejecutivo del Ibex 35 del año, que otorga el diario económico de Prisa Cinco Días . Ese galardón se hizo público un día antes del último consejo ordinario. Junto a los Escribano también están posicionados algunos accionistas minoritarios, que han insistido en público en que la fusión de ambas empresas es la mejor opción para Indra.
El presidente resiste, a la espera de un nuevo consejo marcado en rojo que se celebrará el próximo miércoles
Y en medio del fuego cruzado entre las dos facciones del consejo de Indra se encuentran los independientes. Son siete consejeros (Virginia Arce, Belén Amatriain, Teresa Busto, Aránzazu Díaz, Eva Fernández, Oriol Pinya y Bernardo Villazán) que, en los últimos meses, han reclamado claridad para despejar el conflicto de interés que afecta a Escribano. Su posición es clave en cualquier asunto. Los bandos enfrentados han ido calibrando sus apoyos sobre un posible enfrentamiento directo en el consejo y en la junta. Sería una votación a cara o cruz, y ninguno de los dos tiene las de ganar.
El futuro de Indra no está escrito, pero el choque de trenes de esta semana ha marcado un antes y un después. En la SEPI no ha gustado la retirada de la operación de los Escribano, más si cabe después de que a finales del año pasado el propio consejo de Indra acordara que la operación tiene encaje estratégico. La SEPI votó a favor de esa posición.
Entre Escribano y la SEPI se ha abierto, por tanto, una crisis de confianza difícil de solventar. Solo ha pasado un año y dos meses desde el propio Gobierno colocara a Escribano en la presidencia de Indra. Era fin de semana. El empresario se encontraba en un lugar recóndito de Castilla y León. Cuando consultó el móvil, tenía varias llamadas perdidas. “Ángel, vente corriendo para Madrid, que en la SEPI quieren verte”. Unos días más tarde sucedía a Marc Murtra, ahora al frente de Telefónica. El plan de adquirir su empresa familiar ya era parte de la estrategia de la cotizada por aquel entonces. Pero algo cambió el otoño pasado. Algo se torció en esa relación.
Las fuentes varían en este punto. Hay quien asegura que el Gobierno se percató de que si Indra comparaba EM&E, los Escribano serían los primeros accionistas, en detrimento del Estado. También hay quien cree que el Ejecutivo fue comprobando con el paso de los meses que Escribano tenía un poder desmesurado en la principal empresa de defensa de España y que había que ponerle límite. Ninguna de las dos partes lo ha explicado. La presión contra Escribano por parte del Ejecutivo se ha producido al más alto nivel. Tanto el presidente, Pedro Sánchez, como la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, se han pronunciado sobre el conflicto de interés que hay que solventar. No es menor. El PP, a través de su responsable económico, Alberto Nadal, también ha criticado la integración de EM&E en Indra, asegurando que es un conflicto de interés de manual. Con Feijóo, dijo, esa operación no se haría.
En el bando de Escribano está Amber, el fondo de Joseph Oughourlian, máximo accionista de Prisa
Este viernes, Ángel Escribano fue convocado en La Moncloa. Le citó el jefe económico de Presidencia, Manuel de la Rocha. En el Gobierno el pulgar se ha bajado y el recorrido de Escribano en Indra depende ahora de él. No hay que olvidar que en los últimos meses ha circulado la posibilidad de que Indra se pueda integrar en Telefónica, para crear un gigante de la seguridad y las telecomunicaciones. Con Escribano este proyecto no es posible.
El fuego cruzado en Indra también tiene en vilo a la industria de defensa, que ve como lo que debería ser una edad dorada gracias a la inversión histórica ya en marcha está retrasando proyectos, planes y estrategias en un momento trascendental. Desde el sector se pide claridad para poner en marcha una Indra que ejerza de tractora del resto de compañías para competir por los grandes contratos en Europa.
